Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de la oscuridad para brillar. (Arthur Shopenhauer)

Storage: Enero, 2007

El carné de peatón

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Cada vez que salgo de casa y me dedico a andar por las calles de esta ciudad (aunque sospecho que pasa lo mismo en muchas otras) vuelvo a casa cabreado, indignado y blasfemando en todas las lenguas que conozco y alguna más. Y es que en vez de pasear por las calles de una ciudad civilizada parece que uno lo que está es en plena sabana peleando con leones, rinocerontes y demás fauna.

Cada vez tenemos menos educación, y no me refiero a lo que se enseña en los colegios (o lo que se enseñaba antes de las sucesivas reformas educativas, vaya usted a saber qué carajo se enseña ahora) sino a la educación de toda la vida, a las normas de comportamiento en sociedad. Por ejemplo, supongo que se habrán dado cuenta de que cuando vas andando por una acera estrecha y te cruzas con alguien es necesario girarse un poco para que no choquen los hombros. Bien, pues cuando el energúmeno con el que te cruzas pertenece a las subespecies ejecutivo agresivo, bakala de barrio, quinceañera putón, soplapollas con gorra hacia atrás o maruja soy-más-chula-que-la-hostia siempre es servidor el que se gira para permitir el paso. Rara vez estos especímenes hacen siquiera el amago de hacer lo propio. Alguna vez he probado a resistir y no girarme, pensando en que igual uno es demasiado previsor y que permito el paso con demasiada antelación, por lo que la persona que se cruza conmigo simplemente no tiene necesidad de permitirme el paso a mi, así que he probado, faltando a mis escasos principios, a no girarme y continuar adelante. Bien, pues el resultado siempre ha sido el mismo: colisión y mirada asesina del imbécil de turno pidiendo explicaciones. Cómo es posible que un mozo bien plantado como usted sea tan mal educado, en el caso de las personas de edad superior a la mía, quita de ahí, carca de mierda, los más jóvenes.

Capítulo aparte merecen los supermercados. Uno entra a comprar un poco de leche y sale con ella, si, pero de la mala. Señora (o señor, afortunadamente cada vez somos más los hombres que hacemos la compra) con carrito. Mucho cuidao. Nada de llevarlo por un lado del pasillo para permitir a los que vienen de frente pasar. No, no, mejor zigzagueando para que no pase ni Dios. Y en el momento en el que hay algún estrechamiento (una columna, un palé con productos que están reponiendo) parada y fonda. Se aparca el maldito carrito allí y el interfecto se pasa diez minutos decidiendo que lata de atún comprar. Y en los cruces nada de pase usted primero, por favor. Eso le toca al pringao de turno, usease, servidor. Y eso si tenemos suerte y el padre o la madre de turno no se ha llevado al maldito crío (ese que seguro que se sentaría detrás de mi en un avión) y le deja conducir el carro. El niño funcionando a lo Schumacher mientras el progenitor le ríe la gracia. Además el infante cabrón acaba siempre estocinando el carrito contra mis rodillas. ¡Vuelve, Herodes!

Desgraciadamente hay muchos más momentos en los que la gente se comporta por la calle sin educación alguna, como cuando las señoras de mi barrio, con más laca en el pelo que la madre que las parió) se dedican a pasear jugando al “a tapar la calle que no pase nadie” (he visto avenidas con aceras de cinco metros en las que era imposible adelantar, lo juro) o cuando dos familias, vestidas con el chándal de los domingos, se paran para hablar de Operación Triunfo en el medio de una calle abarrotada impidiendo el paso a cualquiera que lo intente. Pero hay algo que me pone de los nervios particularmente, y son los imbéciles que intentan entrar en los vagones del metro antes de que la gente salga. Es que aparte de maleducado hay que ser gilipollas. Pero vamos a ver, ¿no te das cuenta, imbécil, de que si te plantas delante de la puerta y no dejas salir a la gente que está dentro del vagón no vas a poder entrar? Tan complicado es moverte un puñetero metro a tu izquierda (o derecha, según el gusto de cada uno), esperar escasos cinco segundos a que la gente salga y luego ya pasar al vagón?¿Crees que te van a dar un premio por ser el primero en entrar, alma de cántaro? Ya no te pido que dejes pasar primero a esa señora embarazada o al anciano del bastón, que eso es muy cursi y ya no se lleva (de ceder el asiento, ni hablamos), sino de que me dejes salir para que tú puedas entrar. Pero como lo más que has leído en tu vida es el Teleindiscreta no te entra en la cabeza esa tuya que no usas más que para sostener la gorra (que llevas con la visera hacia atrás y jamás te quitas el entrar en sitio cubierto).

