Idiota.- Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.(F. Savater)

Storage: Marzo, 2007

¿Y tú llamas a tu vecino extranjero?

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HausDerGeschichte

Visto en la Haus der Geschichte Bundesrepublik Deutschland, en Bonn.

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Viajar por cuatro duros

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Esto de las compañías low-cost es la leche. Recuerdo que no hace tanto tiempo ir a ibiza a ver a mis padres (y a salir de fiesta, vaaale) me salia como poco por 50.000 pesetas de las de entonces, y en cambio ahora se pueden hacer viajes a Alemania por escasamente cincuenta euros. Sin ir más lejos, mañana me voy a Bonn otra vez :). Como mucha gente me ha preguntado cómo hago para encontrar siempre ofertas, me parece oportuno poner aquí una lista de compañías con las que se puede volar por cuatro perras si se busca con tiempo y uno está atento a las ofertas. De momento pondré las que vuelan desde Madrid que son las que tengo más a mano, pero mi idea a largo plazo es hacer una paginita para poder buscar según la ciudad de origen. Y espero actualizar la lista poco a poco. Si a alguien le es útil y encuentra algún viaje barato… que me lleveeee!

  • Ryanair - Todo un mito en las low-cost europeas. Desde que pusieron la base en Madrid se puede volar a Faro, Oporto, Dublín, Shannon, París, Marsella, Roma, Eindhoven, Bruselas, Bournemouth, East Midlands, Oslo, Goteborg, Malmö y Billund.
  • Easyjet - La otra grande. Es un poco más cara que Ryanair, pero merece la pena para algunos destinos que Ryanair no cubre. Llega a Asturias, La Coruña, Palma de Mallorca, Basilea, Ginebra, Berlín, Londres (Luton y Gatwick), Liverpool, Edimburgo, Bristol, Lyon, Paris, Toulousse, Milán, Roma, Casablanca y Marrakesh.
  • Germanwings - Estoy enamorado de esta compañía. Llega sólo a Colonia-Bonn y a Stuttgart, pero los precios son estupendos y sacan ofertas a menudo. Además, si vas a Colonia-Bonn tienen Früh Kölsch en el avión :)
  • Vueling.com - No he ido nunca con ellos pero tengo ganas de probar. Además es española, aunque no se si eso es bueno o no :P. Viajan a Barcelona, Bilbao, Granada, Ibiza, Jerez, Málaga, Palma de Mallorca, Santiago, Amsterdam, Milán, Roma, Venecia, París y Lisboa.
  • LTU - Compañía alemana experta en viajes organizados, aunque ha pasado también al mercado de los vuelos regulares. La mejor opción para ir a Düsseldorf, y también llega a Nueva York.
  • Air Berlin - Tiene una inmensa base en Palma de Mallorca, y vuela a casi todas las ciudades significativas de Alemania, Viena, Linz, Salzburgo, Zurich, Basilea, Copenhague, Milán y Londres. El problema es que saliendo desde Madrid tienes que hacer escala siempre en Palma de Mallorca, por lo que complica un poco las cosas para viajes de fin de semana. No obstante siempre viene bien echarle un ojo para viajes un poco más largos por centroeuropa.
  • TUIfly - Un nuevo descubrimiento. Pertecene a la touroperadora Tui, y vuela a Berlín (Tegel y Schönefeld), Basilea, Bremen, Colonia-Bonn, Stuttgart, Palma de Mallorca, Dresde, Nuremberg, Erfurt, Frankfut, Hamburgo, Hannover, Paderborn (¿dónde demonios está eso?), Basilea, Dortmund, Düsseldorf, Leipzig, Münster y Munich. No la conozco muy bien, pero habrá que probar jejeje.
  • Myair - Un clásico para viajar a Italia, sobre todo a Venecia y Bolonia. También va a Bérgamo, y pese a que ellos lo venden como Milán está un tanto lejos. Si quieren ir a Milán para un fin de semana busquen Linate o en su defecto Malpensa.
  • SmartWings - Compañía checa con base en Praga. Obviamente vuela a Praga y también a Budapest. Los precios no son una ganga, pero teniendo en cuenta lo que cobran las demás compañías (y casi siempre haciendo escala) no es una mala opción.
  • Virgin Express - La compañía aérea de Richard Branson, el tarado este de las tiendas de discos, vuelos en globo y demás. Desde Madrid sólo vuela a Bruselas.
  • Condor - Tourpoerador alemán con vuelos a prácticamente todas las principales ciudades alemanas y muchas más europeas y del resto del mundo. Desgraciadamente la página web es un desastre y hay que buscar los vuelos uno a uno. Si alguien se pone y me pasa información, se lo agradecería eternamente.
  • Norwegian - Compañía noruega (nunca lo habrían adivinado, ¿eh?) con vuelos a Oslo, Bergen, Bodø, Stavanger y Trondheim. Para Oslo yo volaría con Ryanair, pero es la mejor compañia para las demás ciudades.
  • Air Comet - La antigua Air Plus Comet, y creo que es la que se quedó las rutas de la fracasada Air Madrid. Vuela a Londres, París, Roma, Bogotá, Lima, Quito, Santiago de Chile, Santo Domingo, Buenos Aires, Guayaquil y Nueva York.
  • Meridiana - Otra compañía italiana. Vuela a Florencia (si no la conocen…¡vayan!) y tiene enlaces a Palermo y Catania.
  • Transavia - ¿Quieren ir a Amsterdam a retozar por el barrio rojo después de fumar unos cigarritos de la risa? Sólo vuela a esta ciudad, pero los precios son bastante decentes.
  • Blueair - Bucarest. Nunca volé con ellos.

