Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de la oscuridad para brillar. (Arthur Shopenhauer)

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Yo también soy ateo

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Hasta ahora he intentado no tocar este tema en profundidad pero creo que ha llegado el momento de salir del armario teológico: Sí, soy ateo. Llevo años siéndolo. A lo largo de la vida he tonteado con muchos tipos de creencias: catolicismo, cristianismo “light”, le eché un ojo al islam, jugué con la astrología y el espiritismo, budismo… y ya basta. Y es que no hay nada como leer, estudiar y razonar para llegar a la conclusión de que son todo falacias. Esto lo supe hace años, pero este 2009 voy a dar un paso más. Me declaro ateo practicante. Y me explico.

La puntilla final me la dio el señor Rouco en estas concentraciones que vienen montando con excusas cada vez más absurdas (¡la familia! ¡como si otras confesiones o los que no tenemos ninguna no tuvieramos y valorásemos la familia!) en la plaza de Colón o donde les plazca. Opinaba, y opino, que cada uno es muy libre de engañarse a su manera. Como si pretenden darse martillazos en el escroto. Muy bien, allá ellos. Pero por lo que no paso es por que pretendan que el resto de la sociedad tenga que regirse por sus malditas fantasías. Así que nada, leña al mono hasta que lea a Darwin.

No me gustaría ceñirme en demasía al catolicismo. Es la que tengo más cerca por cuestiones históricas pero me merecen la misma opinión todas las demás creencias. Me declaro ser racional que sabe que una creencia es una creencia y por lo tanto no tiene ningún valor social, me declaro humano, con capacidad de raciocinio y por lo tanto capacitado para llegar a mis propias conclusiones sin necesitar eso que algunos llaman fe y yo llamo ceguera. Me declaro contrario a que ensucien el cerebro de los niños con cuentos de hadas para hacer proselitismo… Que empiecen a hablar de la biblia a los chavales cuando hayan acabado el doctorado, si hay huevos. Me jode tremendamente que haya gente capaz de poner bombas en los trenes o estrellar un avión contra un edificio en nombre de vete tú a saber que extraña alucinación. Me repatea que digan que sin Dios no hay moral… ¡Yo sé de sobra lo que está bien o mal, independientemente de biblias, coranes, torahs u horóscopos! No soporto que desprecien a mi especie considerando positivo el negarse a pensar -esto es así por fe, ¡y a callar!- cuando lo que hace único y maravilloso al ser humano es su capacidad para plantearse el mundo y en base a la observación llegar a conclusiones.

Yo no sé si existe un dios. Las evidencias me dicen que es altamente improbable, y a ellas me ciño. Si usted quiere creer en los unicornios, crea. Pero que sepa que está equivocado y siendo benigno lo único que va a provocarme es pena por su falta de capacidad crítica. Ya está bien que se pueda discutir de política, de fútbol o de gustos musicales sin problema pero que haya que callarse ante las religiones por no herir sensibilidades. Así que a partir de ahora (es mi propósito para el 2009) voy a ser ateo beligerante. Me estoy planteando lo de ir a casa de unos testigos de Jehová a explicarles la teoría de la evolución, pero me da algo de miedo porque no me extrañaría que me atizaran por hereje.

Ya sé que hay muchos creyentes y eliminar la superstición de la sociedad no es cosa de dos días. Pero si conseguimos separar definitivamente el Estado de la Iglesa, eliminamos los horóscopos de las revistas, enseñamos a los niños a pensar en vez de a no pensar, discutimos sobre esto en público en vez de callarnos “por respeto”, empezamos a sancionar a los estados religiosos que lapidan en nombre de Alá y promovemos el pensamiento crítico estoy seguro de que el mundo irá a mejor.

Como decía Steven Weinberg, “Con o sin religión, la gente buena seguirá haciendo el bien y la gente mala seguirá haciendo el mal; pero para que la gente buena haga el mal -hace falta la religión.”

¿Y usted? ¿Es ateo o prefiere no pensar?

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Católicos… pero poco

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Ayy, si no fuera por estos momentos. Leo un artículo en Publico en el que cuentan que según un estudio (al que no enlazan, faltaría más, por eso tampoco les enlazo yo) cuatro de cada cinco españoles se declaran católicos, pero que sólo apróximadamente un tercio de éstos ejercen, o sea, van a misa, rezan o practican estas movidas que hacen ellos. Léanse el artículo (veeeenga, que sí que lo enlazo) porque no tiene desperdicio, oigan.

