Viernes, 4 de Mayo de 2007
Los asientos reclinables
Lee más sobre: ¡Hasta aqui hemos llegao!
El pasado fin de semana volvà a Zamora a pasar unos dÃas de asueto, vino y patatas bravas, que una vez cada tanto no hace daño escapar de la gran ciudad y disfrutar de los pequeños placeres. Como ya he dicho alguna vez no me gusta conducir, asà que aprovechando que Kojak iba también para allá me acoplé con total alevosÃa en su coche. Pero por cuestiones que no vienen al caso el domingo para volver a Madrid (algunos no tuvimos puente) no pude gorronear coche, asà que tuve que pillar un billete de autobús, como la vulgar plebe. Y claro, pese a que soy un gran defensor del transporte público en todas sus expresiones siempre acaba pasándome algo que me lo hace replantear. Cuando llegué a la estación estuve echando un ojo a la gente que iba a ir en mi mismo autobús: no habÃa ningún niño cabrón, asà que igual tenÃa suerte y me podÃa pasar esas dos horas y media más o menos tranquilo. Pero no. Por supuesto.
Al subir al autobús la vi allà sentada e inmediatamente supe que mi asiento iba a ser el inmediatamente posterior al suyo, nunca falla. Era un especimen de los de libro, con los que ya habÃa tenido yo mis más y mis menos. Yo los llamo “a mi no me pisa nadie”, y hay dos variedades posibles. La primera es un varón en torno a los cuarenta o cincuenta años, panza bien provista pero sin exagerar, las sienes empezando a clarear, ropa cara pero mal llevada, zapatos marrones viejos sin limpiar y posiblemente gafas. Nacido en provincias, la vida le sonrÃe y ha hecho una relativa fortuna gracias al negocio ovino e inmobiliario, por este orden. Es el tÃpico fulano que cuando paga un vino en un bar saca un fajo de billetes aprisionado por una goma elástica y acerca a la camarera un billete de cien euros. El rey del pueblo, vamos, que va a la capital a arreglar unos negocios con un notario. El otro tipo de “a mi no me pisa nadie” es una mujer de aproximadamente treinta años pero que va vestida mitad fashion, mitad hortera. La tÃpica que lleva unas medias con dibujos horribles, zapatos de tacón, camisa azul clara y chaqueta marrón y un bolso con estampados al estilo Louis Vuitton (podrÃa ser falso) que ni su abuela tendrÃa huevos a llevar. El pañuelo decorado con motivos equinos es opcional pero muy recomendable. En el pelo lleva mechas, muchas mechas, y es una mujer que se ha hecho a sà misma. Con mucho trabajo consiguió acabar la carrera de Márketing Indirecto y Estrategias Sociales Enfocadas a la Venta, o algo asÃ, en la universidad San AntolÃn IEFADE (privada, por supuesto). Luego hizo un master MBASR (de esos que sirven para saber que tu padre está forrado) y con mucho esfuerzo consiguió un puesto de Business Management and Logisic Marketing en la inmobiliaria IFUSA, cuyo presidente es, casualmente, su padre. Con este historial comprenderán que ella no se deje avasallar.
Pues efectivamente, la torda del autobús era un especimen de esta segunda clase y como no podÃa ser menos me senté detrás de ella. Número 19, ponÃa en el billete que yo miraba fijamente con ojos vidriosos y cara de “esto no me puede volver a pasar a mi”. No habÃa vuelta de hoja, ese era mi asiento. Asà que nada, ocupé mi lugar esperando que el calvario empezara lo más tarde posible. Pero no, apenas el autobús empezó a moverse la tipa reclinó el asiento, raaaaas, hasta golpear mis rodillas, crak. Lo sabÃa. Uno no es pequeñito y en los autobuses la separación entre asientos es exigua (pese a que el que habÃa tomado era uno de esos Express que se supone que son más cómodos) y a nada que alguien reclina el maldito respaldo servidor se queda encajonado sin poder moverse.
-Perdone, ¿le importarÃa echar el asiento un poco hacia adelante? Es que ya sabe, aquà hay poco sitio - le dije, con un exquisito trato de usted, porque aún no habÃa yacido con ella.
-Ya, pero es que voy a dormir.
Agárreme aquÃ. La torda iba a dormir. Y yo también hubiera descansado los párpados a poco que hubiera recuperado la circulación en las piernas. Pero ella tiene “todo su derecho” a reclinar el maldito asiento y como “ella no se deja pisar por nadie” volvió la vista adelante e hizo el ademán de dormir, inclinando ligeramente esa cabeza tan bien amueblada a base de estudio, Cosmopolitan y Sexo en nueva York. En fin, que me chupé todo el viaje intentando mover un poquito los dedos de los pies para que no se gangrenasen las piernas. Su puta madre.
A lo que voy es que la mari seguramente tuviera todo el derecho de echar hacia atrás el asiento (de no haber sido asà ya hubiera avisado yo a la Benemérita). Pero de lo que no tenÃa ni puñetera idea es que la educación, la cortesÃa y la urbanidad consisten precisamente en saber ejercer los derechos cuando corresponde, cuando se puede y cuando se debe, porque aunque uno esté legalmente autorizado a hacer algo el sentido común te dice que puedes estar perjudicando a los demás, o incluso que puedes estar saltándote esas insignificantes normas de urbanidad que hacen que no nos hayamos matado ya los unos a los otros y que vivamos en algo que se llama sociedad. Lo que no sabÃa la torda es que pretendiendo dar una imagen de persona independiente y aguerrida realmente está mostrando su verdadero interior de rastrero, inculto y egoÃsta.
