Idiota.- Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.(F. Savater)

Stuttgart

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El fin de semana pasado volví a las andadas y el jueves a eso de las seis de la tarde estaba en Barajas enfrente de los mostradores de facturación de mi compañia low-cost de cabecera, Germanwings. Como sólo tiene dos destinos desde Madrid y no hace tanto que pasé por Colonia, había que probar lo de Stuttgart. No entraré en los detalles del vuelo para no aburrir. Lo único destacable es que esta vez misteriosamente no había niño cabrón, así que todo fue perfecto.

Aterrizamos en Stuttgart y recogimos las maletas, que llegaron sin problemas (y eso, saliendo de Barajas, si que es novedad). Cogimos un taxi, que por cierto era un Mercedes tremendo, se nota que la empresa es de allí, y nos fuimos al hotel Merit, en Tübingerstraße, en el Mitte, el barrio central de Stuttgart. El recepcionista era argentino, así que no tuvimos problemas para comunicarnos (ya estaba yo preocupado pensando que tendría que mantener una conversación larga en alemán). Como era tarde dejamos las maletas, salimos a cenar algo de comída típica alemana (un kebab) y volvimos a dormir.

Schlossplatz

El viernes nos levantamos pronto y fuimos a dar una vuelta por Stuttgart. El eje de la ciudad es la Königstraße, una calle peatonal con muchísimas tiendas que siempre está llena de gente. A mitad de la calle está la Schlossplatz, una plaza bastante grande con unos jardines tan bien cuidados como todos los alemanes donde las teutonas se tumban a tomar el sol (supongo que los teutones también, pero no me fijé). Al frente está el castillo, la mayor atracción arquitectónica de la ciudad y a la derecha el castillo viejo. Siguiendo por la Königstraße se llega a la estación de trenes, un edificio impresionante con la arquitectura clásica del periodo de entreguerras y una torre coronada con el emblema de Mercedes desde que se puede ver toda la ciudad. Subir a la torre es gratuíto, lo que está bien cuando quieres gastarte lo mínimo indispensable. Desde allí cogimos un tren de la DB y nos fumos a Ludwigsburg.

Schloss in Ludwigsburg

Ludwigsburg es una pequeña ciudad que está a once minutos en tren al norte de Stuttgart (y en Alemania once minutos son once minutos, los trenes tienen generalmente una puntualidad impensable en latitudes más meridionales). Es una ciudad muy acogedora, con una arquitectura muy típica de la zona. Su atracción principal es el Residenzschloss, un palacio de estilo barroco (el de la foto) constuido a principios del siglo XVIII. Creo que allí se rodó la película de Sissi, así que pueden hacerse cargo. Impresionantes son los jardines divididos en dos zonas, una con los clásicos jardines palaciegos con perfectas formas geométricas y la otra organizada como un jardín botánico y parque de diversión para los habitantes del palacio, con un estanque precioso y rincones estupendos para disfrutar de ellos en la compañía adecuada, ya me entienden. Tres horas, tres, tardamos en recorrerlos.

Después de comer unas Bratwurst volvimos a Stuttgart. Dimos una vuelta por el centro y cuando nos entraron ganas de cenar nos sentamos en Zum Paulaner, una taberna bávara situada al final de la Calwerstraße, una calle paralela a la Königstraße llena de restaurantes. Allí probamos el Gaisburger Marsch, el plato típico suabo, y nos dimos con pasión a la Hefeweizen. A las dos horas yo hablaba perfectamente alemán (”con un ligero acento español”, decía el cachondo del camarero). Al poco volvimos al hotel dando tumbos, que al día siguiente había que madrugar.

El sábado nos levantamos a eso de las ocho y media y bajamos a desayunar. Una de las camareras del restaurante del hotel era italiana, así que no tuve que hacer malabarismos con mi paupérrimo alemán para explicarle que quería un café. La verdad es que los desayunos en el Merit están muy bien, al más puro estilo alemán con quesos, fiambres, verduras -estos palomos le echan Gurken (pepino) hasta al Cola Cao-, zumos, cereales y demás. Cuando el estómago nos había perdonado las Hefe de la noche anterior volvimos a la estación y cogimos un tren a Heilbronn.