Vamos por orden: cuatro de cada cinco españoles son católicos. Ole. Si así fuera, las iglesias estarían a reventar los domingos y fiestas de guardar, y la subida de los alimentos sería debida al enorme gasto de cereales necesarios para cumplir con el sacramento de la comunión. Y miren por donde, no lo veo yo. No lo veo. Se me ocurre que la gente confunde lo de ser católico con estar bautizado -como por otra parte hace la Iglesia a efectos fiscales- o con tener una educación y cultura basadas en la tradición cristiana. Si aquí las cosas fueran como en Alemania estoy seguro de que el número iba a bajar muchísimo, a saber, allí si te declaras creyente de alguna religión en tu declaración de la renta pagas un tanto más para financiar a los tuyos. Hacen eso aquí y saldrían ateos de todas partes.

Pero quizás encontramos la explicación un poco más adelante: Sólo un tercio de los que se declaran católicos van a misa y rezan, o sea, ejercen. Ahhh, espera Paco que creo que lo voy pillando. Soy católico pero no cumplo con nada, o casi, de lo que me definiría como tal. Entonces que me apunten a mi al club de los vegetarianos, los mecánicos, los que hablan japonés y los budistas, ya puestos. Muy bien, muy bien, soy católico pero paso de curas y misas, los viernes me pongo púo a chorizo, uso anticonceptivos en cuanto alguna pica y si me viene mal que nazca el niño porque tengo que pagar las letras del Seat León tuneado, se aborta. Total, como luego con confesarte lo tienes todo arreglado… Pero la boda por la iglesia, eh, que queda más bonito todo. Y la novia vestida de blanco aunque tenga más tiros que la ventana de un bosnio.

Más adelante el estudio profundiza las conclusiones en función de criterios demográficos. Resulta que los más creyentes son los mayores de sesenta años (adivinen los motivos) y los que menos, los jóvenes. De cajón, vamos. Pero lo mejor es la tendencia. Con un poco de suerte dentro de unos años… Y además dice que somos menos creyentes que otros países de tradición cristiana, como Polonia o Italia. Nos ha jodido. El catolicismo polaco está íntimamente relacionado con la persecución religiosa del régimen comunista y la influencia de un chaval de Wadovice, al lado de Cracovia, que llegó bastante arriba en esto de la la carrera eclesiástica (pero… ¡pero cómo puede alguien hacerse cura con las ciervas que hay por allí!). Y el italiano… pues hombre, aparte de que tienen el Vaticano en medio de la capital, a poco que conozcas la situación social del sur del país todo cuadra.

Pero lo mejor es la última frase, y cito:

Sólo un tercio de los católicos españoles está convencido de la existencia de Dios o de la vida después de la muerte, mientras que otro tanto no cree para nada en ello. Un 27% admite además tener “serias dudas” al respecto.

¡No me digan que no es genial! ¡Un tercio de los católicos no cree en la existencia de dios! Sublime. Divino, diría, pero no lo digo por no herir sensibilidades. A ver si lo entiendo… te declaras religioso, de una religión en particular, ¿y no crees en la existencia de dios? Me parto, me parto. Si es que los españoles somos la hostia. Con perdón.

Lo dejo, lo dejo ya con la frase de la campaña publicitaria que anda apadrinando Dawkins:

Dios probablemente no existe, deje de preocuparse y disfrute de su vida.

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El monólogo de Pericles

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Parece mentira que esto fuera escrito hace 2500 años. Lo sacó a la luz Paolo Rossi, pero censuraron su aparición en Domenica In. Afortunadamente hicieron un hueco en Ballarò, uno de los mejores programas de RAI 3. Cuanto menos da que pensar. Lo traduzco así a vuelapluma, pero quien quiera puede ver a Rossi recitándolo con su estilo particular.

Aquí en Atenas se hace así: Nuestro gobierno favorece a muchos en lugar de a unos pocos, por eso se llama democracia.

