Martes, 25 de Septiembre de 2007
De auriculares y ejecuciones
Lee más sobre: ¡Hasta aqui hemos llegao!
Me gusta el transporte público, por filosofÃa y por comodidad. Ya se que algunos me dirán que es mucho más cómodo moverte en tu coche, pero si consideramos que a mi me gusta conducir tanto como que me santigüen la espalda a latigazos igual la cosa se empieza a comprender. Por eso cuando tengo oportunidad dejo el coche tirado en el primer sitio que encuentro y pillo el autobús, el metro, el avión o lo que se tercie.
No obstante todo tiene sus inconvenientes. Ir en un transporte colectivo implica compartir viaje con otra gente, salvo que tengas mucha suerte y pilles el autobús vacÃo, cosa que no sucede muy a menudo. Tienes que compartir viaje con otra gente, decÃa, y si atendemos al porcentaje de cretinos que pueblan las Españas, lo mas probable es que te toque un desgraciado de esos que te dan el viaje, en sus distintas modalidades: el niño cabrón que no para de gritar, la joven L’Oréal (porque ella lo vale) que te echa encima el respaldo del asiento, el fulano cuarentón que ha descuidado la higiene y demás fauna. Pero bueno, uno ya está más o menos acostumbrado y blasfemando en diversas lenguas suelo llegar a destino en un razonable estado mental.
Pero hay un nuevo engendro urbano que me saca de mis casillas: el del reproductor de mp3. Yo no tengo un aparato de esos porque cuando voy por la calle me gusta oir los sonidos de la vida, y me descojono cuando veo a la gente andando como zombies con las cosas esas en las orejas. Si Darwin no está equivocado, muchos de ellos deberÃan morir atropellados antes de que lleguen a reproducirse en aras de la mejora de la especie. Ojo, que no digo que esté en contra de estos cacharros: la música es cultura y me parece estupendo que la gente se deleite con ella pero, pardiez, hay momentos para todo. Y caminar por la ciudad o montar en bicicleta seguramente no sean el contexto óptimo para darle al dorremÃ. O sea.
En cambio el autobús, el metro o el avión sà que son ambientes propicios para la música. Dispones de una cantidad más o menos larga de tiempo en la que no puedes hacer muchas cosas más (porque de ponerse a leer, ni hablamos, qué dirÃan mis compañeros de curro si me ven con un libro) asà que lo de escuchar algo de música se me antoja buena idea. Asà que ahora cada vez que el aparato de turno arranca una legión de pasajeros saca su iPod o como se llame y se dispone a escuchar el último disco de Bisbal. Bien. Estupendo. Ningún problema.
¡Error! Si que hay un problema, y bien gordo. Mi buena suerte innata en los transportes públicos hace que se siente a mi lado un fulano (o fulana) de procedencia latinoamericana (o del extrarradio madrileño) y se ponga la música a toda hostia. A las ocho de la mañana. Reaggeton de ese. Que si dame más gasolina, que si me gusta la gasolina, y eso al precio que está. Parece mentira que unos auriculares de esos puedan llegar a hacer tanto ruido aunque pensándolo friamente lo más probable es que sea debido al efecto resonante que produce la cabeza vacÃa del palomo. En Alemania monté en un autobús donde habÃa una señal prohibiendo poner el volumen de los auriculares demasiado alto. Aquà el conductor te pone a la Pantoja en Cadena Dial, asà que jodidos estamos. Total, que a ver quién consigue concentrarse en las andanzas de Edmond Dantès cuando suena a tu vera Chenoa a todo trapo (cagüenlaputa, por qué no me tocará nunca uno que vaya escuchando algo de Bach…). O quién consigue dormirse, cuando la hora o la resaca lo imponen.
Como lo de educar a esta gente lo doy por imposible (ya es tarde, y además me temo que con lo que enseñamos a los crÃos en los colegios vendrán muchos más desgraciados de estos) se me ocurre algo para solucionar esto: la obligatoriedad de ponerse una pecera en la cabeza aislada herméticamente para que no escape sonido alguno. Lo de que se queden sin oxÃgeno serÃa un daño colateral que deberÃamos asumir. Total, tampoco se pierde tanto. Porque si no la próxima vez que el de al lado vuelva con lo de dame más gasolina se la voy a dar, si. Y luego una cerilla encendida. Y es que el método Auschwitz es mano de santo.