Últimamente he empezado a perder la fe y ahora salgo del metro siempre con el codo por delante. Uno es bien plantado y en caso de encontronazo no debería llevar las de perder, así que apenas se abren las puertas salgo escopetado arremetiendo con el codo contra las costillas del fulano que me cierra el paso. Suelo hacerle retroceder produciendo mi alborozo y su dolor intercostal, pero me da que mi primo no aprende nunca la lección. Y a veces cuando el maleducado es una persona de edad (no sólo los jóvenes pierden valores, en este país muchos nunca los tuvieron) da un poco de reparo quitárselo de delante por las bravas. Aunque, por lo general, funciona. Pero no me gusta nada llegar a estos extremos. Se supone que somos personas, seres sociales que hemos aprendido con los siglos a vivir en comunidad respetándonos mutuamente. Por lo que desde aquí propongo la creación de un carné de peatón sin el cual estuviera prohibido salir a la calle. Se conseguiría mediante un examen similar al del carné de conducir y también podrían perderse puntos según las infracciones. Al quedarse sin puntos, quince días sin salir de casa y nuevo exámen. Y que los agentes del orden pudieran afear en público la conducta al cretino que entra en el metro por las puertas de salida, va con patines por la acera o se para a charlar en la parte izquierda de las escaleras mecánicas. A ver si así uno puede salir al espacio común sin temor a volver a casa cabreado, insultado y contusionado.

menéame

La blogosfera o el noble arte de la endofelación

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Juas juas, que me troncho. Estaba yo esta tarde leyendo cosillas en los blogs de Fuckowski I de España y V de Irlanda y de GonzoTBA I de España y V de Alemania (muy recomendables, por cierto) y me he encontrado con una linda polémica entre el primero y Microsiervos. Y que quieren que les diga, más bien estoy con Fuckowski. Esto de empezar a repartir carnés de bloguero bueno y bloguero malo según unos determinados criterios me parece una soberana chorrada. Y me explico.

La red nació libre. Y libre debe seguir siendo. Estaré en contra de cualquier intento de regularla (en lo que a contenidos se refiere, y siempre que no hablemos de delitos) porque precisamente la gracia está en que cada uno puede hacer lo que le de la gana. Luego uno es el que debe decidir cuales cosas interesan y cuales no, que para eso somos mayorcitos (algunos no lo suficiente, pero son los papás los encargados de vigilar a que información tienen acceso sus hijos, y eso ya es otra historia).

La red no es más que un canal de comunicación. Así que dejémonos de hacer el hostias con tanta web 2.0 y chorradas similares. En serio, estoy hasta el gorro de los gurús visionarios que me cuentan cada día que va a ser de internet dentro de un par de años. Lo que sea de la red lo decido yo (y usted también, querido lector, suponiendo que haya alguien ahí). No recuerdo yo a nadie hablar de pregones 2.0, correo 2.0 o radio 2.0. Por FSM, que esto son sólo ordenadores conectados entre sí. Hay un mundo real ahí fuera.

La red no es más que un canal de comunicación, repito. Y como tal, cualquiera puede decidir su comportamiento en ella. Hay gente que puede pretender ganar dinero con la red, y me parece correcto. Y hay gente que prefiere hacer las cosas por amor al arte, y también me parece correcto. Este blog, de momento, no tiene publicidad. Pero si algún día me da la vena, la pondré. O no. Lo que no voy a sostener es que una web es mejor que otra por el hecho de tener o no publicidad o ceñirse a unos criterios más o menos éticos: cada uno sabe lo que va buscando y donde encontrarlo.

