Martes, 24 de Julio de 2007
El crÃo del semáforo
Lee más sobre: ¡Hasta aqui hemos llegao!, Reflexiones
Julio en Madrid. Hace un calor de mil demonios y servidor no tiene jornada de verano, asà que estoy todos los dÃas hasta las seis como poco en la oficina. Este encima es uno de esos dÃas en los que tienes mucho trabajo, estás de los nervios y acabas discutiendo con el jefe, los compañeros, la señora de la limpieza y la máquina del café. Estoy hasta el gorro de todo ya, vamosombre. Cagüentusmuertos.
Me voy de la oficina, y evalúo la cantidad de mierda que tiene encima el coche: la plantación de patatas que llevo en el techo empieza a ser perjudicial para la aerodinámica y el consumo, asà que decido darle el lavado anual. Nada de especial, un túnel de lavado, splash, chof, chof, fiiiiiu y adelante. Que luego se acostumbra. No obstante al acabar lo miro extrañado: si, parece que era azul en vez de gris como yo pensaba. Y por fin consigo ver a través del cristal. Asà da gusto conducir, oiga.
Por los cojones. Da gusto conducir por una autopista alemana una noche de septiembre, pero la A2 de entrada a Madrid a las seis de la tarde es otra historia. Encima un cretino de los que se intentan meter en la salida de la M30 a última hora se ha empotrado en el coche que iba delante, asà que me como un atasco como el sombrero de un picador. Cigarrito, cagüendiós, cigarrito, cagëndiós, cagëndiós. Parezco Karras. Total, que por fin consigo tomar la M30 y me meto por la salida de la callé Alcalá, con mi faldita almidoná y esos nardos apoyados en la cadera. Último semáforo.
Y allÃ, mientras espero, lo veo. Un niño cabrón de unos ocho o nueve años con pinta de rumano, o asÃ, viene hacia mi amenazando con un chisme de esos de limpiar las lunas de los coches. No, le digo gritando, con la cabeza y con el dedo. No me jodas que tengo el cristal niquelado y hoy estoy para pocas bromas. Pero parece ser que “no” en rumano signifÃca “¿le importarÃa limpiarme la luna del coche, por favor?” porque el desgraciado sigue andando con una cara de cabrón de las que no se pueden aguantar. Este no servÃa para un anuncio de esos de seguros de vida, no. Con ese careto de hijoputa no enternece ni a Teresa de Calcuta.
La mala bestia se sigue acercando mientras verifico que tengo las puertas bien cerradas (si, si, racismo y lo que ustedes quieran, pero fÃate tu del rumano y no corras) y le sigo gritando no te acerques, la puta que te parió. Pero no hay huevos. El tÃo llega y me dibuja con el artilugio ese un corazón en la parte derecha del parabrisas. En toda la parte derecha, con dos cojones. No he visto un corazón más grande en la vida. Si hoy me hubieran subido el sueldo, fuera sábado, hiciera fresquito, hubiera echado el mejor polvo de mi vida y la criatúra fuera de esas que te miran con unos ojitos que te derriten igual hasta hubiera cedido. Total, unos céntimos no van a ninguna parte. Pero con el dÃa que llevo a este mamón no le doy yo ni los buenos dÃas.
El fulano sigue ahÃ, perfeccionando el corazón y yo barajo la posibilidad de bajar del coche y darle las hostias que le tenÃa que haber dado su padre hace años, aunque claro, para eso su madre tendrÃa que saber quien es. Además hay otros dos o tres paisanos suyos alrededor, y salir del coche significa quedarte sin ordenador, sin cartera, sin tabaco y posiblemente sin coche. Asà que hago lo que puedo y mientras grito como uno de esos que ven los partidos de fútbol le doy al agua y a los limpiaparabrisas para ver si la maldita rata se va de allÃ, pero no hay huevos. Encima se pone a jugar con ellos, esquivándolos. Pienso que si hay suerte igual la mala bestia tropieza y cae delante del coche, y sólo soltando un poquito de embrague podrÃa pasarle por encima, blomp blomp, y librar a la humanidad de este elemento. Hasta estoy seguro de que el juez serÃa comprensivo y como mucho, entre atenuantes y tal, me caerÃan un par de años. Buen precio. Pero no tropieza el cabrón, no. Yo estoy desencajado de tanto gritar y hacer aspavientos mientras muerdo el volante de la mala hostia que tengo, y cuando el semáforo se pone en verde el hijo de la gran puta se aparta lo justo y mientras acelero me mira con una sonrisa de esas que dicen “te jodes, capullo”. Y yo sigo adelante mientras me sale la bilis por las orejas de impotencia y de rabia.
25 de Julio de 2007 a las 18:30
¡Ay, pobre! ¿Y encima te ponen spam en los comentarios?
Jooooo, ¡¡¡Conozco esa salida de la M-30 tan bien!!! ¡Es la de mi antigua casa!
Bueno, una cervecita y un poco de relax. Que los niñitos estos son unos cabroncetes, pero tampoco es para tanto un poco de jabón en el parabrisas. Cuando vivÃa en Madrid me agobiaban bastante, siempre llevaba el seguro bajado, intentaba que el bolso no estuviera a la vista y me quedaba a una distancia prudencial del coche de delante para poder maniobrar (jo, al final va a ser que en las provincias se vive más tranquilo).
Ah y gracias por la traduzzione.
Besos!!!
25 de Julio de 2007 a las 20:09
Son de esas cosas que tu conciencia no está de acuerdo con lo que sientes respecto a esos cabrones, porque joder, no han sido muy afortunados esa la verdad, pero en esos momentos, que dices NO, y nada, NO, y ole, NOOO!!, y ni puto caso….al final te tienes que cagar en todos sus padres y alisarles la pelambre con tus alaridos para que no se acerquen (porque no es el hecho del embadurnamiento, es el hecho de la limpieza “interior” que te pueden hacer. Pero bueno, peores cosas nos pasan y no nos quejamos tanto…por culpa nuestra, claro.
26 de Julio de 2007 a las 0:21
Je, algo parecido me ha pasado a mà recientemente. Pero en mi caso el hideputa (estoy seguro) llevaba traje. La bilis, poco más o menos la misma.
2 de Agosto de 2007 a las 11:08
Yo les digo que no, con el dedo y con cara de mala leche, y si se ponen a limpiar les dejo que hagan, mejor eso que te dejen el cristal asqueroso… pero luego, meto primera y arreando, que les den, no pago nada a alguien al que le he dicho que no, y punto.






Hay 4 comentarios sobre “El crÃo del semáforo”
Suscribete a los cometarios con RSS o TrackBack.