Lunes, 12 de Marzo de 2007
Los malditos muros
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Dentro de mi proceso de germanización me he pegado un fin de semana de los buenos buenos. El viernes estuve de fiesta con el Steiper y la Steiperin y el domingo me dediqué a vegetar en la cama consumiendo sin descanso material audiovisual sobre Alemania: documentales, películas, revistas teutonas, mapas, folletos turísticos y lo que se me pusiera por delante. Motivado que está uno.
Entre otras cosas estuve viendo “Das Leben der Anderen” (La vida de los otros) en versión original subtitulada, con un par. A grandes rasgos, y sin pretender desvelarles nada sobre la trama, la historia gira en torno a una pareja de artistas en la antigua Alemania Oriental que están siendo espiados por la Stasi, la policía política de la DDR, por sus posibles críticas hacia el sistema político del país. Película muy recomendable (no entraré a discutir sobre si está bien o mal hecha técnicamente aunque a mi me parece muy correcta: no entiendo demasiado de cine) sobre todo por la visión de los años previos a la caída del muro y la reunificación alemana. Uno se queda de piedra viendo la actuación de un estado totalitario con sus propios ciudadanos y la inutilidad de los últimos esfuerzos de sus viejas estructuras para mantener un modelo de organización que tenía los días contados.
Al acabar, tras media horita meditando para digerirla, me tragué Good bye Lenin!, la historia de Alex, un chico del Berlín Oriental cuya madre entra en coma poco antes de los acontecimientos del otoño de 1989. La madre es una socialista convencida y dirigente del partido y cuando despierta del coma Alex se esfuerza para hacerle creer que las cosas siguen como antes, que la DDR sigue existiendo y el muro sigue en pie protegiendo al bloque soviético del capitalismo ya que la conmoción que podría suponerle el conocimiento de la realidad debilitaría aún más su salud.
Con estas dos películas, la conversación nocturna del viernes con la Steiperin (ella también es de la Alemania del Este), mi visita al Observation Point Alpha y algunas lecturas tengo una imagen bastante clara de lo que pudo suponer la división del país. De como familias y amigos se vieron divididos por líneas dibujadas sobre un mapa por los que hace cincuenta años se repartían el mundo sin considerar la voluntad de los ciudadanos. Y de como Alemania supo esperar hasta que los tiempos maduraron para volver a ser el gran país que es hoy en día. De como los ciudadanos de ambos lados se abrazaban mientras la clase política estaba inmersa en una espiral de delirios sin contacto con la realidad del pueblo. De como las heridas pueden cicatrizar.
Pero los alemanes no son españoles. España es un país cabrón como ningún otro: dejadnos tiempo y acabaremos a leches los unos con los otros. Es nuestra tendencia natural. Sólo nos ponemos de acuerdo si hay un enemigo externo, y ahí todos arrimamos el hombro para luchar contra él, qué se habrá creído el Napoleón ese, a mi vecino le ahostio sólo yo. Tuvimos nuestra propia guerra civil, no hizo falta que viniera nadie a dividir el país porque ya lo hicimos nosotros, pueblo a pueblo, casa a casa y lo pagamos durante cuarenta años bajo el régimen de los que ganaron. Entonces llegó la transición, una generación de políticos responsables (si me permiten la contradicción) y ganas de, por una vez, mirar hacia adelante. Superamos un intento de golpe de estado y se sentaron las bases para una democracia moderna. Buenos tiempos, dentro de lo que cabe, en los que como decía Guerra a España no la reconocía ni la madre que la parió. Suárez, González, Fraga y Carrillo discutiendo sobre qué hacer con el país. Verlo y no creerlo.
Pero claro, no podía durar. A esa generación de políticos sucedió otra de imbéciles egoístas, con tanta visión de la política como puede tener un bocadillo de morcilla, buscando sólo el beneficio inmediato en lugar de los procesos a medio o largo plazo. Gentuza que ni siquiera es consciente de que su deber es mejorar el país, que para eso les pago, y no tener cuatro miserables votos más en las próximas elecciones. El desfile de incompetencia y descaro empezó con los mangantes de las últimas épocas de los gobiernos de Felipe González, siguió con la política destructiva de Aznar que le llevó al poder, las luchas internas entre los miembros de cada uno de los partidos para alcanzar mayores parcelas de poder, el buen rollito tolerante cero de Zapatero, el neopopulismo de Rajoy, Zaplana, Acebes y Blanco poniendose a parir en sus papeles de defensas leñeros, Izquierda Unida sacando a colación ideas cada vez más peregrinas, los nacionalistas y la Iglesia arrimando el ascua a su sardina y la clase periodista vendiendo su objetividad por un plato de lentejas y tres o cuatro concesiones.
