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Sábado, 15 de Septiembre de 2007
Non c’è più
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TenÃa pensado un tÃtulo para este post. Me lo robó Lucas.
De todas formas, nessun dorma.
Y por favor, que nadie me hable de operacÃon triunfo, factor equis y la madre que los parió a todos (y la falta de mayúsculas no es un error, es que no se las ganaron).
No son conscientes. Me temo que ustedes no son conscientes de lo que significa verle cantar al lado de casa. De lo que fue nuestra casa. En la ciudad que siempre será nuestra casa. Si los Juegos OlÃmpicos fueran en España cantarÃa la Pantoja. Allà cantó Él (y esta mayúscula sà que es merecida).
All’alba vincerò
Jueves, 23 de Agosto de 2007
Me voy…
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Ya iba siendo hora, pardiez. Me voy una semanita de vacaciones a perderme por centroeuropa. La base de operaciones estará aquÃ:
Ya les contaré cuando vuelva.
Sábado, 21 de Julio de 2007
Luciano Ligabue
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Imaginen vuesas mercedes: un chaval español, o quizás no tan chaval, que conduce un coche por la autopista A4. O quizás mejor, la autostrada, porque estamos en Italia. El chaval (o no tan chaval) soy yo, y hace un par de horas que salà de Venezia. Vuelvo a mi casa, que está en Torino. La pianura padana, el valle del Po. Es de noche, domingo, domenica, y misteriosamente no hay nadie circulando por una de las autopistas más transitadas de Italia. En el equipo de música del coche suena La Sonrisa de Julia (servidor se precia de ser amigo de ellos, por cierto). Uno piensa que está en una road movie, o como cazzo se diga eso en español. Total, que acaba el CD y salta la radio. Suena esto:
La letra es tal que asÃ:
Certe Notti la macchina è calda e dove ti porta lo decide lei.
Certe notti la strada non conta e quello che conta è sentire che vai.
Certe notti la radio che passa Neil Young sembra avere capito chi sei.
Certe notti somigliano a un vizio che non voglio smettere, smettere mai.Certe notti fai un po’ di cagnara che sentano che non cambierai più.
Quelle notti fra cosce e zanzare e nebbia e locali a cui dai del tu.
Certe notti c’hai qualche ferita che qualche tua amica disinfetterà .
Certe notti coi bar che son chiusi al primo autogrill c’è chi festeggerà .E si può restare soli, certe notti qui, che chi s’accontenta gode, così così.
Certe notti o sei sveglio, o non sarai sveglio mai, ci vediamo da Mario prima o poi.Certe notti ti senti padrone di un posto che tanto di giorno non c’è.
Certe notti se sei fortunato bussi alla porta di chi è come te.
C’è la notte che ti tiene tra le sue tette un po’ mamma un po’ porca com’è.
Quelle notti da farci l’amore fin quando fa male fin quando ce n’è.Non si può restare soli, certe notti qui, che se ti accontenti godi, così così.
Certe notti son notti o le regaliamo a voi, tanto Mario riapre, prima o poi.Certe notti qui, certe notti qui, certe notti qui, certe notti….
Certe notti sei solo più allegro, più ingordo, più ingenuo e coglione che puoi
quelle notti son proprio quel vizio che non voglio smettere, smettere, mai.Non si può restare soli, certe notti qui, che chi s’accontenta gode, così, così.
Certe notti sei sveglio o non sarai sveglio mai, ci vediamo da Mario prima o poi.Certe notti qui, certe notti qui, certe notti qui.
No voy a traducir la canción, o al menos por ahora. Lo mejor de la noche, ahora lejana, es que entendà lo que mi primo cantaba. Y me di cuenta de que estés donde estés, hagas lo que hagas, alguien pasó por allà antes. Alguien hizo lo mismo.
Desde entonces, esa canción hace que se me ponga una sonrisa imbécil en la cara y que me cueste contener una lagrimilla. Por los buenos tiempos, ¡qué cojones!
Hay noches en las que estás despierto o no estarás despierto nunca.
