Idiota.- Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.(F. Savater)

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El monólogo de Pericles

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Parece mentira que esto fuera escrito hace 2500 años. Lo sacó a la luz Paolo Rossi, pero censuraron su aparición en Domenica In. Afortunadamente hicieron un hueco en Ballarò, uno de los mejores programas de RAI 3. Cuanto menos da que pensar. Lo traduzco así a vuelapluma, pero quien quiera puede ver a Rossi recitándolo con su estilo particular.

Aquí en Atenas se hace así: Nuestro gobierno favorece a muchos en lugar de a unos pocos, por eso se llama democracia.

Aquí en Atenas se hace así: Las leyes aseguran una justicia igual para todos en las disputas privadas pero no ignoramos nunca los méritos de la excelencia. Cuando un ciudadano se distingue él será, preferentemente, llamado a servir al estado pero no como un acto de privilegio sino como una recompensa al mérito, y la pobreza no constituye impedimento alguno.

Aquí en Atenas se hace así: La libertad que disfrutamos se extiende también a la vida cotidiana, no desconfiamos los unos de los otros y no molestamos nunca a nuestro prójimo si nuestro prójimo gusta de vivir a su manera. Somos libres, libres de vivir como nos apetezca y sin embargo estamos siempre dispuestos a enfrentarnos a cualquier peligro. Un ciudadano ateniense no descuida las cuestiones públicas cuando atiende sus asuntos privados, pero sobre todo no se ocupa de los asuntos públicos para resolver las cuestiones privadas.

Aquí en Atenas se hace así: Se nos ha enseñado a respetar a los magistrados y se nos ha enseñado a respetar las leyes y a no olvidar nunca a los que reciben ofensas, y también se nos ha enseñado a respetar aquellas leyes no escritas que residen en el sentimiento universal de lo que es justo y de lo que es de sentido común.

Aquí en Atenas se hace así: Un hombre que no se interesa en el estado no lo consideramos inocuo sino inútil, y aunque sean pocos los capaces de dar vida a una política, aquí en Atenas todos somos capaces de juzgarla. Nosotros no consideramos la discusión como un obstáculo en el camino de la democracia. Nosotros creemos que la felicidad es el fruto de la libertad, pero que la libertad es únicamente fruto del valor. En suma, yo proclamo a Atenas escuela de la Hélade, y que cada ateniense crece prosperando dentro de sí una feliz versatilidad, confianza en sí mismo y la disposición a enfrentarse a cualquier situación. Y es por esto por lo que nuesta ciudad está abierta al mundo y no expulsamos nunca a un extranjero.

Aquí en Atenas se hace así.

¿Alguien se atreve a hacer paralelismos?

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Contra la democracia

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Me van ustedes a defenestrar, lo sé, pero cuanto más le doy vueltas a la política patria -y extranjera, o si no fíjense, por ejemplo, en nuestros primos italianos- más pierdo la fe.

¿Es la democracia un buen sistema político? Pues hombre, depende. ¿Ustedes se creen que a Zapatero, Rajoy y demás les interesa realmente el bienestar del pueblo y el progreso del país? Tomen como muestra dos botones: la chorrada descomunal de los cuatrocientos euros de nuestro ínclito presidente del gobierno frisa la estupidez, y más autoproclamándose de izquierdas. Joder, que cojan ese pastizal y aumenten los servicios del Estado, que se supone que van de eso. Y ¿qué me dicen de esa lucha férrea contra el canon de nuestro ilustre jefe de la oposición? Un partido de derechas debería mirar un poco más por la industria musical, ¿no? ¿O realmente alguien se cree que a esta gente le preocupa lo más mínimo lo del libre acceso a la cultura, cuando en teoría lo que tendrían que apoyar es una sociedad meritocrácica en la que la gente tenga que ganarse lo que consume?

Desgraciadamente esta gente no actúa según el pueblo, sino según las encuestas, que es muy distinto. El objetivo de los partidos políticos a fecha de hoy es ganar las putas elecciones, esa gran encuesta que se hace cada cuatro años y según la cual se reparten unos determinados puestos (por los que cobran poco, no es coña) y unas determinadas cuotas de poder (por las que se forran el riñón lo que no está escrito, he aquí la cuestión). El que saque más votos gana. Y para eso no dudan en caer en el electoralismo más bajo y ramplón, tratándonos a todos como imbéciles. Lo malo es que si algo sobra en España son precisamente imbéciles para seguirles el juego. Y así nos va, claro.

Miren ustedes: aquí la gente vota por mil motivos excepto por los que importan. Se vota porque uno es de izquierdas o porque es de derechas de toda la vida, se vota para que no gane uno u otro, se vota por los malditos cuatrocientos euros, se vota porque un candidato es más guapo, se vota porque “éste me cae bien”, se vota, en fin, sin tener ni puta idea de lo que se vota. Así que ahí va mi proposición: antes de votar hay que pasar un examen. Cortito, tipo test. Veinte promesas electorales y que el ciudadano las asocie correctamente con el partido que las propone, y el que no acierte por lo menos quince que se vaya a ver el fútbol. ¿Que no es justo, que un hombre un voto? Vamos hombre venga ya. ¿Usted dejaría que su operación a corazón abierto se decidiese por votación popular? A ver, los que crean que hay que suturar aquí que levanten la mano. ¿Bisturí o martillo percutor? Las encuestas dicen que martillo percutor por un 4% de ventaja, mira a ver, Manolo, si les digo que estamos a favor de la religión en los colegios porque si no lo veo chungo. Ah, no, que los católicos son minoría. Entonces estamos en contra.