Además, el ser humano es la leche. Tenemos un curioso instinto de competitividad que nos hace pelear por ser mejor que los demás (o al menos aparentarlo) en casi cualquier faceta de la vida y el maravilloso mundo de los blogs no se libra de ello. Y por eso nos hemos inventado los rankings de blogs y demás, para saber quién tiene más visitas, quién es más leído y ya en la escala de los grandes quién tiene más influencia, creándose incluso grupitos de blogs que se dedican básicamente al autobombo mutuo. Y además concursos como el de 20 Minutos, que no digo que no esté hecho con toda la buena intención pero está destapando (como ya lo hizo el año pasado) cuánto de rastrera puede ser la gente con tal de ganarse unos eurillos. Los ojillos de quien escribe esto han visto propuestas del pelo de “vótame a mi y te voto a ti”. En serio. Lo juro. Igual el año que viene si todavía no me he hartado de esto me inscribo para aumentar un poquito más mis dosis de incoherencia. Además me vendría bien alimentar un poco más mi ego. Porque al fin y al cabo, de eso se trata.

Pero lo que ya no alcanzo a entender es el fenómeno de los metablogs, blogs que se dedican a hablar de otros blogs, que se dedican a recopilar entradas de otros blogs o que simplemente copian lo que han leído por ahí y lo hacen suyo. Splog lo llamo yo: el spam que se hace a través de los blogs. Es la leche, alguien se curra una entrada graciosa o interesante y al día siguiente la mitad de los blogs la han copiado (con un poco de suerte citando la fuente) y se convierte en el tema de moda. En fin. La gente tiene o demasiado tiempo libre, o demasiadas ganas de protagonismo.

Nota: nótense la cantidad de contradicciones que tiene esta parrafada, porque no hago más que caer en los mismos errores que critico. Y no es la primera vez, porque he citado otros blogs cuando lo he considerado oportuno. Pero al fin y al cabo esto también es un blog, ¿no?

menéame

Váyanse a paseo

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Hasta aquí hemos llegado. Miren que yo pensaba empezar este año un poco menos gruñón y cascarrabias, pero es que no se puede. Si es que basta encender la tele para cabrearse.

A ver: No me gusta conducir, así que paso del coche que me quieren vender. Ya tengo mi colonia de cabecera, así que porque me pongan a un tipo cachas que se lleva de calle a todas las pavas que pasan junto a él no pienso cambiar, salvo que encuentre una colonia que huela mejor. Me la trae al pairo que el especial sobre la tipa esta de Marbella haya sido el programa más visto de no se que día: eso demuestra que la gente anda fatal, no que el programa sea bueno. No voy a cambiar de empresa de telefonía por mucho que me llame una pobre chavala teleoperadora a la que tienen trabajando por un sueldo miserable. Me van a hacer un descuento tremendo, y tal. Ya, y antes cuando era cliente no era necesario hacerme ese descuento, ¿no? No necesito ese maldito crédito que me ofrece cada dos meses el banco: no me voy a endeudar si no lo necesito, por mucho que me digan que este es el momento de hacer un viaje a las Maldivas, ya lo haré cuando me lo pueda permitir.