Pues eso.
Actualización: Ya que la gente se pone, la voy a traducir (muy libremente, eso si, que lo que pretendo que quede es el concepto)
Ciertas noches el coche está caliente y donde te lleva lo decide él.
Ciertas noches la carretera no cuenta, y lo que cuenta es sentir que vas.
Ciertas noches la radio que pone a Neil Young parece que ha entendido quien eres.
Ciertas noches parecen un vicio que no quiero dejar, dejar nunca.Ciertas noches montas el número, que vean que no cambiarás nunca.
Aquellas noches entre muslos y mosquitos y niebla y bares a los que llamas de tu.Ciertas noches tienes alguna herida que cualquier amiga desinfectará.
Ciertas noches con los bares cerrados en la primera área de servicio alguien estará de fiesta.Y te puedes quedar solo ciertas noches, que quien se conforma disfruta sólo asà asÃ.
Ciertas noches estás despierto o no estarás despierto nunca, nos vemos donde Mario antes o después.Ciertas noches te sientes dueño de un sitio de que todas formas de dÃa no existe.
Ciertas noches si eres afortunado llamas a la puerta de alguien que es como tu.Es la noche que te tiene entre sus tetas, un poco madre un poco puta como es.
Aquellas noches de hacernos el amor hasta que duela, mientras nos dure.No te puedes quedar solo ciertas noches, porque quien se conforma disfruta sólo asà asÃ.
Ciertas noches son noches u os las regalamos, de todas formas Mario vuelve a abrir antes o después.Ciertas noches aquÃ, ciertas noches aquÃ, ciertas noches aquÃ, ciertas noches….
Algunas noches eres sólo lo más cerdo, lo más alegre, lo más ingenuo y lo más gilipollas que puedes
esas noches son precisamente ese vicio que no quiero dejar, dejar nunca.No te puedes quedar sólo ciertas noches, que quien se conforma disfruta sólo asà asÃ.
Ciertas noches estás despierto o no estarás despierto nunca, nos vemos donde Mario antes o después.
Lunes, 9 de Abril de 2007
Semana Santa en Zamora
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Comprendo perfectamente a la gente que no entiende esto de la Semana Santa. De hecho yo no entiendo ninguna procesión de las que se celebran en otras ciudades, pero las de Zamora son las mÃas. Y otro año más volvà a mi tierra para cumplir viejas tradiciones que tienen más que ver con mis recuerdos y mi historia que con la religión de mis abuelos (que puede que sea o no la mÃa, pero eso es personal y no deberÃa importarle a nadie en lo que yo crea o deje de creer). En Semana Santa Zamora se transforma, se ve inundada por toda esa gente que hemos tenido que irnos a otras tierras en busca no ya de un futuro mejor sino simplemente de un futuro, y cada año de más gente que sin ser zamoranos se acercan para ver las procesiones y disfrutar de las vacaciones, creando una bonita ilusión de ciudad activa y bulliciosa.
Todo empieza el Viernes de Dolores cuando vuelves a ver a antiguos amigos con los que charlas mientras te echas al gaznate un vino de Toro que acompaña a una generosa ración de patatas bravas o un pincho moruno. Primeras copas. El sábado toca revivir antiguas juergas por la calle de Los Herreros y la Plaza Mayor, algunos bares nuevos pero los menos. Cuentas tu vida a conocidos que ves por los bares y ellos te la cuentan a ti. Vuelta a casa cuando amanece. Domingo de Ramos y resaca, primeras aceitadas, sacar las túnicas, verificar que todo está preparado. Lunes familiar haciendo almendras garrapiñadas para la madrugada del viernes, reunion de amigos, costillas asadas y más vino. Martes Santo, paseo matutino por Santa Clara y recoger la vela para el Miércoles, pincho de tiberios y una clara, hachón y caperuz de pana, luces ocres, frÃo de la noche castellana, calles desiertas volviendo a la iglesia. Miércoles de nervios, embolsar las almendras, bajar hacia la Catedral con la túnica blanca y el caperuz de terciopelo rojo colgando del brazo como todos los miércoles santos desde hace veinte años, arrodillarse cuando el obispo lo pide, contar las filas de hermanos, olor a incienso y silencio en la ciudad, llegar al Museo, cansancio, saludos, un cigarrillo, vuelta a casa. Escribo en el cartón del caperuz un número, 2007, justo debajo de donde el año pasado escribà 2006, cambio de ropa y vuelta a la calle a ver a los amigos que llegan hoy, primeros dolores de espalda, un ron con cola, luna llena. Por los barrios bajos un bombardino entona una marcha fúnebre. En los bares, Los Planetas se mezclan con Shakira y Bisbal.