Si la idea en el fondo está bien, vamos a ver. Pero la inmensa (y digo inmensa) mayoría de los ciudadanos no está capacitada para tomar decisiones políticas serias, fundamentalmente porque no tienen (tenemos) ni pajolera idea de lo que va la vaina. Lo suyo sería tener un pueblo culto y formado que fuera capaz de valorar seriamente qué tipo de actuaciones serían las óptimas para el país, y eso no es así. En un mundo ideal cachipiruli todos hubiéramos tenido una educación seria, integral y decente, donde además de aprender cosas nos hubieran inculcado la capacidad de pensar y de analizar las cosas en frío, tranquilamente, evaluando las consecuencia de los actos a corto, medio y largo plazo. Pero eso no es así, los gobiernos sucesivos han modificado las leyes educativas (a cual más penosa) de acuerdo a sus propios intereses, echen un ojo a la cosa en Cataluña o Euskadi, o a la Lode, la Lose, la Logse o como demonios se llame el esperpento que haya ahora. Nuestro sistema educativo es una fábrica de seres planos, pan y circo, Aquí hay Tomate (bueno, ahora será otro) y Real Madrid. De seres mangoneables que se rigen por impulsos. Que no está mal, pardiez, los instintos son muy divertidos sobre todo cuando los compartes con una señora de buen ver. Pero a la hora de elegir deberíamos pensar más. Y no sabemos pensar.

¿Qué otra solución hay? Pues no lo sé. Me gusta un concepto que apunta Adolf Hitler al inicio de Mein Kampf: que gobiernen técnicos que asuman con su hacienda, su libertad y su vida en casos extremos las decisiones erróneas. ¿Que haces una ley para, digamos, frenar la inflación y acaba subiendo? Bien, pues a la puta calle, te embargamos los bienes y a vivir bajo un puente. Si no sabes torear, etcétera. ¿Organiza usted una guerra en Tajikistán que se demuestra un fracaso desde el punto de vista económico y de vidas perdidas? Guillotina. ¿No me garantiza las pensiones cuando me jubile? A la carcel de por vida. Y así. Ya sabemos, ya, que a Adolfo se le fueron las cosas de las manos y acabó preparando la de Amancio, pero pagó con la vida. Y le salió barato, al hijo de la gran puta.

¿A alguien se le ocurre un nuevo sistema político? Porque uno empieza a estar harto de esta estultocracia que nos rige. Y perdonen el lenguaje, pero es que a mi las campañas electorales (habráse visto… campaña electoral, otra gilipollez tal y como se plantea aquí) me ponen de muy mala hostia.

menéame

La jodimos, Mariano

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No suelo dedicarme mucho a los rifirrafes políticos de patio de colegio que nos preparan cada tanto nuestros próceres, pero es que la que nos ha montado Rajoy con las listas para las próximas elecciones generales merece una cierta reflexión, porque de esta salimos perjudicados todos -bueno, salvo quizás Esperanza Aguirre.

En el PP está en juego la sucesión de Rajoy, y cada uno intenta colocarse lo mejor que puede para salir beneficiado en función de los resultados de las próximas elecciones. Por un lado están Acebes y Zaplana, los defensas leñeros del partido, el par de espadas heredadas de Aznar, hombres de partido fieles a las consignas de éste. Su posición se vería reforzada en caso de una victoria de Rajoy, y tras ocho años (cuatro de la primera legislatura de Rajoy y otros cuatro en una eventual segunda legislatura o en la oposición) tendrían todas las papeletas para que uno de los dos fuera candidato en 2016, supongo que tras una interesante lucha fratricida. Ambos representan el ala dura oficial del partido, y tendrían muchos apoyos entre la vieja guardia del PP. Para España, una mala opción. ¿Se imaginan unas elecciones entre Zaplana y Pepe Blanco? Sería el momento ideal para poner rumbo al exilio.

En otro de los lados del triángulo sucesorio está -estaba- Gallardón. El tipo moderado, de derechas pero con ideas actuales. Lo más psoero del PP, así como Bono es lo más ppero del PSOE. Un tipo con gran tirón en Madrid -nos pongamos como nos pongamos su gestión tanto en el ayuntamiento como en la comunidad ha sido más que correcta-, representante del ala izquierda del PP (si la contradicción es admisible, que diría Juan Manuel de Prada). Con las victorias apabullantes en Madrid como carta de presentación Gallardón, que tiene aspiraciones más altas, le tira los tejos a Rajoy y se postula motu proprio como sucesor ofreciéndose a ir en las listas electorales por Madrid. Esto deja a don Mariano en una situación delicada: si acepta estaría firmando a Gallardón un cheque en blanco sobre su futuro político, ya que si gana estas elecciones Gallardón se llevaría gran parte de los méritos, si pierde los palos serían para Acebes y Zaplana y el partido intentaría abandonar por fin las pautas políticas generales que lleva desde Aznar. Y en ese escenario el único candidato renovador sería el diputado Gallardón. Unas elecciones entre Gallardón y un candidato acorde socialista (digamos Bono por similitud) podrían convencerme de que aún hay esperanza.

Pero Esperanza la hay, vaya que si la hay, y les ruego que me perdonen el deleznable juego de palabras. Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, ex-ministra de Cultura (es un decir) y ex-presidenta del Senado. Peso pesado dentro del partido y con gran tirón entre la parte más casposa del partido, como Chaves en el PSOE, o así. Aguirre es una mujer con grandes contactos en el mundo empresarial y siempre se ha mantenido fiel a Aznar y consecuentemente a su sucesor Rajoy, aunque también le llama lo de subir de escalafón y aspirar a la candidatura a la presidencia del gobierno. Si bien económicamente está en la misma línea que Gallardón, socialmente tienen conceptos muy distintos que han generado sonados roces entre ambos. Pero Esperanza tiene una gran virtud: es una mujer de equipo y siempre ha sabido rodearse de gente competente, con lo que su gestión en la Comunidad tampoco ha sido mala del todo dentro de su orientación ideológica.