Mucho me temo que no hay nada que hacer por lo menos hasta que estas cosas me decidan a emigrar otra vez. Pero por si acaso lee esto algún fabricante de asientos para autobús, avión o barco aprovecho para pedir por favoooooor que bloqueen el maldito mecanismo que permite a los asientos echarse para atrás. Que hay gente muy cafre que tiene que probar todo, y aunque benditas sean las ganas que tienen de ir tumbados lo hacen para luego contarlo (aunque estos suelen atender a la petición de echar el asiento hacia adelante sin problemas) y gente simplemente maleducada a la que no le importa que alguien agonice unos centÃmetros detrás de ellos. Porque de separar más los asientos, ni hablamos…
4 de Mayo de 2007 a las 12:59
Uf… Los autobuses, sobre todo los que hacen trayectos largos, están llenos de personajes.
Hace un par de años, volviendo desde Bilbao hasta Coruña en bus (sÃ: son muchÃsimas horas), tuve la fortuna de compartir vehÃculo con unas chicas super-mega-pijas-del-15. No recuerdo si fue desde Bilbao hasta Oviedo, o si fue desde Oviedo a Coruña, pero vamos: la mitad del trayecto perfectamente.
¿Y cual era el problema? Que estaban totalmente entregadas a la idea de compartir sus vivencias con todo el bus. Lo bonito, además, es que las superpijas no dicen “sÔ. Dicen “ssssssssssssssss”, como si fueran una schwepps. Sinceramente, escuchar
-Ay, chica, es que Colonia, para mà es la ciudad más bonita del mundo, osea te lo digo
-sssssssssssss. Mi novio estuvo viviendo allÃ, y es superbonita!
Y realmente sólo hay una cosa peor que semejantes compañeras de bus: descubrir que el mp3 no tiene baterÃa :)
4 de Mayo de 2007 a las 13:26
Juas! Lo he leido y no puedo parar de recordar a la copia de Nuria Bermudez que tenÃamos enfrente el viernes…¿Por qué le cuesta tanto a la gente comportarse como personas?
Lo de los autobuses ya es caso aparte, hay algunos y algunas que se piensan que están en el salón de su casa y no se dan cuenta que el espacio es reducido y hay mas personas con ellos: conversaciones a gritos, asientos reclinados, ronquidos que hacen temblar las ventanas, patadas en el respaldo de tu asiento… en fin, yo no se si es que soy demasiado civilizada o es que me entra la mala leche demasiado pronto. Tendré que hacérmelo mirar.
Un besote sol
4 de Mayo de 2007 a las 16:07
Joder el sarao que has montao majete para reprocharme que no te traje el domingo. Pues no me remuerde la conciencia, que lo sepas. Además te ha servido para brindarnos esta genial parrafada y acrecentar tu leyenda. Otro dÃa ahondaré en la misma, que tiene más miga que un pan de Rabanales (…Aliste, Zamora, Castilla la Vieja, ESPAÑA)
4 de Mayo de 2007 a las 16:30
:) ¡Pobre! Pero LE ha quedado genial la entrada.
Karras: cuente, cuente. No se quede con ganas.
4 de Mayo de 2007 a las 19:39
Juasjuasjuas. Odio los autobuses. Suele tocarme el mismo tipejo al lado: madurito que quiere comprobar si soy guiri o autóctona y que no comprende que me importa un pimiento lo que me quiera contar, que me interesa más el libro que trato de leer o que me gusta mirar el paisaje. Argh.
5 de Mayo de 2007 a las 13:33
Doc:
Un consejo para la próxima vez que te ocurra: La cosa consiste en arrearle, cada medio minuto o asÃ, un buen rodillazo al respaldo del asiento. Cuando la torda -o el cenutrio- en cuestión se vuelva y te mire con cara de pocos amigos, tú, usando toda tu urbanidad y buenas maneras le pedirás disculpas educadamente. Eso sÃ, en cuanto vuelva a mirar para adelante: rodillazo. Ni cinco minutos me duró a mà la más dura antes de levantar el respaldo del asiento.
Saludos.
6 de Mayo de 2007 a las 22:58
Con respecto a tu copmentario Sarita, mis amigas no son ningunas Nuria Bermudez, tiene mucha más clase y con la cabeza muy bien amueblada como para compararlas con semejante personaje.
Primero hazte una autoevaluación y después permitete esos lujos que buena falta te hace, ok?
6 de Mayo de 2007 a las 23:00
Ah por cierto se me olvidaba, la envidia es uno de los siete pecados capitales y se nota que pecas mucho majetona.
7 de Mayo de 2007 a las 19:25
No se quién eres, pero supongo que serás la prima de Carras, si es asÃ, que sepas que no hablaba de ti ni de nadie de tu entorno. No deberÃas disparar sin preguntar primero.
7 de Mayo de 2007 a las 20:30
…agua…
7 de Mayo de 2007 a las 21:42
sara, con respecto a tu comentario cuanto nos gustaria que nos aclarases a los lectores tus pretensiones con semejante comentario que la verdad denotan tus malas formas porque como sabras las comparaciones siempre son odiosas.
por otro lado un consejo gratuito, vigila siempre tu lenguaje sobre todo cuando es escrito,por aquello de que queda impreso simplemente, pero ya sabes ….cada uno ejerce el derecho a la libre expresion como le parece y claro, luego pasa lo que pasa…
tu comparas con nuria bermudez…y a ti con quien te comparamos….impensable claro






Hay 11 comentarios sobre “Los asientos reclinables”
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