De momento nada más. Si conocen alguna compañía más háganmelo saber y actualizaré el post. Sólo un par de sugerencias fundamentales para los que tengan Barcelona a mano y gusten de los países del Este: Wizzair (Katowice, Budapest, Transilvania y Bucarest) y SkyEurope (Salzburgo, Viena, Praga, Cracovia, Bratislava y Budapest). Y como decía arriba, un día de estos que tenga tiempo haré un buscador de compañías por origen y destino. Con el tiempo, claro…

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Los malditos muros

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Dentro de mi proceso de germanización me he pegado un fin de semana de los buenos buenos. El viernes estuve de fiesta con el Steiper y la Steiperin y el domingo me dediqué a vegetar en la cama consumiendo sin descanso material audiovisual sobre Alemania: documentales, películas, revistas teutonas, mapas, folletos turísticos y lo que se me pusiera por delante. Motivado que está uno.

Entre otras cosas estuve viendo “Das Leben der Anderen” (La vida de los otros) en versión original subtitulada, con un par. A grandes rasgos, y sin pretender desvelarles nada sobre la trama, la historia gira en torno a una pareja de artistas en la antigua Alemania Oriental que están siendo espiados por la Stasi, la policía política de la DDR, por sus posibles críticas hacia el sistema político del país. Película muy recomendable (no entraré a discutir sobre si está bien o mal hecha técnicamente aunque a mi me parece muy correcta: no entiendo demasiado de cine) sobre todo por la visión de los años previos a la caída del muro y la reunificación alemana. Uno se queda de piedra viendo la actuación de un estado totalitario con sus propios ciudadanos y la inutilidad de los últimos esfuerzos de sus viejas estructuras para mantener un modelo de organización que tenía los días contados.

Al acabar, tras media horita meditando para digerirla, me tragué Good bye Lenin!, la historia de Alex, un chico del Berlín Oriental cuya madre entra en coma poco antes de los acontecimientos del otoño de 1989. La madre es una socialista convencida y dirigente del partido y cuando despierta del coma Alex se esfuerza para hacerle creer que las cosas siguen como antes, que la DDR sigue existiendo y el muro sigue en pie protegiendo al bloque soviético del capitalismo ya que la conmoción que podría suponerle el conocimiento de la realidad debilitaría aún más su salud.

Con estas dos películas, la conversación nocturna del viernes con la Steiperin (ella también es de la Alemania del Este), mi visita al Observation Point Alpha y algunas lecturas tengo una imagen bastante clara de lo que pudo suponer la división del país. De como familias y amigos se vieron divididos por líneas dibujadas sobre un mapa por los que hace cincuenta años se repartían el mundo sin considerar la voluntad de los ciudadanos. Y de como Alemania supo esperar hasta que los tiempos maduraron para volver a ser el gran país que es hoy en día. De como los ciudadanos de ambos lados se abrazaban mientras la clase política estaba inmersa en una espiral de delirios sin contacto con la realidad del pueblo. De como las heridas pueden cicatrizar.