Y en estas que el tiempo se acaba y llega el momento de tomar decisiones. La inclusión de Pizarro como número dos de las listas por Madrid ya deja entrever que Rajoy no desea darle tanto poder a Gallardón. Es normal, un tipo como Gallardón aplastaría mediáticamente a Rajoy y además le enfrentaría al sector que está trabajando más activamente para conseguir votos para estas elecciones, ya saben, los de las manifestaciones, y aquí que cada uno ubique a quien quiera, aunque yo sinceramente me pregunto si realmente no estarán teniendo el efecto contrario. Pero en fin, ellos sabrán. A lo que vamos. La opción óptima para Rajoy hubiera sido la del caramelito, es decir, incluimos a Gallardón en las listas pero en el puesto quince o por ahí. Sería diputado, arrastraría un buen puñado de votos en Madrid y seguramente en el resto de España, daría un gran apoyo para estas elecciones que serán las últimas de Rajoy si las pierde y no tendría un papel demasiado destacado durante cuatro añitos. De ministerios ni hablamos, diputado de infantería y a tirar millas, y que si quiere que se parta la cara él solito con Acebes y Zaplana cuando llegue el momento. Sin la popularidad que le proporciona la alcaldía Gallardón tendría que buscarse muchos apoyos en el partido para intentar suceder a Mariano Rajoy.

En estas estábamos cuando hace aparición estelar Esperanza Aguirre. Aguirre sabe que si Gallardón da el salto a la política de estado y las cosas le salen un poquito bien sus opciones se desvanecerían. Y además, pardiez, el niñato este siempre le ha caído fatal, hombre, venir aquí dándoselas de que arrasa en Madrid cuando todo el mundo sabe que le votan a él porque la gente viene a votarme a mi y ya de paso también coge la papeleta del PP para el ayuntamiento. Este lo que es es un rojeras camuflado. Así que si Gallardón juega, Aguirre también. Ni corta ni perezosa le lanza a Rajoy un órdago de los de aquí te espero: Si Gallardón va en las listas, por muy abajo que vaya, ella también. O jugamos todos, etcétera. Pero con el detalle añadido de que por ley un presidente de comunidad autónoma no puede ser diputado, por lo que tendría que dimitir de su actual cargo. Y Gallardón, por verguenza torera, tendría que hacer lo propio en el ayuntamiento. Fino hila doña Esperanza: sabe que Rajoy no puede permitirse a estas alturas del baile una crisis en la comunidad de Madrid y en el ayuntamiento de la capital dejando además una guerra interna entre dos de los candidatos de su lista. ¿Y Rajoy que hace? Pues se la envaina, claro. A Rajoy tampoco le hace ninguna gracia Gallardón y tiene a huevo la ocasión de dar la imagen de lider serio y con autoridad que nunca tuvo. Así que a cascarla a Parla, ni uno, ni otra. Todos quietos donde estáis que me cabreo.

¿Qué le queda a Gallardón? Puede tragar con la humillación y seguir calladito en el ayuntamiento diciendo que hay que votar a Rajoy y tal y tal o dejar que el orgullo haga su parte y mandarlos a todos al carajo. Ya que no va a poder ser presidente en una larga temporada (podría intentarlo, pero tendrían que pasar unas tres legislaturas más) puede sacrificarse políticamente (en el PP) y de paso llevarse a unos cuantos por delante, empezando por el jefe don Mariano. A la mierda, como diría Fernán Gómez. Me retiro de la política y de paso me llevo mis votantes que acabarán cayendo casi por inercia en los brazos del PSOE. Y explícale ahora a la gente, Mariano, que somos un partido de centro, con los obispos, Alcaraz y Losantos como máximos exponentes de nuestra política moderna e integradora. Bueno, parece que se lo va a pensar después de las elecciones, pero la primera hostia ya está dada.

¿Y el futuro? El futuro está muy chungo para casi todos. Gallardón a su aire, en la empresa privada o buscando un nuevo partido del que tirar. Rajoy defenestrado por su mentor Aznar después del batacazo que se va a dar en marzo. El PP intentando reorganizarse y buscando un nuevo lider, que seguramente salga del ala dura del partido. El PSOE yendo de sobrado manejando esto como si fuera el jardín de su casa, Esperanza Aguirre frotándose las manos, tomando cada vez más poder en el partido y lo peor de todo, Ana Botella de alcaldesa de Madrid.

¿Es o no es para preocuparse?

Actualización: Volviendo a casa escuchaba en el coche La Radio de Julia, programa que recomiendo encarecidamente a todos aquellos que gusten de pensar. El caso es que estaban hablando del tema y me quedé pensativo tras oir las llamadas de la gente: los hooligans del PP estaban encantados con haber largado al rebelde ese, los hooligans del PSOE estaban encantados porque les ponen las elecciones a huevo. Y la gente normal, pensativa, lamentaba el haber perdido la ocasión de tener una derecha moderna (al estilo europeo) que forzara a la izquierda a dejar de hacer el hostias. Si es que con estas historias al final quien pierde es España.