Aquí en Atenas se hace así: Las leyes aseguran una justicia igual para todos en las disputas privadas pero no ignoramos nunca los méritos de la excelencia. Cuando un ciudadano se distingue él será, preferentemente, llamado a servir al estado pero no como un acto de privilegio sino como una recompensa al mérito, y la pobreza no constituye impedimento alguno.

Aquí en Atenas se hace así: La libertad que disfrutamos se extiende también a la vida cotidiana, no desconfiamos los unos de los otros y no molestamos nunca a nuestro prójimo si nuestro prójimo gusta de vivir a su manera. Somos libres, libres de vivir como nos apetezca y sin embargo estamos siempre dispuestos a enfrentarnos a cualquier peligro. Un ciudadano ateniense no descuida las cuestiones públicas cuando atiende sus asuntos privados, pero sobre todo no se ocupa de los asuntos públicos para resolver las cuestiones privadas.

Aquí en Atenas se hace así: Se nos ha enseñado a respetar a los magistrados y se nos ha enseñado a respetar las leyes y a no olvidar nunca a los que reciben ofensas, y también se nos ha enseñado a respetar aquellas leyes no escritas que residen en el sentimiento universal de lo que es justo y de lo que es de sentido común.

Aquí en Atenas se hace así: Un hombre que no se interesa en el estado no lo consideramos inocuo sino inútil, y aunque sean pocos los capaces de dar vida a una política, aquí en Atenas todos somos capaces de juzgarla. Nosotros no consideramos la discusión como un obstáculo en el camino de la democracia. Nosotros creemos que la felicidad es el fruto de la libertad, pero que la libertad es únicamente fruto del valor. En suma, yo proclamo a Atenas escuela de la Hélade, y que cada ateniense crece prosperando dentro de sí una feliz versatilidad, confianza en sí mismo y la disposición a enfrentarse a cualquier situación. Y es por esto por lo que nuesta ciudad está abierta al mundo y no expulsamos nunca a un extranjero.

Aquí en Atenas se hace así.

¿Alguien se atreve a hacer paralelismos?

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Contra la democracia

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Me van ustedes a defenestrar, lo sé, pero cuanto más le doy vueltas a la política patria -y extranjera, o si no fíjense, por ejemplo, en nuestros primos italianos- más pierdo la fe.

¿Es la democracia un buen sistema político? Pues hombre, depende. ¿Ustedes se creen que a Zapatero, Rajoy y demás les interesa realmente el bienestar del pueblo y el progreso del país? Tomen como muestra dos botones: la chorrada descomunal de los cuatrocientos euros de nuestro ínclito presidente del gobierno frisa la estupidez, y más autoproclamándose de izquierdas. Joder, que cojan ese pastizal y aumenten los servicios del Estado, que se supone que van de eso. Y ¿qué me dicen de esa lucha férrea contra el canon de nuestro ilustre jefe de la oposición? Un partido de derechas debería mirar un poco más por la industria musical, ¿no? ¿O realmente alguien se cree que a esta gente le preocupa lo más mínimo lo del libre acceso a la cultura, cuando en teoría lo que tendrían que apoyar es una sociedad meritocrácica en la que la gente tenga que ganarse lo que consume?

Desgraciadamente esta gente no actúa según el pueblo, sino según las encuestas, que es muy distinto. El objetivo de los partidos políticos a fecha de hoy es ganar las putas elecciones, esa gran encuesta que se hace cada cuatro años y según la cual se reparten unos determinados puestos (por los que cobran poco, no es coña) y unas determinadas cuotas de poder (por las que se forran el riñón lo que no está escrito, he aquí la cuestión). El que saque más votos gana. Y para eso no dudan en caer en el electoralismo más bajo y ramplón, tratándonos a todos como imbéciles. Lo malo es que si algo sobra en España son precisamente imbéciles para seguirles el juego. Y así nos va, claro.

