Idiota.- Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.(F. Savater)

Storage: Septiembre, 2007

Y luego dicen que los técnicos emigran…

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¡Ser un maestro en programación y no cobrar demasiado! A ver, señores: 18000 no es demasiado, es una puta mierda. 24000 ya es otra cosa, para un junior, pero para un maestro en programación no lo veo, no. No cobrar demasiado… cachondos, que son ustedes unos cachondos.

menéame

De auriculares y ejecuciones

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Me gusta el transporte público, por filosofía y por comodidad. Ya se que algunos me dirán que es mucho más cómodo moverte en tu coche, pero si consideramos que a mi me gusta conducir tanto como que me santigüen la espalda a latigazos igual la cosa se empieza a comprender. Por eso cuando tengo oportunidad dejo el coche tirado en el primer sitio que encuentro y pillo el autobús, el metro, el avión o lo que se tercie.

No obstante todo tiene sus inconvenientes. Ir en un transporte colectivo implica compartir viaje con otra gente, salvo que tengas mucha suerte y pilles el autobús vacío, cosa que no sucede muy a menudo. Tienes que compartir viaje con otra gente, decía, y si atendemos al porcentaje de cretinos que pueblan las Españas, lo mas probable es que te toque un desgraciado de esos que te dan el viaje, en sus distintas modalidades: el niño cabrón que no para de gritar, la joven L’Oréal (porque ella lo vale) que te echa encima el respaldo del asiento, el fulano cuarentón que ha descuidado la higiene y demás fauna. Pero bueno, uno ya está más o menos acostumbrado y blasfemando en diversas lenguas suelo llegar a destino en un razonable estado mental.

Pero hay un nuevo engendro urbano que me saca de mis casillas: el del reproductor de mp3. Yo no tengo un aparato de esos porque cuando voy por la calle me gusta oir los sonidos de la vida, y me descojono cuando veo a la gente andando como zombies con las cosas esas en las orejas. Si Darwin no está equivocado, muchos de ellos deberían morir atropellados antes de que lleguen a reproducirse en aras de la mejora de la especie. Ojo, que no digo que esté en contra de estos cacharros: la música es cultura y me parece estupendo que la gente se deleite con ella pero, pardiez, hay momentos para todo. Y caminar por la ciudad o montar en bicicleta seguramente no sean el contexto óptimo para darle al dorremí. O sea.

En cambio el autobús, el metro o el avión sí que son ambientes propicios para la música. Dispones de una cantidad más o menos larga de tiempo en la que no puedes hacer muchas cosas más (porque de ponerse a leer, ni hablamos, qué dirían mis compañeros de curro si me ven con un libro) así que lo de escuchar algo de música se me antoja buena idea. Así que ahora cada vez que el aparato de turno arranca una legión de pasajeros saca su iPod o como se llame y se dispone a escuchar el último disco de Bisbal. Bien. Estupendo. Ningún problema.

¡Error! Si que hay un problema, y bien gordo. Mi buena suerte innata en los transportes públicos hace que se siente a mi lado un fulano (o fulana) de procedencia latinoamericana (o del extrarradio madrileño) y se ponga la música a toda hostia. A las ocho de la mañana. Reaggeton de ese. Que si dame más gasolina, que si me gusta la gasolina, y eso al precio que está. Parece mentira que unos auriculares de esos puedan llegar a hacer tanto ruido aunque pensándolo friamente lo más probable es que sea debido al efecto resonante que produce la cabeza vacía del palomo. En Alemania monté en un autobús donde había una señal prohibiendo poner el volumen de los auriculares demasiado alto. Aquí el conductor te pone a la Pantoja en Cadena Dial, así que jodidos estamos. Total, que a ver quién consigue concentrarse en las andanzas de Edmond Dantès cuando suena a tu vera Chenoa a todo trapo (cagüenlaputa, por qué no me tocará nunca uno que vaya escuchando algo de Bach…). O quién consigue dormirse, cuando la hora o la resaca lo imponen.

Como lo de educar a esta gente lo doy por imposible (ya es tarde, y además me temo que con lo que enseñamos a los críos en los colegios vendrán muchos más desgraciados de estos) se me ocurre algo para solucionar esto: la obligatoriedad de ponerse una pecera en la cabeza aislada herméticamente para que no escape sonido alguno. Lo de que se queden sin oxígeno sería un daño colateral que deberíamos asumir. Total, tampoco se pierde tanto. Porque si no la próxima vez que el de al lado vuelva con lo de dame más gasolina se la voy a dar, si. Y luego una cerilla encendida. Y es que el método Auschwitz es mano de santo.

menéame

Non c’è più

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Tenía pensado un título para este post. Me lo robó Lucas.

De todas formas, nessun dorma.

Y por favor, que nadie me hable de operacíon triunfo, factor equis y la madre que los parió a todos (y la falta de mayúsculas no es un error, es que no se las ganaron).

No son conscientes. Me temo que ustedes no son conscientes de lo que significa verle cantar al lado de casa. De lo que fue nuestra casa. En la ciudad que siempre será nuestra casa. Si los Juegos Olímpicos fueran en España cantaría la Pantoja. Allí cantó Él (y esta mayúscula sí que es merecida).

All’alba vincerò

menéame