Jueves Santo y me despierto para comer. Descuego una cruz de madera hecha por mi abuelo y de la que cuelga un medallón con el nombre de una cofradÃa y un año, 1651. Empaquetar una túnica negra con un cordón de esparto y atarla a la cruz, recoger las bolsas con las almendras y salir a la calle en busca de mis amigos para dejar las túnicas y las cruces en el sitio acordado. Un bar oscuro y fresco donde nos aliviamos el gaznate con litros de cerveza y el estómago con hornazo. Ya es viernes, botellón y gente que está escuchando el Miserere, cuatro de la mañana y por la ciudad se escucha el merlú despertando a los hermanos. Ponerse la túnica ebrio, atar el pañuelo al cuello a mis amigos, Plaza Mayor, empujones, Cinco de Copas, por fin la marcha de Thalberg, risas, dar almendras a las chicas guapas que ven la procesión y tomar el pelo a los señores con bigote, frÃo en la plaza de Alemania que aliviamos con un café y churros o con sopas de ajo descansando en las Tres Cruces. Vuelta a la Plaza Mayor, sueño, cansancio y resaca. Desayunar unos pinchos de chorizo asado. Volver a casa por Santa Clara despeinado, con cara de no poder más y el caperuz atado en la cruz que llevo en alto para no golpear a la gente que pasa.

Dormir toda la tarde, despertarme cuando no hay nadie en casa y comer algo. Quedar con los amigos, reirnos de las ojeras que calzamos y comentar anécdontas de la noche. Decir que nos vamos pronto a casa pero aguantar hasta altas horas en bares en los que todos están tan cansados como nosotros. Despertarse el Sábado y ducharse rápido porque llego tarde. Juntarnos todos y comer en un pueblo cercano, chorizo, callos, carne, vino, risas. Tarde en algún bar tranquilo donde corre el pacharán. Jugar en un bar a viejos juegos de adolescentes en los que quien pierde bebe. La gente se empieza a ir, la espalda duele. Los últimos volvemos a casa de madrugada.
El domingo te arranca del pasado y te devuelve al presente cuando te despides de la familia y cierras la puerta de esa casa que ya no es la tuya. Hasta el año que viene, cuando volverás a ser el crÃo de antaño.
Nota: Las fotos están tomadas de La Pasión de Zamora.
Jueves, 1 de Marzo de 2007
Aprendiendo alemán
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De pequeñito aprendà con más o menos éxito español, inglés y catalán, y parece que acostumbrarse a manejar distintas lenguas desde edades tempranas te predispone para tener una cierta facilidad a la hora de enfrentarse a una nueva. También estudié un poquito de francés, que ahora está perdido entre las telarañas del olvido. Y luego la vida me llevó a Italia donde no me quedó más remedio que empaparme con la parla de mis primos. Cuatro idiomas me salen si no contamos el francés, que no está mal para lo que acostumbra a hablar la gente de las Españas, pardiez.