Miren ustedes: aquí la gente vota por mil motivos excepto por los que importan. Se vota porque uno es de izquierdas o porque es de derechas de toda la vida, se vota para que no gane uno u otro, se vota por los malditos cuatrocientos euros, se vota porque un candidato es más guapo, se vota porque “éste me cae bien”, se vota, en fin, sin tener ni puta idea de lo que se vota. Así que ahí va mi proposición: antes de votar hay que pasar un examen. Cortito, tipo test. Veinte promesas electorales y que el ciudadano las asocie correctamente con el partido que las propone, y el que no acierte por lo menos quince que se vaya a ver el fútbol. ¿Que no es justo, que un hombre un voto? Vamos hombre venga ya. ¿Usted dejaría que su operación a corazón abierto se decidiese por votación popular? A ver, los que crean que hay que suturar aquí que levanten la mano. ¿Bisturí o martillo percutor? Las encuestas dicen que martillo percutor por un 4% de ventaja, mira a ver, Manolo, si les digo que estamos a favor de la religión en los colegios porque si no lo veo chungo. Ah, no, que los católicos son minoría. Entonces estamos en contra.

Si la idea en el fondo está bien, vamos a ver. Pero la inmensa (y digo inmensa) mayoría de los ciudadanos no está capacitada para tomar decisiones políticas serias, fundamentalmente porque no tienen (tenemos) ni pajolera idea de lo que va la vaina. Lo suyo sería tener un pueblo culto y formado que fuera capaz de valorar seriamente qué tipo de actuaciones serían las óptimas para el país, y eso no es así. En un mundo ideal cachipiruli todos hubiéramos tenido una educación seria, integral y decente, donde además de aprender cosas nos hubieran inculcado la capacidad de pensar y de analizar las cosas en frío, tranquilamente, evaluando las consecuencia de los actos a corto, medio y largo plazo. Pero eso no es así, los gobiernos sucesivos han modificado las leyes educativas (a cual más penosa) de acuerdo a sus propios intereses, echen un ojo a la cosa en Cataluña o Euskadi, o a la Lode, la Lose, la Logse o como demonios se llame el esperpento que haya ahora. Nuestro sistema educativo es una fábrica de seres planos, pan y circo, Aquí hay Tomate (bueno, ahora será otro) y Real Madrid. De seres mangoneables que se rigen por impulsos. Que no está mal, pardiez, los instintos son muy divertidos sobre todo cuando los compartes con una señora de buen ver. Pero a la hora de elegir deberíamos pensar más. Y no sabemos pensar.

¿Qué otra solución hay? Pues no lo sé. Me gusta un concepto que apunta Adolf Hitler al inicio de Mein Kampf: que gobiernen técnicos que asuman con su hacienda, su libertad y su vida en casos extremos las decisiones erróneas. ¿Que haces una ley para, digamos, frenar la inflación y acaba subiendo? Bien, pues a la puta calle, te embargamos los bienes y a vivir bajo un puente. Si no sabes torear, etcétera. ¿Organiza usted una guerra en Tajikistán que se demuestra un fracaso desde el punto de vista económico y de vidas perdidas? Guillotina. ¿No me garantiza las pensiones cuando me jubile? A la carcel de por vida. Y así. Ya sabemos, ya, que a Adolfo se le fueron las cosas de las manos y acabó preparando la de Amancio, pero pagó con la vida. Y le salió barato, al hijo de la gran puta.

¿A alguien se le ocurre un nuevo sistema político? Porque uno empieza a estar harto de esta estultocracia que nos rige. Y perdonen el lenguaje, pero es que a mi las campañas electorales (habráse visto… campaña electoral, otra gilipollez tal y como se plantea aquí) me ponen de muy mala hostia.

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Saber perder

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Leía en XLSemanal una entrevista a Arturo Pérez-Reverte y Viggo Mortensen al hilo del estreno de la película Alatriste, sobre la que hablaré otro día, o no. El caso es que en un momento de la entrevista Viggo Mortensen viene a decir que ser español es “saber perder”. Y en efecto, históricamente los españoles nos hemos caracterizado por esa visión fatalista de la vida, las cosas pasan porque pasan y lo mejor es intentar encajarlas de la forma más estoicamente posible.

Pero llegó aquella tan famosa cultura del pelotazo y nos fuimos todos a la mierda. Por lo menos en cuanto a integridad se refiere. Ahora cuando algo no sale bien nunca es culpa nuestra, sino de alguna extraña confabulación universal que está en nuestra contra. Si la selección de fútbol es eliminada en cuartos la culpa es del árbitro. Si Alonso no gana el mundial la culpa es de todo el mundo que está en su contra. Si un tío en el bar se lleva a la tía que me gusta es que ella es una puta o él un guaperas imbécil. Si el puesto de trabajo al que aspiro se lo lleva otro no es que esté mejor preparado, es que tiene enchufe. Joder, si hasta cuando la gente se muere es por culpa de algo, por fumar, por comer chorizo o porque el médico cometió un error. Ahora ya nadie se muere porque es lo suyo.