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Rifirrafe en la cumbre

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Chávez y el ReyLa de cosas que uno tiene que ver. Es inútil explicar de lo que va la noticia, porque a estas alturas todos los medios de comunicación tradicionales y zillones de blogs han comentado el altercado entre don Juan Carlos y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Primero vamos a ubicar a Hugo Chávez. El teniente coronel Hugo Chávez aparece en la vida pública venezolana al fundar el Movimiento Bolivariano Revolucionario - 200, un movimiento subversivo que será el germen del golpe de estado de febrero de 1992, golpe fracasado pero que a la larga acabó con la credibilidad del a la sazón presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez. Chávez pasó dos años en la cárcel, donde su popularidad aumentó paulatinamente hasta que fue liberado en 1994. En 1997 funda el Movimiento Quinta República y se presenta a las elecciones en 1998. Y gana. O sea, como si Tejero después del 23F se hubiese presentado a las elecciones y hubiera ganado. Cosas veredes. Chávez a su vez sufrió un golpe de estado en 2002, apoyado políticamente por varios países, entre ellos España, aunque muy tibiamente. Desde entonces Chávez ha acusado directamente a Geoge Bush de promover el golpe de estado y a José María Aznar de apoyarlo activamente.

Chávez es un fulano muy peculiar. Sigue la tradición populista de muchos gobernantes latinoamericanos (aunque no todos, gracias a Dios) e incluso tiene su propio programa de televisión, Aló Presidente. Siempre ha basado su discurso en la confrontación intentando ganar seguidores dentro de las fronteras de su país a base de buscar enemigos externos, culpando al extranjero de los problemas internos de Venezuela. Obviamente los blancos preferidos son los imperialistas Estados Unidos y la explotadora España, aunque últimamente con el gobierno de Zapatero, más afín ideológicamente que el de Aznar, parecía que las relaciones se estaban suavizando.

Y llegó la cumbre de marras. Chávez, fiel a su estrategia populista se dedicó en un foro donde se supone que se va a hablar de cosas más o menos serias a poner a escurrir a Aznar. Le llamó fascista, entre otras cosas. Y aunque me reservo mi opinión sobre si tiene o no razón, no era lugar para hacerlo (aunque bueno, este palomo ya saltó con aquello de “Huele a azufre” en Naciones Unidas). Increíblemente Zapatero, durante su turno de intervención, le vino a decir que Aznar, pese a no ser santo de su devoción, había sido elegido democráticamente y que en todo caso nos metemos con él nosotros. Todo lo fascista que quieras, pero es nuestro fascista. Algo muy español, por otra parte, que sólo nos ponemos de acuerdo cuando alguien ataca a otro español, por muy enemigo que sea. A ese le parto la cara yo y sólo yo, etcétera.
Pero claro, aquí viene la parte delicada del asunto. En ese momento, en una reunión internacional, el presidente del gobierno representa a todos los españoles, representa a España (y que cada uno entienda por España lo que le venga en gana, esa no es la discusión de hoy). Y yo ya lo siento pero a mi me sienta muy mal que cuando hablo mis interlocutores en lugar de atender a mis razonamientos se dediquen a vocear consignas populistas tocahuevos (con más o menos razón, pero es que casi es lo de menos). Que a la la cumbre iberoameriana se va a hablar de cosas serias, y no a tener discusiones de barra de bar. Y obviamente me parece totalmente normal que el Rey, cuando no están dejando hablar al representante de sus ciudadanos salte. ¿Que igual no eran las formas? Quizás. Pero les aseguro que cuando vi el vídeo yo estaba ya de buenos cojones y personalmente hubiera dicho algo más animal, posiblemente relacionado con el sexo anal involuntario. Vete a dar un paseo y cuando sepas comportarte en público vuelves, Hugo de mi alma.

Basta ya de gilipolleces. España lleva bastantes años viviendo con una mezcla de complejo de inferioridad y de culpabilidad que hay que ir superando. No se puede permitir que cualquier cretino vaya por ahí diciendo las barbaridades que le vengan en gana sin que pase nada. De acuerdo que hay que mantener buenas relaciones con Venezuela porque tenemos muchos intereses comerciales allí, pero no a cualquier precio. Chávez se equivoca, porque ante su enfrentamiento con Estados Unidos podría tener un gran aliado en España y por ende en la Unión Europea, pero estas cosas no benefician ni a Venezuela ni a España. Benefician sólo a Chávez, que queda dentro de algunos sectores de su país como el paladín de la lucha contra la colonizadora España, olvidando el pequeño detalle de que esos tiempos ya pasaron. En la Realpolitik este incidente se olvidaría en pocas semanas en pos de los intereses comerciales de ambos paises. Pero con este fulano… nunca se sabe. Que los venezolanos tengan suerte.

P.S. Divertidísimas las reacciones internas en España: El PSOE que muy bien el Rey y Zapatero, IU que muy mal el Rey, el PP que el Rey muy bien pero es culpa de Zapatero, los del Madrid que es culpa del Barça y viceversa, el ABC que el Rey genial pese al esbirro ese del grupo Prisa, Zapatero, los de Cola Cao que si es culpa de Nesquik, CiU que qué hay de lo mío y Moratinos a uvas, como siempre. Si es que somos la hostia.

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Quemando fotos del Rey

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Los efectos perniciosos de Gran Hermano, Corazón Corazón, Salsa Rosa y demás bazofia que puebla la programación de las televisiones patrias están alcanzando a todos los espectros de la población central y periférica, lo que demuestra que sí que hay algo que une a todos los españoles: lo soplapollas que podemos llegar a ser independientemente de nuestro lugar de nacimiento o nuestras inclinaciones políticas o futboleras.