DecÃa mi querido Johann Wolfgang von Goethe que un hombre vale por tantos hombres cuantos idiomas posee, y en esto le doy toda la razón. Sucede que cuando hablo español mi personalidad es la propia y natural de toda la vida pero cuando cambio de lengua noto una cierta transformación. Más técnico y pragmático si uso la lengua de Shakespeare, más expresivo y tendente a la dolce vita si tiro de la de Dante. Este fenómeno siempre me ha llamado la atención, pues pese a que uno no es lingüista ni psicólogo me encanta ver hasta qué punto lengua y pensamiento se entrelazan para formar un todo y cómo este influye en aquella y viceversa. Y cuando conoces el idioma de una sociedad te das cuenta de por qué es como es y no de una manera distinta. Por qué los anglosajones son generalmente buenos cientÃficos y por qué nadie tiene tanto estilo como los italianos. Por qué los catalanes son comerciantes y los castellanos somos… como somos.
Pero tenÃa una asignatura pendiente. Me crié en Ibiza y los turistas allà principalmente pertenecen a tres subespecies: ingleses, italianos y alemanes. Los ingleses eran los borrachos hooligans, los italianos los chulitos que daban la paliza a las chicas y los alemanes los amantes de la fiesta algo más tranquila que dejaban unas propinas de infarto. Ahora entiendo a los dos primeros, pero a los alemanes aún no. Y además últimamente he tenido bastante contacto con todo lo teutón, a cuenta de amistades y viajes a Alemania. Asà que amarillo, con espuma y en jarra, cerveza seguro: tenÃa que aprender alemán.
Y dicho y hecho. Me he apuntado a un curso que empecé el lunes. Tres horas diarias (de siete de la tarde a diez de la noche) después de la habitual jornada laboral. Se que con esto he sacrificado mi vida social hasta Semana Santa, que es cuando termina el curso, pero espero que me sirva al menos para tener una mÃnima base para luego poder seguir mejorando el idioma por mi cuenta, ya sea estudiando aquà o viajando por allÃ. Además tengo previsto otro viaje a Köln a finales de mes y espero poder ser yo, esta vez si, el que pida las cañitas en los bares y en el próximo cumpleaños de mamá Steiper echarme unas parrafadas con la familia.
Asà que nada, ya les iré contando como va lo del eins, zwei, drei, auf Wiedersehen y Guten Morgen, aunque supongo que se harán cargo de que no me va a quedar mucho tiempo para escribir aquÃ, aunque lo intentaré. Eso sÃ, si después de Semana Santa me paso unas semanas perdido… estaré invadiendo los Sudetes, anexionándome Austria e invadiendo Polonia.
Dios, creo que me está empezando a afectar… Deutschland, Deutschland über alles…
Viernes, 15 de Diciembre de 2006
Y ahora, a Londres
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Voto al chápiro verde… no he acabado de contar las batallitas alemanas (¡y eso que sólo estuve tres dÃas!) y ya se me acumula el trabajo: dentro de unas horas me voy a Londres, a pasar el fin de semana. Creo que ya dije por aquà en algún lugar que es una de mis (muchas) ciudades favoritas, asà que supongo que les contaré algo a la vuelta.
Ya me gustarÃa escribir con más frecuencia, pero a) no me apetece publicar nada copiadopegado (perdónenme la palabra) de otro sitio, no es esa la idea del blog y b) uno tiene una vida más allá de internet, con su trabajo, sus juergas, sus obligaciones, su familia, sus amigos y estas cosas que llenan la vida de una persona normal, y no pienso renunciar a nada de eso.
See you soon.
Lunes, 13 de Noviembre de 2006
Neruda
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A veces cuando se buscan palabras te das cuenta de que alguien las ha encontrado antes. Asà que hoy prefiero ceder la pluma a don Pablo:
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la querÃa.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
OÃr la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocÃo.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oÃdo.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Martes, 7 de Noviembre de 2006
Cosas de la edad
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Hace pocos dÃas ha sido mi cumpleaños, y con él ha llegado otra vez la evidencia de que el tiempo pasa -o quizás nosotros pasamos por él- lentamente pero con paso firme. El dÃa del cumpleaños de uno deberÃa ser un dÃa sin más, al fin y al cabo sólo pasa un dÃa desde el anterior, pero los humanos tenemos esa tendencia a agrupar y celebrar el tiempo por lotes: meses, años, siglos, milenios. Y debido a esto cuando uno cumple años no puede evitar ponerse a pensar sobre su vida, sobre lo que lleva hecho en este mundo y lo que queda por hacer, como si tuviera que presentar ante el destino la cuenta de resultados.