Pero saber perder no significa resignación ciega y quejas lastimeras. Saber perder es darte cuenta de cuándo es mejor abandonar el campo de batalla, lamerte las heridas y aprender, sobre todo aprender para la próxima. Aunque claro, ¿cuándo es el momento de retirarse? La tenacidad, bajo mi punto de vista, está sobrevalorada. Las películas nos han vendido el sueño americano, el “quien la sigue, la consigue”. Y eso, me temo, no siempre es cierto. Acepto el inverso, “el que la consigue es porque la ha seguido”. Se cuentan grandes historias de la gente que partiendo de cero ha llegado a la cima en su campo, pero nadie habla de la mayoría, de aquellos que han tenido sueños, ilusiones y voluntad y a los que la vida les ha partido la cara a las primeras de cambio.

Y mi pregunta es: ¿Cúando tienes que aceptar la derrota? Es decir, ¿cuando hay que dar el negocio por fracasado?¿cuándo tienes que dejar la carrera que estudias y dedicarte a otra cosa?¿cuándo tienes que volver a la ciudad de la que emigraste cargado de ilusiones?¿cuándo es mejor dejar de esperar un taxi y volver a casa a pie?¿cuándo aceptar que no tienes posibilidades con esa chica? No hay respuestas fáciles, me temo.

P.S. Y el empleado de McLaren este, Alonso, no ganó porque Ferrari es mejor. Y punto.

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Quemando fotos del Rey

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Los efectos perniciosos de Gran Hermano, Corazón Corazón, Salsa Rosa y demás bazofia que puebla la programación de las televisiones patrias están alcanzando a todos los espectros de la población central y periférica, lo que demuestra que sí que hay algo que une a todos los españoles: lo soplapollas que podemos llegar a ser independientemente de nuestro lugar de nacimiento o nuestras inclinaciones políticas o futboleras.

Resulta que un fulano, en algún lugar de Cataluña, creo recordar, tuvo la brillante idea de quemar una foto del Rey. Soberana gilipollez (¿captan el hábil juego de palabras?), porque sirve para bien poquito. Si quieren hacer las cosas bien miren a los vecinos franceses, que en vez de quemar cuadros de Luis XVI le cortaron las uñas de los pies a la altura del cogote, o sea. Bromas las justas. Pero aquí no, aquí andamos como los tarados estos que queman fotos de Bush y banderas estadounidenses y danesas y británicas por oriente medio.

Pero hete aquí que la estupidez es contagiosa. Por una parte los medios de comunicación bajunos y rastreros que tenemos en España en vez de contarnos cosas serias e importantes se dedican a la chorradas que dan audiencia, así que al zumbado de la foto le dedican diez minutos en los telediarios o dos páginas en los periódicos, mientras que el Euribor va sobrado con una breve reseña cada tres meses. Carnaza para la plebe. Ya tenemos a una nueva Madeleine, un nuevo Julián Muñoz o como se llame o un nuevo Borja Thyssen. Todo el país, desde los más sesudos gerifaltes hasta el último cretino que palmó comprando un piso en Seseña hablando de que si quemar fotos es bueno o es malo, que España se rompe, que Froilán es un gamberro y que Carod-Rovira es el sacamantecas redivivo.

Hasta ahora nada nuevo. Pero el caso es que a cuenta de esa cultura de todo a cien que nos venden los medios de comunicación para ser alguien en este país no hay que estudiar, trabajar, pintar, investigar, cantar o cualquier otra cosa que implique el más mínimo esfuerzo, sino más bien hacer el imbécil para caer en gracia debido a la estupidofilia que nos caracteriza. Así que, como Fuenteovejuna, todos los neoprogres hijos de familia bien se han puesto como locos a quemar fotos del monarca, a ver si así salen unos minutillos en la tele. Cuatro cretinos que notienen ni puta idea de donde venimos y que muy raramente te darían una argumentación contra la monarquía más allá de “no tenemos que pagar a nadie por el hecho de ser hijo de”. Filosofía elevada, oiga. Y por el otro lado, los más monárquicos sacando banderas de España a cuál más grande, aunque nadie capte muy bien qué tiene que ver la bandera con el Rey.