Resulta que un fulano, en algún lugar de Cataluña, creo recordar, tuvo la brillante idea de quemar una foto del Rey. Soberana gilipollez (¿captan el hábil juego de palabras?), porque sirve para bien poquito. Si quieren hacer las cosas bien miren a los vecinos franceses, que en vez de quemar cuadros de Luis XVI le cortaron las uñas de los pies a la altura del cogote, o sea. Bromas las justas. Pero aquí no, aquí andamos como los tarados estos que queman fotos de Bush y banderas estadounidenses y danesas y británicas por oriente medio.

Pero hete aquí que la estupidez es contagiosa. Por una parte los medios de comunicación bajunos y rastreros que tenemos en España en vez de contarnos cosas serias e importantes se dedican a la chorradas que dan audiencia, así que al zumbado de la foto le dedican diez minutos en los telediarios o dos páginas en los periódicos, mientras que el Euribor va sobrado con una breve reseña cada tres meses. Carnaza para la plebe. Ya tenemos a una nueva Madeleine, un nuevo Julián Muñoz o como se llame o un nuevo Borja Thyssen. Todo el país, desde los más sesudos gerifaltes hasta el último cretino que palmó comprando un piso en Seseña hablando de que si quemar fotos es bueno o es malo, que España se rompe, que Froilán es un gamberro y que Carod-Rovira es el sacamantecas redivivo.

Hasta ahora nada nuevo. Pero el caso es que a cuenta de esa cultura de todo a cien que nos venden los medios de comunicación para ser alguien en este país no hay que estudiar, trabajar, pintar, investigar, cantar o cualquier otra cosa que implique el más mínimo esfuerzo, sino más bien hacer el imbécil para caer en gracia debido a la estupidofilia que nos caracteriza. Así que, como Fuenteovejuna, todos los neoprogres hijos de familia bien se han puesto como locos a quemar fotos del monarca, a ver si así salen unos minutillos en la tele. Cuatro cretinos que notienen ni puta idea de donde venimos y que muy raramente te darían una argumentación contra la monarquía más allá de “no tenemos que pagar a nadie por el hecho de ser hijo de”. Filosofía elevada, oiga. Y por el otro lado, los más monárquicos sacando banderas de España a cuál más grande, aunque nadie capte muy bien qué tiene que ver la bandera con el Rey.

El problema es que en España raramente discutimos de las cosas que realmente importan. Por supuesto que hace falta una discusión sobre el modelo político porque la constitución actual era la idónea para los años setenta y ochenta, pero ahora las cosas no son iguales. ¿Queremos monarquía o república?¿Estado federal? Porque vamos, el engendro espúreo este de las Comunidades Autónomas no tiene sentido alguno. ¿Qué cojones pinta la disciplina de voto en el Senado cuando se supone que es una cámara territorial y no ideológica?¿Queremos votar personas en listas abiertas o ideas en listas cerradas? Pero claro, hablar tranquilamente de estas cosas no da votos ni aumenta las audiencias, así que seguimos jugando al regate corto, a lanzar consignas facilonas para que los hooligans ovinos de cada facción las repitan sin parar y a hacer política del cabreo. Y así, mientras nosotros entramos al trapo en las tonterías no pensamos en la base, en el fondo, que es lo realmente peligroso para los periodistas, los politicos y para el Rey.

No suelo dar mi opinión personal sobre estos temas en el blog porque al fin y al cabo es eso, una opinión, y no tiene mayor valor para hilvanar un razonamiento. Pero hoy sí que voy a decir lo que pienso al respecto de la monarquía. Desde un punto de vista puramente racional no se puede ser otra cosa que republicano, ya que la monarquía no es sostenible desde que introducimos la premisa de igualdad entre los seres humanos. Ahora bien, desde un punto de vista concreto (ahora mismo, aquí) y totalmente pragmático puede ser que mantener el status quo nos proporcione más ventajas que cambiarlo. Puede ser. Total, que no se que pensar. No tengo opinión formada sobre el tema. Sólo se que los imbéciles que queman fotos hacen que no quiera ser republicano y los cretinos que defienden al Rey con banderas y no con ideas hacen que no quiera ser monárquico. ¿Hay alguna tercera vía?¿Alguien me da ideas sobre mis dudas monarquía/república en España?

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Parecidos razonables

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Ya decía yo que el nuevo logotipo del gobierno del país me resultaba familiar…

Logos Gobierno - Bundesregierung

A ver, que siempre he dicho que en algunas cosas deberíamos tomar ejemplo de Alemania (en algunas, sólo en algunas). Pero podíamos haber empezado por otras cuestiones, ¿no?

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V-day

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O Vaffanculo day. Es una iniciativa de Beppe Grillo, del que creo que ya he hablado aquí alguna vez. Beppe Grillo es un cómico italiano de los que hacen humor con intención y no dan puntada sin hilo. Al estilo de Caiga Quien Caiga cuando Caiga Quien Caiga era un programa inteligente, y no lo de ahora. Beppe Grillo se caracteriza por estar siempre montándola para influir en la vida italiana. Para que se hagan una idea, recuerdo una petición que hizo a los pequeños accionistas de la Telecom (la Telefónica de mis primos) para que le concedieran el derecho de representación y así llegar al mínimo para poder acudir a las reuniones del consejo de accionistas para dar caña a los soplagaitas que la dirigen. O cuando sacó a la luz un estudio de Casaleggio Associati que ponía en evidencia (vease la mappa del potere) que las grandes empresas italianas pertenecen fundamentalmente a un grupo reducido de personas con participación en unas y otras.