Pues bien, vamos a ello.
No me siento viejo. DecÃa un amigo que eres viejo cuando tienes más recuerdos que ilusiones, y aunque la cabeza de me va poblando de situaciones vividas y pasadas, las ilusiones siguen estando en mayorÃa.
Hay cosas que hice de las que me arrepiento, pero tampoco muchas. Me arrepiento más de las que no hice, pero espero solucionarlo.
He sido feliz. Ya se que vende más ser un desgraciado, pero tengo una familia maravillosa, unos amigos increÃbles y no me puedo quejar de nada que realmente tenga importancia. Los pequeños momentos de tristeza han sido la anécdota.
Mi trabajo me gusta. Me divierto y además me ha permitido conocer otros paises. Cuando se acabe el proyecto actual supongo que no tendré problemas para cambiar de empresa, y además parece que este negocio tiene futuro.
No he viajado bastante. No voy mal, pero el tiempo pasa y hay demasiadas cosas que conocer. Intentaré ir poniendo remedio a esto, de momento en un par de semanas me iré a Alemania.
No suelo abrir mi corazoncito demasiado a menudo y quizás soy demasiado exigente. Este puede ser un buen año, por cuestiones que no vienen al caso, para cambiar esa actitud.
Cada vez soy más intransigente con según que cosas… y eso es bueno.
Me he dado cuenta de que necesito más cariño del que estoy dispuesto a reconocer. Bueno, ahora ya me lo reconozco a mi mismo, malo será que en unos años no lo reconozca ante los demás.
Mi filosofÃa de “el fin último de la vida es ser feliz” es totalmente cierta. De momento.
Tengo que dejar de dar bandazos con las cosas que inicio. Tengo que ser capaz de empezar algo (por ejemplo, a estudiar alemán) y seguir adelante cueste lo que cueste. Claro, que esto no significa abandonar todo lo demás, la curiosidad me puede.
Siento mucho no haber pasado más tiempo disfrutando de mis padres, pero las cosas han venido dadas asÃ. Ahora que los tengo más cerca intentaré aprovecharlos más.
Alguna cosilla si que tengo que arreglar… pero eso es privado :)
Ahora, repasando lo que llevo escrito, confirmo que aun me quedan muchas cosas por hacer y mejorar, asà que perdónenme si me incluyo de nuevo entre los jóvenes. Leche, cuando empecé este blog lo consideré una especie de terapia y si que funciona, si. Mano de santo.
Miércoles, 25 de Octubre de 2006
TurÃn: la elegancia alpina
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Recuerdo perfectamente la primera vez que aterricé en TurÃn. Era una tarde lluviosa, frÃa y gris de abril de 2003. Cogà un taxi que me llevó desde Caselle por la tangenziale hasta la entrada a la ciudad por Corso Orbassano. Jamás olvidaré el cartel señalando la entrada a la ciudad con el escudo de la misma, porque en aquellos momentos marcaba también el inicio de una nueva etapa de mi vida.
El hotel estaba en Mirafiori, cerca de la sede de Fiat donde iba a estar trabajando, se suponÃa entonces, seis meses. Mirafiori no es la zona más bonita de la ciudad, para qué nos vamos a engañar. Es un barrio obrero que creció en torno a la explosión industrial de la ciudad en la posguerra, y entonces se respiraba un cierto ambiente decadente, de lo que fue en los años del Fiat 500 y que poco a poco iba perdiendo. Aquello, unido al gris del cielo (griggio mirafiori, bromearÃa años después) auguraba unos meses tristes.
Nada más lejos de la realidad. Al principio fue dificil adaptarse (yo no sabÃa italiano) pero gracias a mis compañeros españoles y argentinos (gracias Vane, Lucas, Pablito, Julián, Ale…) no fue difÃcil acostumbrarme. Poco a poco empecé a defenderme con el idioma y dejé el hotel para vivir en una pequeña casa en el casco antiguo, concretamente en Via Barbaroux, una de las calles más bonitas de la ciudad en la zona del cuadrilátero romano, a escasos metros de Piazza Castello, el centro de la vida turinesa.