El problema es que en España raramente discutimos de las cosas que realmente importan. Por supuesto que hace falta una discusión sobre el modelo político porque la constitución actual era la idónea para los años setenta y ochenta, pero ahora las cosas no son iguales. ¿Queremos monarquía o república?¿Estado federal? Porque vamos, el engendro espúreo este de las Comunidades Autónomas no tiene sentido alguno. ¿Qué cojones pinta la disciplina de voto en el Senado cuando se supone que es una cámara territorial y no ideológica?¿Queremos votar personas en listas abiertas o ideas en listas cerradas? Pero claro, hablar tranquilamente de estas cosas no da votos ni aumenta las audiencias, así que seguimos jugando al regate corto, a lanzar consignas facilonas para que los hooligans ovinos de cada facción las repitan sin parar y a hacer política del cabreo. Y así, mientras nosotros entramos al trapo en las tonterías no pensamos en la base, en el fondo, que es lo realmente peligroso para los periodistas, los politicos y para el Rey.

No suelo dar mi opinión personal sobre estos temas en el blog porque al fin y al cabo es eso, una opinión, y no tiene mayor valor para hilvanar un razonamiento. Pero hoy sí que voy a decir lo que pienso al respecto de la monarquía. Desde un punto de vista puramente racional no se puede ser otra cosa que republicano, ya que la monarquía no es sostenible desde que introducimos la premisa de igualdad entre los seres humanos. Ahora bien, desde un punto de vista concreto (ahora mismo, aquí) y totalmente pragmático puede ser que mantener el status quo nos proporcione más ventajas que cambiarlo. Puede ser. Total, que no se que pensar. No tengo opinión formada sobre el tema. Sólo se que los imbéciles que queman fotos hacen que no quiera ser republicano y los cretinos que defienden al Rey con banderas y no con ideas hacen que no quiera ser monárquico. ¿Hay alguna tercera vía?¿Alguien me da ideas sobre mis dudas monarquía/república en España?

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Ay que me da algooo

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Sólo una cosilla rápida antes de irme:

El Euribor está ya a 4,71%, su valor más alto desde 2000.

Si oyen carcajadas más allá del Danubio, son las mías. Entre esto, que Trichet anda con ganas de subir otro cuartillo los tipos de interés del BCE, la crisis hipotecaria en Estados Unidos y demás, cada vez veo más cerca el momento de comprarme yo una casa. Alguna de las que subasten porque el que se metió en una hipoteca a 40 años pagando un 70% de la renta familiar ahora no puede con las letras, por supuesto.

Tengo un post a medio escribir analizando estas cosas, pero igual la burbuja de marras nos manda a todos al carajo antes de que vuelva de vacaciones, quién sabe. De todas formas, yo ya lo dije…

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Santería milagrosa

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El metro de Madrid siempre es un buen sitio para encontrar historias urbanas si miras con un poquito de atención. Reconozco que me lo paso genial viendo las caras de la gente e inventando las historias de sus vidas basándome sólo en la ropa que llevan o en el libro que leen. Pero estos días como hay menos gente en la capital del reino me he ido fijando en algunas cosas. Como la publicidad, por ejemplo. Y resulta que me he encontrado con esto:

Santeria_Milagrosa

Y es que la cosa tiene cojones. Tantos años de evolucion, Platón, Santo Tomás intentando argumentar como podía, el hombre, Descartes, el método científico, Russell y demás para esto. En pleno metro de Madrid, un anuncio donde te ofrecen lectura de cartas, caracolas(!) y manos. Y prometen dinero, suerte y amor. Lo que se me escapa es lo de los trabajos, amarres y limpiezas. ¿Esta parte tendrá alguna connotación sexual?

Me preocupan dos cosas. En primer lugar me preocupa la cantidad de sucursales que tiene esta gente, en el cartel hay varias direcciones y teléfonos que me he permitido borrar para no hacerles encima publicidad, aunque no creo que la gente que se pase por aquí sean potenciales clientes de estas engañifas. Pero me preocupa aún más que el cartel esté en el metro, que se puedan publicitar descaradamente estafas en un medio de transporte público. ¿Nadie controla que anuncios ponen? Si esto está permitido, ¿por qué no dejan actuar a los trileros o a los ladrones?