Lo que más me preocupa es que esta panda de cretinos que con nuestro dinero está dirigiendo el país está utilizando todos los medios posibles por ganar un puñado de votos, apelando a los viejos fantasmas de las Españas: la división, los buenos y los malos, los rojos y los azules, los altos y los bajos, los catalanes y los castellanos, los del Madrid y los del Barça. Y dilapidando el gran capital generado durante la transición en forma de seriedad, ilusión y ganas de mejorar el país (tampoco fue tanto, pero para lo que estamos acostumbrados en España era una barbaridad, pardiez) nos vuelven a poner delante el trapo rojo de la división, el tu vecino es el malo y nosotros los buenos. Y los ciudadanos, reflexionando como un Mihura en la misma situación arrancamos hacia el capote con los cuernos por delante y los ojos inyectados en sangre fijos en el objetivo, sin darnos cuenta de que los cabrones que nos torean están utilizando nuestro valor y nuestros arrestos para dirigirnos al sol que más les calienta a ellos.
No aprendemos, no. No sacamos ninguna conclusión de nuestros errores ni de los demás. Tenemos ahí, en los libros de historia y en nuestra memoria reciente dos paises que vivieron divididos y sabemos lo que eso significa. Alemania parece que poco a poco ha aprendido de sus errores y a base de ganas, solidaridad, trabajo y conciencia está consiguiendo reunificar el país (pero aún hay diferencias, sobre todo económicas, que no es oro todo lo que reluce). Y tiene una clase dirigente que con una visión mucho mayor que la de los políticos ibéricos se puede permitir cosas como la Große Koalition gracias a la cual gobiernan unidos los dos partidos mayoritarios sin deber sus escaños a los caprichos de los pequeños partidos bisagra, algo que me temo tardaremos mucho en ver en España. Y mientras tanto aquí nuestros castizos cenutrios siguen llamando política a gritar más fuerte “y tú más”, a salir en la tele haciendo una frase graciosa atacando al rival, a acusarse mutuamente de corrupción y a remover lo más oscuro y profundo del espíritu español en beneficio propio. Apelando al muro que divide España en dos cuando se habla de política, de fútbol o del precio de los boquerones. Quien siembra vientos recoge tempestades, y aunque no quiero ser alarmista (ni España se rompe, ni va a haber otra guerra civil ni hostias en vinagre) estamos perdiendo demasiados esfuerzos en encabronarnos mutuamente, y eso nunca trae nada bueno. Así que puestos a cabrearse, que sepáis que yo estoy de muy mala hostia con vosotros, los imbéciles que desde distintos patidos estáis jugando con nosotros en vuestro beneficio (y perdón por el tuteo, pero no creo que os merezcáis ser tratados de usted). Y cuando vengáis a pedirnos el voto, no os extrañe que lo único que consigáis de la gente sea ignorancia y desprecio. Queremos que se levanten puentes y no más malditos muros, que en treinta siglos de historia ya hemos tenido suficientes. Mis primos alemanes derribaron el suyo. ¿Cuando haremos lo propio con los nuestros?
12 de Marzo de 2007 a las 20:18
Cuando contaste en tu anterior entrada las historias sobre los cadáveres que tardaban en ser retirados de la frontera, ya estuve pensando en lo que tuvo que suponer el muro para Alemania. Y estoy de acuerdo en que están trabajando muy duro para olvidar y superar su terrible historia reciente.
En España… sinceramente, tengo la misma sensación que comentas. Yo, quizás, no soy tan crítico con el PSOE: me parece legítimo que se defiendan, incluso con armas semejantes al PP, porque es mucho el “castigo” que están recibiendo de la oposición. Y del PP, qué decir… Están cada vez más concentrados en protestar, y menos preocupados de por qué hacerlo. Y cada vez juegan más sucio, jugando a las dos Españas, a separar, en vez de buscar una unión. De verdad espero que las elecciones municipales les salgan mal, y eso les haga cambiar su planteamiento, porque si no…
Un saludo
PD: Por cierto, a mí me gustó mucho Good Bye Lenin!, :P, la otra todavía no la vi.
13 de Marzo de 2007 a las 0:49
A todo esto, propongo que vayamos todos a una manifestación para protestar contra las manifestaciones, con el eslogan, por ejemplo: NO MÁS PANCARTAS, PAREADOS IDIOTAS (”Zapatero es un cero”, por ejemplo, o “Mariano con la mano”) NI PERSONAS POR METRO CUADRADO…Y POR LA LIBERTAD…claro.
…PÁSALO!!!…
(panda de políticos soplapollas que cansinos sois)
19 de Marzo de 2007 a las 16:39
Son todos una panda de hijos de puta que se agarran a un sillon como si les fuse la vida en ello.
La política en España da asco, pero ya vereis cuando este menda se Generalérrimo de los ejércitos y Caudillísimo de las Españas por la Gracia de Dios y de todos los Santos. ¡Tiempla Gibraltar, serás mi primer objetivo!
20 de Marzo de 2007 a las 12:01
¡Jojojojojo! Me ha encantado el post… de hecho, podría haberlo escrito yo. ;)






Hay 5 comentarios sobre “Los malditos muros”
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