Pero los alemanes no son españoles. España es un país cabrón como ningún otro: dejadnos tiempo y acabaremos a leches los unos con los otros. Es nuestra tendencia natural. Sólo nos ponemos de acuerdo si hay un enemigo externo, y ahí todos arrimamos el hombro para luchar contra él, qué se habrá creído el Napoleón ese, a mi vecino le ahostio sólo yo. Tuvimos nuestra propia guerra civil, no hizo falta que viniera nadie a dividir el país porque ya lo hicimos nosotros, pueblo a pueblo, casa a casa y lo pagamos durante cuarenta años bajo el régimen de los que ganaron. Entonces llegó la transición, una generación de políticos responsables (si me permiten la contradicción) y ganas de, por una vez, mirar hacia adelante. Superamos un intento de golpe de estado y se sentaron las bases para una democracia moderna. Buenos tiempos, dentro de lo que cabe, en los que como decía Guerra a España no la reconocía ni la madre que la parió. Suárez, González, Fraga y Carrillo discutiendo sobre qué hacer con el país. Verlo y no creerlo.

Pero claro, no podía durar. A esa generación de políticos sucedió otra de imbéciles egoístas, con tanta visión de la política como puede tener un bocadillo de morcilla, buscando sólo el beneficio inmediato en lugar de los procesos a medio o largo plazo. Gentuza que ni siquiera es consciente de que su deber es mejorar el país, que para eso les pago, y no tener cuatro miserables votos más en las próximas elecciones. El desfile de incompetencia y descaro empezó con los mangantes de las últimas épocas de los gobiernos de Felipe González, siguió con la política destructiva de Aznar que le llevó al poder, las luchas internas entre los miembros de cada uno de los partidos para alcanzar mayores parcelas de poder, el buen rollito tolerante cero de Zapatero, el neopopulismo de Rajoy, Zaplana, Acebes y Blanco poniendose a parir en sus papeles de defensas leñeros, Izquierda Unida sacando a colación ideas cada vez más peregrinas, los nacionalistas y la Iglesia arrimando el ascua a su sardina y la clase periodista vendiendo su objetividad por un plato de lentejas y tres o cuatro concesiones.

Lo que más me preocupa es que esta panda de cretinos que con nuestro dinero está dirigiendo el país está utilizando todos los medios posibles por ganar un puñado de votos, apelando a los viejos fantasmas de las Españas: la división, los buenos y los malos, los rojos y los azules, los altos y los bajos, los catalanes y los castellanos, los del Madrid y los del Barça. Y dilapidando el gran capital generado durante la transición en forma de seriedad, ilusión y ganas de mejorar el país (tampoco fue tanto, pero para lo que estamos acostumbrados en España era una barbaridad, pardiez) nos vuelven a poner delante el trapo rojo de la división, el tu vecino es el malo y nosotros los buenos. Y los ciudadanos, reflexionando como un Mihura en la misma situación arrancamos hacia el capote con los cuernos por delante y los ojos inyectados en sangre fijos en el objetivo, sin darnos cuenta de que los cabrones que nos torean están utilizando nuestro valor y nuestros arrestos para dirigirnos al sol que más les calienta a ellos.