La última idea de Beppe Grillo es el Vaffanculo Day, que en la parla de las españas sería algo así como el Iros A Tomar Por Culo Day. Grillo va a mandar un correo electrónico a todos los diputados y senadores con una iniciativa popular de ley con los siguientes puntos:

  1. Ningún ciudadano puede presentarse a las elecciones (de ningún tipo) si ha sido condenado judicialmente o está en espera de juicio.
  2. Ningún candidato puede ser elegido más de dos legislaturas (punto válido con efectos retroactivos)
  3. Los candidatos serán votados por los ciudadanos mediante un sistema de listas abiertas.

El día 8 de septiembre hará públicas las respuestas de los diputados y senadores, dando por hecho que la falta de respuesta se considerará como estar en desacuerdo con esos puntos. Ese mismo día la gente saldrá a la calle y se reunirá en las plazas de las ciudades italianas para protestar en contra de una clase política incapaz, corrupta, demagoga y más pendiente de sus escaños que del bienestar de sus ciudadanos. La idea me place, claro. A ver si de una vez la sociedad italiana se va dando cuenta de que no puede seguir en manos de gente como Berlusconi (qué se puede decir del gran Silvio), Buttiglione (el fulano que decía que los inmigrantes tendrían que volver al desierto con los camellos o a la jungla con los monos), o el mismo Prodi,que al principio tenía buena pinta pero el professore ya empieza a mostrar las maneras de la mayoría de políticos italianos.

Y claro, uno no puede evitar mirar al patio de su casa y ver a los fulanos que aquí se encargan de gestionar la cosa pública. Y la idea de Grillo me parece muy apropiada para estas tierras en las que Zaplana y Acebes azuzan a sus huestes de hooligans contra Blanco y viceversa, Rajoy sólo sabe decir no, la ministra de cultura (ejem) está a las órdenes de intelectuales pseudoprogres de la talla de Ramoncín, el punto más importante de la reforma educativa es si la religión puntúa o no para selectividad y que los chavales sepan matemáticas y escribir sin faltas de ortografía nos importa un bledo, Zapatero sigue con el talante ese de ceder a todo para que no se enfade nadie, Llamazares no da pie con bola, haciendo propuestas a cual más surrealista en plan payasos sin fronteras vestidos de verde, el Senado es un invento para pagar una pasta a los políticos que los partidos quieren quitarse de encima, los partidos autonómicos barren cada uno para su aldea, la Iglesia sale a la calle de manifestación, las víctimas del terrorismo se las apañan para quedar como los malos y a los jóvenes lo que más nos preocupa es que haya o no botellón en Malasaña.

Propongo, digo, organizar el Iros A Tomar Por Culo Day aquí en España, y sería un puntazo hacerlo coincidir el mismo 8 de septiembre. A ver si de una vez los que mandan se dan cuenta de que han perdido todo contacto con la realidad de la calle. Sería una manifestación festiva, sin colores políticos, una forma de decir a esta gentuza que estamos hartos de ellos y que se vayan al carajo. Pero claro, tal y como somos los españoles íbamos a ir cuatro y el de la guitarra. Aquí sólo nos movilizamos si nuestro equipo baja a segunda, si nos quitan los carnavales, si nos prohiben beber unas litronas en la calle, si la Infanta tiene un crío o si la Pantoja entra en la carcel. Que no podamos comprar una casa, que una carrera te sirva sólo para ser mileurista o que haya gentuza que se lleva a manos llenas los dineros de nuestros impuestos no le importa una puta mierda a nadie.

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Ay Rajoy, Rajoy

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mailing_ppSe libra don Mariano de llevarse el premio por unas pocas horas, porque la soberana estupidez que leo en el ABC (periódico que no es sospechoso de formar parte de las hordas comunistas) es para mear y no echar gota, oigan. En serio que yo cada vez entiendo menos las cosas.

Resulta que en la campaña publicitaria que el PP va a hacer vía mail para las próximas elecciones municipales y autonómicas es el propio don Mariano el que pide el voto para todos los candidatos de su partido argumentando la mala gestión de Zapatero al frente del gobierno del país. O sea. Que mi primo parece que confunde elecciones generales y municipales, y ya podía explicarle alguien que no tiene nada que ver el matrimonio entre homosexuales o las decisiones sobre el De Juana de los cojones con que en Villachica de los Encinares arreglen o no el bache que hay en la calle Ancha. Que en las elecciones generales se vota al poder legislativo (que a su vez elige al ejecutivo) y en las municipales se vota a las personas que van a gestionar una localidad y en este caso las ideologías (que manía le tengo a las ideologías, que manía) no pintan nada (o casi), así como no influye ser del Madrid o del Barça para vender calcetines.

Tema aparte es esa cosa que llamamos comunidades autónomas, espurio invento que nos sacamos de la manga durante la transición para contentar a los nacionalistas vascos y catalanes pero sin discriminar demasiado a los demás, algo que en su momento estuvo bien hecho pero que quizás habría que replantear cuando acabemos de discutir cosas mucho más importantes como si la religión puntúa o no para selectividad. Aquí los planteamientos hooligans políticos de los candidatos ya tienen más peso, pero la cosa se complica si consideramos que salvo contadas y honrosas excepciones los presidentes de las comunidades autónomas (o C.C.A.A., al estilo Buruaga) miran más por el interés nacional de su partido, pensando en llegar a ser ministros, supongo, que en cumplir el trabajo por el que están cobrando, useasé, defender los intereses de una zona de España. Así que si quieren voten a un partido en lugar de a un canditato. Tanto da.