Heilbronn Rathaus

La ciudad está al norte de Stuttgart, a unos tres cuartos de hora en tren. Lo más interesante está en el centro, con el ayuntamiento y su precioso reloj y la Kilianskirche justo en frente. La ciudad es muuuy tranquila, y sólo había jaleo en la Marktplatz (porque había mercado) y el la zona comercial de Kiliansplatz y Fleiner Straße. Bordeando el Neckar fuimos dando un paseo hasta Sontheim, un barrio al sur de Heilbronn y que por razones que no vienen al caso era visita obligada. A Sontheim se llega por un paseo paralelo al río perfectamente preparado para pasear, ya sea andando o en bicicleta, y todo está púlcramente organizado, como siempre en estos lares. Tras unas horas en Sontheim volvimos a Heilbronn y tras comer unas currywurst (y trasegarnos unas pils) asaltamos un supermercado del que salimos con un buen alijo de cerveza, salchichas y chocolate para recordar Baden-Württemberg a la vuelta a España. Tren y vuelta a Stuttgart.

Por la noche nos encontramos mucha gente con camisetas blancas y rojas: jugaba el Stuttgart contra alguien un partido de fútbol para no se qué competición. Toda la ciudad estaba pendiente del partido, así que debía ser algo importante. Cenamos algo por ahí y volvimos a Zum Paulaner. El camarero nos saludó sonriente preguntando directamente Drei Hefe? Y es que ya nos tenía calados. Allí estuvimos viendo el partido (el Stuttgart perdió) como si fuésemos aficionados de toda la vida, cerveza va, cerveza viene. Hasta las mil, claro.

Despertamos el domingo y nos fuimos del hotel. Dejamos las maletas en la consigna (Schliessfach, ¿he dicho ya que me flipa esa palabra?) y aprovechamos para dar un último paseo por Stuttgart y beber unas últimas pils (por la mañana hay que ser bávaro para echarse una Hefeweizen al gaznate). Cogimos el S-Bahn al aeropuerto (mucha mejor opción que el taxi, es casi igual de rápido y mucho más barato, 3€ por persona) y sin darnos cuenta estábamos ya de vuelta a España. Con esa extraña sensación que se me queda dentro cada vez que dejo Alemania. Pero esta vez es menos: el jueves vuelvo para allá, esta vez a Berlin. ¡Me muero de ganaaaaas!

menéame

Hay 6 comentarios sobre “Stuttgart”

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#1 angelito dice:
29 de Mayo de 2007 a las 18:23

… comida típica alemana (un kebap) …

Que gran verdad.

¿Ahora ibas para Berlín, no?

#2 Virkika dice:
29 de Mayo de 2007 a las 21:36

Desde luego las fotos tienen buena pinta.

Pásalo bien en Berlín ¡no queda nada!

(¡Vaya! Soy oficialmente una mujer activa, je, je. ¡A por Karras! ;) Es broma, no te asustes. Hace poco alguien que no me conocía de nada pero que me caló bastante bien, me dijo que me gustaba desconcertar. Y es cierto)

#3 karras dice:
30 de Mayo de 2007 a las 17:30

…por alusiones, Virkika, ese “A por Karras” no es que me haya asustado, pero me ha desconcertado sobre todo cuando dices que eres una “mujer activa”, no sé, ya hablaré en Berlín con Doc entre jarra y jarra…qué ganas tengo yo también vive Dios!!!

#4 Virkika dice:
30 de Mayo de 2007 a las 21:52

Lo digo por lo de los “comentaristas más activos” que Doc ha añadido a la derecha del blog. Él está primero (pero no cuenta) y después estás tú y a cinco comentarios se aproxima la “Virki”. Sólo era eso :)

Ya que también vas a Berlín: ¡Pásalo muy bien! ¡Menuda parejita debéis formar! XD ¡Tomaros una cervecita a mi salud!

#5 karras dice:
31 de Mayo de 2007 a las 14:54

..nunca fui el más lince de mi pandilla, no…

#6 Virkika dice:
31 de Mayo de 2007 a las 15:49

Pero a mí me caes bien :)

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