TurÃn es una ciudad orgullosa de si misma. Si bien no tuvo una grandÃsima importancia durante la época romana, cuando se llamaba Augusta Taurinorum, todo cambió cuando los Savoya trasladaron allà la capital del ducado desde Chambery y la ciudad descubrió su vocación señorial. Se trazaron grandes calles alrededor del casco antiguo (la Torino sabauda) y llegó a ser la primera capital de Italia con Vittorio Emanuele II. Estas son las zonas que más me gustan de la ciudad y por las que disfruté paseando durante las oscuras tardes de invierno entre la niebla, la lluvia y la nieve, con la imponente imagen de la Mole Antonelliana siempre vigilando los cielos de la ciudad, elevándose como una montaña más de los Alpes que han forjado el espÃritu de los piamonteses.
TurÃn no es una ciudad fácil. Cuando uno piensa en Italia piensa en Florencia, en Roma o en Venecia. TurÃn no tiene nada que ver con todo esto. Sà que tiene un marcado carácter italiano, pero entreverado con las influencias alpinas que hacen que se parezca más a Innsbruck o Ginebra que al resto de ciudades italianas (salvo, quizás, Milán). Y lo mismo sucede con la gente. Los italianos del sur son gente muy abierta, muy parlanchina y simpática. Los piemonteses son amables pero cerrados, es difÃcil que te permitan acceder a un grupo porque si, primero tienen que conocerte y estar seguros del tipo de persona que eres. Además es gente trabajadora y seria, aunque quizás demasiado. Un andaluz lo hubiera pasado fatal, pero yo no tuve problemas ya que para bien o para mal mi forma de ser coincide bastante con la piamontesa. A pesar de todo, casi todos mis amigos son del sur por el simple hecho de que es complicado encontrar turineses de pura cepa: la inmigración llenó aquello de terroni (como llaman despectivamente los del norte a los del sur).
Recuerdo mis primeros dÃas sentado en una pequeña cafeterÃa de Piazza Vittorio estudiando gramática italiana con un vaso de Martini (por si alguien no lo sabe, se produce allÃ), viendo al Po discurrir sereno a los pies del monte dei Cappuccini, con el ruido de los tranvÃas pasando cada tanto. Recuerdo, sobre todo, los aperitivos en L’obelix en Piazza Savoia con mis amigos, las pizzas en el Sicomoro, las tardes en las birrerie de Corso Vittorio Emanuele II, las noches canallas en Lo Chalet, Via Roma bajo la nieve con las luci d’artista dibujando las estrellas, la lasagna de Defilippis en el centro comercial Le Gru (adoro el concepto de comida rápida de los italianos), las tardes y noches de verano en i Murazzi. Recuerdo los dÃas de agosto trabajando en Mirafiori y los dÃas de invierno desayunando un cappucino, las fiestas en Piazza San Carlo cuando la Juve ganaba algún scudetto, los martinis del Ego, las obras que preparaban los Juegos OlÃmpicos, el Museo Egipcio (una auténtica maravilla), las mañanas de sábado comprando fruta en Porta Palazzo, los grissini… En fin, recuerdo todas aquellas cosas que fueron mi vida durante dos años y medio en una ciudad que llevaré siempre en el corazón. Pero sobre todo recuerdo a mi gente, a los amigos que compartieron aquel tiempo: Domenico y Lucas (mis compañeros de piso), Vanesa (mi apoyo español), mi hermanita Clea, Pablito DV (esos finales de noche en el KM 5), Silvia (siempre divina), Julian (a ver si nos vemos), Daniele (siempre elegantÃsimo), Rocco y su acento napolitano, Massimo (l’avvocato), Vicki (¿sigues por allÃ?), Nico (non dimentico quella bottiglia di vino!), Carlo (ma tu sei matto!), Ale (¿por dónde andas), Angelo (ancora in Irlanda?), Paul (thanks for being so kind), Fede (un crack), Carmine (ma quando vieni?), Giulia (stammi bene!), Andrea (felizmente casado), Giuseppe (que seas feliz con tus niñas, allá donde estés), Beppe (el capeón de la logÃstica), Marco (esos conciertos de No Fly Zone), Davide (cuida de esa Sábana que tenemos a medias)… non vi dimentichero’ mai.