No confundan peras con manzanas, como diría aquella concejala de cuyo nombre no quiero acordarme. Y repito: no nos traten como gilipollas. En estas elecciones no se vota al gobierno del país aunque muchos lo vean así. Y antes de que se me solivianten los que cargan a la derecha, déjenme decirle que los otros vienen haciendo lo mismo y el protagonista de este post podía haber sido perfectamente Zapatero. Pero es que últimamente el PP parece que le va sacando una cabeza de ventaja al PSOE en el muy español y castizo arte de decir chorradas. Y miren que eso es difícil, pardiez.

¿Dónde me tengo que apuntar para que me hagan islandés, noruego o algo de esto?

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Los malditos muros

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Dentro de mi proceso de germanización me he pegado un fin de semana de los buenos buenos. El viernes estuve de fiesta con el Steiper y la Steiperin y el domingo me dediqué a vegetar en la cama consumiendo sin descanso material audiovisual sobre Alemania: documentales, películas, revistas teutonas, mapas, folletos turísticos y lo que se me pusiera por delante. Motivado que está uno.

Entre otras cosas estuve viendo “Das Leben der Anderen” (La vida de los otros) en versión original subtitulada, con un par. A grandes rasgos, y sin pretender desvelarles nada sobre la trama, la historia gira en torno a una pareja de artistas en la antigua Alemania Oriental que están siendo espiados por la Stasi, la policía política de la DDR, por sus posibles críticas hacia el sistema político del país. Película muy recomendable (no entraré a discutir sobre si está bien o mal hecha técnicamente aunque a mi me parece muy correcta: no entiendo demasiado de cine) sobre todo por la visión de los años previos a la caída del muro y la reunificación alemana. Uno se queda de piedra viendo la actuación de un estado totalitario con sus propios ciudadanos y la inutilidad de los últimos esfuerzos de sus viejas estructuras para mantener un modelo de organización que tenía los días contados.

Al acabar, tras media horita meditando para digerirla, me tragué Good bye Lenin!, la historia de Alex, un chico del Berlín Oriental cuya madre entra en coma poco antes de los acontecimientos del otoño de 1989. La madre es una socialista convencida y dirigente del partido y cuando despierta del coma Alex se esfuerza para hacerle creer que las cosas siguen como antes, que la DDR sigue existiendo y el muro sigue en pie protegiendo al bloque soviético del capitalismo ya que la conmoción que podría suponerle el conocimiento de la realidad debilitaría aún más su salud.

Con estas dos películas, la conversación nocturna del viernes con la Steiperin (ella también es de la Alemania del Este), mi visita al Observation Point Alpha y algunas lecturas tengo una imagen bastante clara de lo que pudo suponer la división del país. De como familias y amigos se vieron divididos por líneas dibujadas sobre un mapa por los que hace cincuenta años se repartían el mundo sin considerar la voluntad de los ciudadanos. Y de como Alemania supo esperar hasta que los tiempos maduraron para volver a ser el gran país que es hoy en día. De como los ciudadanos de ambos lados se abrazaban mientras la clase política estaba inmersa en una espiral de delirios sin contacto con la realidad del pueblo. De como las heridas pueden cicatrizar.

Pero los alemanes no son españoles. España es un país cabrón como ningún otro: dejadnos tiempo y acabaremos a leches los unos con los otros. Es nuestra tendencia natural. Sólo nos ponemos de acuerdo si hay un enemigo externo, y ahí todos arrimamos el hombro para luchar contra él, qué se habrá creído el Napoleón ese, a mi vecino le ahostio sólo yo. Tuvimos nuestra propia guerra civil, no hizo falta que viniera nadie a dividir el país porque ya lo hicimos nosotros, pueblo a pueblo, casa a casa y lo pagamos durante cuarenta años bajo el régimen de los que ganaron. Entonces llegó la transición, una generación de políticos responsables (si me permiten la contradicción) y ganas de, por una vez, mirar hacia adelante. Superamos un intento de golpe de estado y se sentaron las bases para una democracia moderna. Buenos tiempos, dentro de lo que cabe, en los que como decía Guerra a España no la reconocía ni la madre que la parió. Suárez, González, Fraga y Carrillo discutiendo sobre qué hacer con el país. Verlo y no creerlo.

Pero claro, no podía durar. A esa generación de políticos sucedió otra de imbéciles egoístas, con tanta visión de la política como puede tener un bocadillo de morcilla, buscando sólo el beneficio inmediato en lugar de los procesos a medio o largo plazo. Gentuza que ni siquiera es consciente de que su deber es mejorar el país, que para eso les pago, y no tener cuatro miserables votos más en las próximas elecciones. El desfile de incompetencia y descaro empezó con los mangantes de las últimas épocas de los gobiernos de Felipe González, siguió con la política destructiva de Aznar que le llevó al poder, las luchas internas entre los miembros de cada uno de los partidos para alcanzar mayores parcelas de poder, el buen rollito tolerante cero de Zapatero, el neopopulismo de Rajoy, Zaplana, Acebes y Blanco poniendose a parir en sus papeles de defensas leñeros, Izquierda Unida sacando a colación ideas cada vez más peregrinas, los nacionalistas y la Iglesia arrimando el ascua a su sardina y la clase periodista vendiendo su objetividad por un plato de lentejas y tres o cuatro concesiones.