Pero claro, luego te das cuenta de que vives en un país donde se paga con tus impuestos a varias iglesias -a algunas más que a otras-, que en algunos estados del país que reparte el bacalao en el mundo niegan la teoría de la evolución pasándose las demostraciones científicas por el arco del triunfo y que en oriente medio hay gente capaz de hacerse explotar en el nombre del dios de turno y pierdes la poca fe que te quedaba en el ser humano. Y es que igual habría que hacer leer a la gente a hostias.

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El crío del semáforo

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Julio en Madrid. Hace un calor de mil demonios y servidor no tiene jornada de verano, así que estoy todos los días hasta las seis como poco en la oficina. Este encima es uno de esos días en los que tienes mucho trabajo, estás de los nervios y acabas discutiendo con el jefe, los compañeros, la señora de la limpieza y la máquina del café. Estoy hasta el gorro de todo ya, vamosombre. Cagüentusmuertos.

Me voy de la oficina, y evalúo la cantidad de mierda que tiene encima el coche: la plantación de patatas que llevo en el techo empieza a ser perjudicial para la aerodinámica y el consumo, así que decido darle el lavado anual. Nada de especial, un túnel de lavado, splash, chof, chof, fiiiiiu y adelante. Que luego se acostumbra. No obstante al acabar lo miro extrañado: si, parece que era azul en vez de gris como yo pensaba. Y por fin consigo ver a través del cristal. Así da gusto conducir, oiga.

Por los cojones. Da gusto conducir por una autopista alemana una noche de septiembre, pero la A2 de entrada a Madrid a las seis de la tarde es otra historia. Encima un cretino de los que se intentan meter en la salida de la M30 a última hora se ha empotrado en el coche que iba delante, así que me como un atasco como el sombrero de un picador. Cigarrito, cagüendiós, cigarrito, cagëndiós, cagëndiós. Parezco Karras. Total, que por fin consigo tomar la M30 y me meto por la salida de la callé Alcalá, con mi faldita almidoná y esos nardos apoyados en la cadera. Último semáforo.

Y allí, mientras espero, lo veo. Un niño cabrón de unos ocho o nueve años con pinta de rumano, o así, viene hacia mi amenazando con un chisme de esos de limpiar las lunas de los coches. No, le digo gritando, con la cabeza y con el dedo. No me jodas que tengo el cristal niquelado y hoy estoy para pocas bromas. Pero parece ser que “no” en rumano signifíca “¿le importaría limpiarme la luna del coche, por favor?” porque el desgraciado sigue andando con una cara de cabrón de las que no se pueden aguantar. Este no servía para un anuncio de esos de seguros de vida, no. Con ese careto de hijoputa no enternece ni a Teresa de Calcuta.

La mala bestia se sigue acercando mientras verifico que tengo las puertas bien cerradas (si, si, racismo y lo que ustedes quieran, pero fíate tu del rumano y no corras) y le sigo gritando no te acerques, la puta que te parió. Pero no hay huevos. El tío llega y me dibuja con el artilugio ese un corazón en la parte derecha del parabrisas. En toda la parte derecha, con dos cojones. No he visto un corazón más grande en la vida. Si hoy me hubieran subido el sueldo, fuera sábado, hiciera fresquito, hubiera echado el mejor polvo de mi vida y la criatúra fuera de esas que te miran con unos ojitos que te derriten igual hasta hubiera cedido. Total, unos céntimos no van a ninguna parte. Pero con el día que llevo a este mamón no le doy yo ni los buenos días.