25 de Septiembre de 2007 a las 12:08
Es cierto, coincido casi plenamente con tu idea. Solo advierto dos asuntos. Lo primero es que la procedencia de dichos palomos no es una caracterÃstica esencial de los mismos. Vamos, que también los hay muy capitalinos y con la misma irreverencia. Y lo segundo es el contenido que le toca a uno soportar. Claro que no es lo mismo uno que va escuchando a maxima potencia el Requesón de ese, Chenoa o Bach, este ultimo será mas agradable, pero el tipo pecará de la misma falta de respeto hacia cualquiera que este a dos o tres asientos de distancia.
Y ya me voy diciendo que, el otro dÃa volviendo en autobús me toco escuchar la radio que le agradaba al conductor de turno, y casi me toca oÃr la explicación radial de “como se colocan las bolas chinas”. Tuve la suerte de bajarme antes.
25 de Septiembre de 2007 a las 13:30
No has nacido para vivir en este paÃs,eso está claro XD
¿Has probado a pedir educadamente que baje el volumen de su musiquita? Seguro que si pones tu sonrisa-encantadora no te ponen pegas ni te pegan XD No seas cafre, recuerda lo que tus papás seguramente te enseñaron de niño, que hay que ser dulce como la miel y pacÃfico como una ovejita XD
25 de Septiembre de 2007 a las 15:06
Hay una categorÃa de cretinos profundos que es peor todavÃa. La que escuchan música… en el teléfono. Sin auriculares. A esos les ponÃa la cabeza debajo de las vÃas del tren. No es raro ver a esos errores de la naturaleza escuchando música con un volumen tan alto que se oye desde el andén contrario.
Un saludo.
25 de Septiembre de 2007 a las 16:04
tienes mas razón que un santo. Yo, además, añadirÃa a la lista de indeseables aquellos que cuentan desgracias y operaciones por el movil a grito pelao. Bueno, y en persona también prohibirÃa hablar de esos temas en el transporte público. No hay cosa que más me reviente que ir placidamente con mi libro y que se sienten dos fulanos/as a mi lado y vayan todo el trayecto describiendo la operación de próstata de su vecino, o el accidente laboral que le ha segado los dedos del pie a Mengano. No le dejan a una concentrarse en la lectura y para colmo te dejan un mal cuerpo…
25 de Septiembre de 2007 a las 21:10
¡Me parto de risa!¡Qué bruto eres!
Hasta me vas a hacer valorar lo que es vivir a las afueras de una ciudad de provincias e ir con el coche hasta para comprar el pan (¡ya sé que va en contra del medio ambiente, lo sé! Pero aquà no hay cercanÃas y los autobuses tardan lo suyo)
Lo de la música es molesto, no digo que no, pero para mÃ, lo que sà es insoportable es el olor del sobaquillo “al natural”.
25 de Septiembre de 2007 a las 23:54
Fijate tu, que cuando yo era Heavy ponia los cascos a toda hostia para soliviantar a la vieja de al lado…en fin…etapas
26 de Septiembre de 2007 a las 13:19
Elfo-e, o mejor dicho Fócrates, cuando tú eras Jevi lo más Heavy que se escuchaba era Fórmula V. Hombre, que tenemos una edad ya…
Subrayo esa nueva especie de retrasados mentales que proliferan en el metro con el movil en la mano sonando ALGO andando de un lado a otro del vagón!!!…es que…es que… Y no he visto uno y ahora generalizo, he visto muchos, coño.
26 de Septiembre de 2007 a las 22:27
Para completar la fauna, yo añadirÃa los chunda-chunda motorizados, con las ventanillas bajadas aunque la temperatura sea bajo cero y el riguitón ese a toda leche.
En este caso puedo aportar un poco de justicia poética. Resulta ser que tengo yo un amiguete bastante chorizo (hay que tener amigos hasta en el infierno), que cuando los ve pasar atronando la calle con sus carÃsimos equipos de música motorizados, suele mirarlos pasar con una sonrisilla entre pÃcara y soñadora mientras dice, como para sus adentros, “ya te pillaré yo, ya”. Obviamente los “loros” en cuestión etapas de potencia o como carajo se diga incluÃdas, no suelen tardar en estar a la venta en el más negro de los mercados.
27 de Septiembre de 2007 a las 19:16
Cierto!!!!! Y como decÃa Gila “ésos que van con cara de NADA”… y es que la cara es el espejo del alma (y el “requesón” de la gasolina ese no puede ser bueno, no señor)






Hay 9 comentarios sobre “De auriculares y ejecuciones”
Suscribete a los cometarios con RSS o TrackBack.