Lo que más me preocupa es que esta panda de cretinos que con nuestro dinero está dirigiendo el país está utilizando todos los medios posibles por ganar un puñado de votos, apelando a los viejos fantasmas de las Españas: la división, los buenos y los malos, los rojos y los azules, los altos y los bajos, los catalanes y los castellanos, los del Madrid y los del Barça. Y dilapidando el gran capital generado durante la transición en forma de seriedad, ilusión y ganas de mejorar el país (tampoco fue tanto, pero para lo que estamos acostumbrados en España era una barbaridad, pardiez) nos vuelven a poner delante el trapo rojo de la división, el tu vecino es el malo y nosotros los buenos. Y los ciudadanos, reflexionando como un Mihura en la misma situación arrancamos hacia el capote con los cuernos por delante y los ojos inyectados en sangre fijos en el objetivo, sin darnos cuenta de que los cabrones que nos torean están utilizando nuestro valor y nuestros arrestos para dirigirnos al sol que más les calienta a ellos.

No aprendemos, no. No sacamos ninguna conclusión de nuestros errores ni de los demás. Tenemos ahí, en los libros de historia y en nuestra memoria reciente dos paises que vivieron divididos y sabemos lo que eso significa. Alemania parece que poco a poco ha aprendido de sus errores y a base de ganas, solidaridad, trabajo y conciencia está consiguiendo reunificar el país (pero aún hay diferencias, sobre todo económicas, que no es oro todo lo que reluce). Y tiene una clase dirigente que con una visión mucho mayor que la de los políticos ibéricos se puede permitir cosas como la Große Koalition gracias a la cual gobiernan unidos los dos partidos mayoritarios sin deber sus escaños a los caprichos de los pequeños partidos bisagra, algo que me temo tardaremos mucho en ver en España. Y mientras tanto aquí nuestros castizos cenutrios siguen llamando política a gritar más fuerte “y tú más”, a salir en la tele haciendo una frase graciosa atacando al rival, a acusarse mutuamente de corrupción y a remover lo más oscuro y profundo del espíritu español en beneficio propio. Apelando al muro que divide España en dos cuando se habla de política, de fútbol o del precio de los boquerones. Quien siembra vientos recoge tempestades, y aunque no quiero ser alarmista (ni España se rompe, ni va a haber otra guerra civil ni hostias en vinagre) estamos perdiendo demasiados esfuerzos en encabronarnos mutuamente, y eso nunca trae nada bueno. Así que puestos a cabrearse, que sepáis que yo estoy de muy mala hostia con vosotros, los imbéciles que desde distintos patidos estáis jugando con nosotros en vuestro beneficio (y perdón por el tuteo, pero no creo que os merezcáis ser tratados de usted). Y cuando vengáis a pedirnos el voto, no os extrañe que lo único que consigáis de la gente sea ignorancia y desprecio. Queremos que se levanten puentes y no más malditos muros, que en treinta siglos de historia ya hemos tenido suficientes. Mis primos alemanes derribaron el suyo. ¿Cuando haremos lo propio con los nuestros?

menéame

El hermano de Leonor

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O la hermana, que aún no se sabe el sexo, que no el género, del niño que van a tener los Príncipes de Asturias. Parece que doña Letizia (me cuesta horrores escribirlo con zeta) está embarazada otra vez, así que en un principio, mi más sincera enhorabuena. Y no es coña.

Una vez terminados los cumplidos, vamos al asunto. Grande revuelo el organizado en torno a la posibilidad de cambiar la Constitución para que se altere el orden de acceso al trono de España y se permita que si el crío es cría preceda a su hermano menor. Ya saben que hasta ahora es el varón de mayor edad el preferido, y las infantas sólo acceden a la línea sucesoria si no tienen hermanos. Pues bueno, pues vale. Pero permítanme que me desternille cuando el argumento para este cambio es que no haya discriminación de sexo, que no de género, en los derechos al trono y encima argumentan que eso es lo que dice la Constitución.

Atentos a la sutileza del asunto: Hay que cambiar la Constitución porque se contradice, o sea, porque es anticonstitucional. Tela. Aún así esto tendría una fácil solución, se hace el apaño que se está planteando y listo. Pero es que el punto ese de la discriminación (título 1, capítulo segundo, artículo 14) dice precísamente esto:

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

¿Qué hay de esa discriminación por razón de nacimiento? ¿No es intrínsecamente incompatible con la existencia de una monarquía?

A ver si nos ponemos las pilas y dejamos de cogérnosla con papel de fumar. Existe una cosa que se llama status quo, tampoco estoy yo aquí clamando por la república: hay cosas más importantes que hacer en España que discutir sobre el modelo de Jefatura del Estado cuando el actual funciona decentemente, o casi. Que dejen las cosas como están, o que las cambien si quieren para que sea la Infanta Leonor la que herede el título de Princesa de Asturias, que me la trae al pairo siempre que sea quien sea se prepare para el trabajo que tiene que hacer. Y si no le gusta, que abdique. Los Reyes, al fin y al cabo, también son mis empleados. Pero que hagan esos cambios sin darle tanto bombo al asunto que no tiene tanta chicha la cosa, sobre todo ahora que la monarquía tiene un papel meramente representativo y la podríamos mandar a paseo si la gente estuviera en su mayoría convencida de ello (que yo creo que ahora mismo no lo está, ya que son pocas las voces que se oyen promoviendo un referéndum para la instauración de la república). Que lo importante no es que el Rey sea el hermano o la hermana, sino que el que toque cumpla bien con su trabajo.

En otro orden de cosas, estoy preocupado ya por la brasa que nos van a dar los medios de comunicación con el embarazo y demás. Me parece que voy a pasarme un añito o así sin ver la televisión y leyendo los periódicos españoles con mucho cuidado, que una cosa es informar y otra dar la paliza al pobre ciudadano. Menos mal que tengo cosas mucho más importantes que hacer que estar pendiente del embarazo de doña Letizia, como por ejemplo bajar al bar a tomarme una cañita y un pincho de tortilla.

menéame