El fulano sigue ahí, perfeccionando el corazón y yo barajo la posibilidad de bajar del coche y darle las hostias que le tenía que haber dado su padre hace años, aunque claro, para eso su madre tendría que saber quien es. Además hay otros dos o tres paisanos suyos alrededor, y salir del coche significa quedarte sin ordenador, sin cartera, sin tabaco y posiblemente sin coche. Así que hago lo que puedo y mientras grito como uno de esos que ven los partidos de fútbol le doy al agua y a los limpiaparabrisas para ver si la maldita rata se va de allí, pero no hay huevos. Encima se pone a jugar con ellos, esquivándolos. Pienso que si hay suerte igual la mala bestia tropieza y cae delante del coche, y sólo soltando un poquito de embrague podría pasarle por encima, blomp blomp, y librar a la humanidad de este elemento. Hasta estoy seguro de que el juez sería comprensivo y como mucho, entre atenuantes y tal, me caerían un par de años. Buen precio. Pero no tropieza el cabrón, no. Yo estoy desencajado de tanto gritar y hacer aspavientos mientras muerdo el volante de la mala hostia que tengo, y cuando el semáforo se pone en verde el hijo de la gran puta se aparta lo justo y mientras acelero me mira con una sonrisa de esas que dicen “te jodes, capullo”. Y yo sigo adelante mientras me sale la bilis por las orejas de impotencia y de rabia.

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Las euras y los euros

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La ineptitud mental, el buenrollismo políticamente correcto y la estolidez galopante de nuestros empleados los políticos no deja de sorprender. La cara que se me ha quedado esta mañana cuando leía esta noticia en El Mundo debía ser para foto. En serio, estaba esperando a que aparecieran de un momento los elefantes rosas y las cucarachas mutantes porque no podía ser cierto, tenía que estar soñando todavía. Pero no, después del segundo café la noticia seguía ahí. Claro, que considerando que estamos en España todo se explica.

El caso es que el PSOE presenta una proposición no de ley para que las monedas incluyan las figuras de mujeres, en clara continuidad de las políticas paritarias que pretenden una mayor igualdad entre el hombre y la mujer en la sociedad patria. Y además ya tienen previsto (y esto va en la proposición que se debate hoy) que la primera sea Clara Campoamor, que fue una de las principales activistas feministas de la República y que luchó firmemente para la consecución del voto femenino. Lo que me parece muy bien, oigan. Faltaría más. Lo que me hace gracia es que estos señores que ganan una pasta gansa a cuenta de todos nosotros anden liados en estas gilipolleces. Y me explico, antes de que se me solivianten.

A ver, que si. Que pese a que las cosas han mejorado todavía hay muchas facetas de la vida donde las mujeres se ven discriminadas simplemente por eso, por ser mujeres (también hay algunas que usan eso a su favor, que todos conocemos los efectos de llevar una falda corta a un examen o a una entrevista de trabajo siendo los hombres tan cenutrios como somos, pero quiero creer que son las menos). Pero me parece que estamos perdiendo el norte. A ver cuando carajo nuestros prohombres y promujeres bajan de la puñetera nube en la que viven y dejan de decir y hacer chorradas como la del lenguaje y lenguaja sexista y sexisto, rebajar las pruebas físicas para ellas cuando te presentas a bombera (como el fulano al que hay que rescatar pesara menos si la que sube a buscarlo con la escalera es una mujer) o la ley esta por la que en las listas electorales haya que presentar al mismo número de señoras que de señores, independientemente de la capacitación de cada uno.

¿Por qué no nos enfrentamos al problema en vez de buscar cosas para ocultarlo? ¿Alguien se cree que lo de que aparezca una señora en la moneda de cincuenta céntimos va a mejorar la situación en algo? Lo que hay que hacer es dejar de perder el tiempo en gilipolleces y afrontar de una maldita vez por todas una política educativa igualitaria para Raulito tenga muy claro que Julita es igual de inteligente o más que él. Hay que evitar que una mujer que trabaja como una campeona y encima tiene que hacer todas las tareas de casa y cuidar a los niños porque el desgraciado de su marido prefiere estar tirado en el sillón encima cobre menos que sus compañeros masculinos de trabajo. Hay que concienciar, a hostias si es preciso, a las altas esferas empresariales educadas hace cuarenta años (y ya saben lo que se cocía en España hace cuarenta años) para que se den cuenta de que una señora no sólo vale para ser secretaria, sino que posiblemente dirija el banco mucho mejor que ellos. Y hay que erradicar de una puta vez la mentalidad de ese energúmeno que se cree que puede pegar un par de guantazos a su pareja porque no le ha planchado bien la camisa. A ese hijo de puta le va a dar igual pagar las cañas en el bar con euras o con euros.

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