No aprendemos, no. No sacamos ninguna conclusión de nuestros errores ni de los demás. Tenemos ahí, en los libros de historia y en nuestra memoria reciente dos paises que vivieron divididos y sabemos lo que eso significa. Alemania parece que poco a poco ha aprendido de sus errores y a base de ganas, solidaridad, trabajo y conciencia está consiguiendo reunificar el país (pero aún hay diferencias, sobre todo económicas, que no es oro todo lo que reluce). Y tiene una clase dirigente que con una visión mucho mayor que la de los políticos ibéricos se puede permitir cosas como la Große Koalition gracias a la cual gobiernan unidos los dos partidos mayoritarios sin deber sus escaños a los caprichos de los pequeños partidos bisagra, algo que me temo tardaremos mucho en ver en España. Y mientras tanto aquí nuestros castizos cenutrios siguen llamando política a gritar más fuerte “y tú más”, a salir en la tele haciendo una frase graciosa atacando al rival, a acusarse mutuamente de corrupción y a remover lo más oscuro y profundo del espíritu español en beneficio propio. Apelando al muro que divide España en dos cuando se habla de política, de fútbol o del precio de los boquerones. Quien siembra vientos recoge tempestades, y aunque no quiero ser alarmista (ni España se rompe, ni va a haber otra guerra civil ni hostias en vinagre) estamos perdiendo demasiados esfuerzos en encabronarnos mutuamente, y eso nunca trae nada bueno. Así que puestos a cabrearse, que sepáis que yo estoy de muy mala hostia con vosotros, los imbéciles que desde distintos patidos estáis jugando con nosotros en vuestro beneficio (y perdón por el tuteo, pero no creo que os merezcáis ser tratados de usted). Y cuando vengáis a pedirnos el voto, no os extrañe que lo único que consigáis de la gente sea ignorancia y desprecio. Queremos que se levanten puentes y no más malditos muros, que en treinta siglos de historia ya hemos tenido suficientes. Mis primos alemanes derribaron el suyo. ¿Cuando haremos lo propio con los nuestros?

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Aprendiendo alemán

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De pequeñito aprendí con más o menos éxito español, inglés y catalán, y parece que acostumbrarse a manejar distintas lenguas desde edades tempranas te predispone para tener una cierta facilidad a la hora de enfrentarse a una nueva. También estudié un poquito de francés, que ahora está perdido entre las telarañas del olvido. Y luego la vida me llevó a Italia donde no me quedó más remedio que empaparme con la parla de mis primos. Cuatro idiomas me salen si no contamos el francés, que no está mal para lo que acostumbra a hablar la gente de las Españas, pardiez.

Decía mi querido Johann Wolfgang von Goethe que un hombre vale por tantos hombres cuantos idiomas posee, y en esto le doy toda la razón. Sucede que cuando hablo español mi personalidad es la propia y natural de toda la vida pero cuando cambio de lengua noto una cierta transformación. Más técnico y pragmático si uso la lengua de Shakespeare, más expresivo y tendente a la dolce vita si tiro de la de Dante. Este fenómeno siempre me ha llamado la atención, pues pese a que uno no es lingüista ni psicólogo me encanta ver hasta qué punto lengua y pensamiento se entrelazan para formar un todo y cómo este influye en aquella y viceversa. Y cuando conoces el idioma de una sociedad te das cuenta de por qué es como es y no de una manera distinta. Por qué los anglosajones son generalmente buenos científicos y por qué nadie tiene tanto estilo como los italianos. Por qué los catalanes son comerciantes y los castellanos somos… como somos.

Pero tenía una asignatura pendiente. Me crié en Ibiza y los turistas allí principalmente pertenecen a tres subespecies: ingleses, italianos y alemanes. Los ingleses eran los borrachos hooligans, los italianos los chulitos que daban la paliza a las chicas y los alemanes los amantes de la fiesta algo más tranquila que dejaban unas propinas de infarto. Ahora entiendo a los dos primeros, pero a los alemanes aún no. Y además últimamente he tenido bastante contacto con todo lo teutón, a cuenta de amistades y viajes a Alemania. Así que amarillo, con espuma y en jarra, cerveza seguro: tenía que aprender alemán.

Y dicho y hecho. Me he apuntado a un curso que empecé el lunes. Tres horas diarias (de siete de la tarde a diez de la noche) después de la habitual jornada laboral. Se que con esto he sacrificado mi vida social hasta Semana Santa, que es cuando termina el curso, pero espero que me sirva al menos para tener una mínima base para luego poder seguir mejorando el idioma por mi cuenta, ya sea estudiando aquí o viajando por allí. Además tengo previsto otro viaje a Köln a finales de mes y espero poder ser yo, esta vez si, el que pida las cañitas en los bares y en el próximo cumpleaños de mamá Steiper echarme unas parrafadas con la familia.

Así que nada, ya les iré contando como va lo del eins, zwei, drei, auf Wiedersehen y Guten Morgen, aunque supongo que se harán cargo de que no me va a quedar mucho tiempo para escribir aquí, aunque lo intentaré. Eso sí, si después de Semana Santa me paso unas semanas perdido… estaré invadiendo los Sudetes, anexionándome Austria e invadiendo Polonia.

Dios, creo que me está empezando a afectar… Deutschland, Deutschland über alles…

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