P.S. Vorrei ringraziare Spaziotorino per il permesso per utilizzare le loro foto per questo post. Siete gentilissimi.
Martes, 19 de Septiembre de 2006
Siempre ella en la memoria
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Era septiembre, y después del verano volvÃa a mi colegio en Ibiza para empezar otro curso. Yo tenÃa once o doce años y aún vivÃa en ese mundo de ensueño en el que viven los niños.
Al llegar a clase saludé a mis compañeros. Cómo te ha ido el verano, dónde has estado de vacaciones, etcétera. Y entonces vi sentada en una de las mesas de adelante a una chica nueva. Era más bien bajita, menuda pero no excesivamente delgada, con el pelo largo, liso y castaño enmarcando un rostro dulce donde convivÃan una sonrisa ingenua y una mirada despierta e inteligente que parecÃa absorber la esencia de todo aquello donde se posaba.
Yo ya habÃa despertado a la sexualidad (en Ibiza es complicado no hacerlo, cuando el sexo es uno de los temas recurrentes todos los veranos) pero lo que sentà por aquella chica no tenÃa nada que ver con lo que me sucedÃa viendo a otras. No era un atractivo puramente sexual, habÃa algo más. Por aquellos entonces no lo sabÃa, pero lo que me estaba pasando es que me habÃa enamorado. Los flechazos existen.
Luego la conocÃ, aunque cada vez que hablaba con ella me costaba horrores no ruborizarme. No me salÃan las palabras, se me aceleraba el pulso. Pero poco a poco llegué a contener los sÃntomas, aunque no mucho: era bastante tÃmido, y continúo siéndolo. Luego la conocÃ, decÃa, y cada vez me gustaba más. Mis otras compañeras de clase eran de educación discutible, por decirlo suavemente -años después supe que casi todas ellas no llegaron a los veinte años sin embarazos no deseados, problemas con las drogas, la justicia o similares- pero ella no. Ella tenÃa una educación todo lo buena que se puede tener a esa edad sin llegar a ser una cursi. Sacaba muy buenas notas en clase, pero nunca nadie la trató como a una empollona porque era tremendamente simpática (pero no demasiado) y caÃa bien a todo el mundo. A los chicos y a las chicas. Incluso algunas veces acabé hablando con ella sobre lo que habÃamos estudiado en clase, algo impensable para las demás que se preocupaban únicamente de cuánto les habÃan crecido las tetas esa semana. Siempre estaba alegre, y cuando nos quedábamos jugando por su barrio (se desarrolló en mi una curiosa tendencia a pasar cerca de su casa a la menor ocasión) y la veÃa aparecer el corazón me daba un vuelco, pero su sonrisa aliviaba todo lo que me turbaba. Fue la primera chica en hacerme sentir sereno sólo con tenerla al lado. Nunca le dije cuánto me gustaba, pero creo que lo sabÃa. Siempre lo saben.
Se llamaba Ana.
Los pocos años que nos quedaban el el colegio pasaron volando, y luego fuimos a diferentes institutos. No la volvà a ver.
Desde entonces me he enamorado otras veces, con mejor o peor fortuna. Hay mujeres que me han llegado muy dentro y otras no tanto, pero todas a las que de verdad he querido comparten algo con Ana. Algunas incluso el nombre. Y la verdad, no se si es asà porque yo estaba destinado a que me gustase ese tipo de chicas, o si aún, después de tanto tiempo, sigo buscándo en cada chica que conozco aquellas sensaciones que ella me hizo sentir por primera vez. Si la sigo buscando.