Además me ha llegado un mensaje (no recuerdo si era a favor o en contra del gobierno) diciendo algo del atentado de ETA y que fuera a Génova o a Ferraz a protestar. Y ¡pásalo!, así, en imperativo. Miren: no voy a pasar su mensaje porque estoy hasta el gorro de que piensen que no soy más que una herramienta, una pieza más de la masa que no piensa. Si quiero mandar un mensaje a alguien, lo escribo yo, y no tu. No voy a reenviar ese correo electrónico para que no cierren Hotmail por dos motivos: porque se me da una higa que lo cierren, y porque ese correo es más falso que Zaplana cantando la Internacional. No voy a contestar a sus malditas encuestas porque odio ser un porcentaje que manipular. O mejor, la próxima vez les voy a decir que voy a votar a Fuerza Nueva. O a El Fary. No voy a ir a su manifestación a favor o en contra del gobierno, de la religión en el colegio o de los matrimonios entre homosexuales porque les voté (a unos y a otros) para que arreglen esos temas, y para eso les pago, pardiez, ya me manifestaré cuando haya algo realmente importante por lo que hacerlo. Y ese día espero que la gran parte de los políticos de este país esté conmigo en la manifestación. No soporto esa maldita tolerancia cero: ¿les suena la palabra intolerancia? Menos buen rollito y llamen a las cosas por su nombre. Y por favor, no soy del PSOE ni soy del PP ni soy de IU ni de la madre que los parió a todos. Esto no es un partido de fútbol (aunque sinceramente, tampoco entendí nunca eso de ser de un equipo de fútbol). No tengo ideologías ni bendita la falta que me hacen. Tengo ideas, porque soy una persona que gusta de pensar de vez en cuando, y las cambiaré cuando lo considere oportuno. Sin ningún problema. A veces coinciden con lo que dice un partido, a veces con lo que dice otro. Me repatea cuando hablan en público (sabiendo que salen en la televisión) utilizando una demagogia tan barata que hasta un niño de cinco años que haya estado a salvo de la televisión podría sacarles los colores. Lástima que demasiada gente tenga sólo cuatro años de edad mental.

Y no, no me voy a comprar un piso. Al menos en España, a lo mejor lo que si hago es comprarlo en Alemania, Polonia o Hungría, para retirarme cuando me jubile. Pero en España no. Así que todos los políticos, constructores y especuladores que están levantando los precios más allá de lo razonable y racional pueden, por lo que a mi respecta, introducirse los ladrillos uno a uno vía rectal. Y que les aproveche.

menéame

Rezando en la mezquita

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Si es que no se puede. Estas navidades me propuse tomarme unos días de asueto con mi familia y amigos en Zamora, con la firme intención de no cabrearme mucho con el mundo y disfrutar de la paz y tranquilidad con que se viven estos días en las austeras ciudades castellanas. Para esto mis propósitos eran no ver informativos y enchufarme a internet lo menos posible. Y a fe que casi lo consigo, pero hay veces que las noticias vienen a ti. Estaba yo tan rico comiendo con mi familia cuando casi se me atraganta el turrón con la noticia de que los musulmanes piden al Papa poder rezar en la Mezquita de Córdoba. Qué cachondos, mis primos.

La Mezquita de Córdoba. O la Catedral de Córdoba, según se mire. Porque si bien fue construida por unos señores como mezquita hace mucho tiempo (sobre una basílica visigótica, por otra parte), la historia y la inconsciencia humana la acabó convirtiendo en catedral -personalmente creo que fue una barbaridad construir en su interior el nuevo edificio, pero háganse ustedes cargo de los tiempos que corrían cuando eso pasó- y así hasta hoy. Y como tal, pertenece a la Iglesia Católica, y consecuentemente se hará en ella lo que la Iglesia quiera. Con esto ya no estoy tan de acuerdo, pero es lo que hay.

Sinceramente atacaría este tema desde la raíz, explicando a unos y otros que poco sentido tiene eso de rezar, pero ya que hay gente que tiene fe habrá que respetarla. Y eso incluye permitirles que se junten en sus casas (casas más o menos grandes, iglesias, mezquitas, sinagogas o como se llame según la secta religión de la que se trate) y recen o hagan lo que les venga en gana: le pese a quien le pese estamos en un país relativamente libre. Pero cada uno en su casa hace lo que quiere, y en la Catedral de Córdoba manda la Iglesia. Me dirán algunos que sí, que vale, pero que se construyo siendo una mezquita y tal y que los cristianos luego se apropiaron de ella. Ya. Claro. Y además lo hicieron a hostias, que es como se hacían las cosas en la época. Y a hostias fue como los musulmanes entraron en la Península Ibérica a principios del SVIII, si me permiten la demagogia barata.

Si aceptamos la Historia, la aceptamos. Y si no, pues vuelvan a nosotros los tiempos de las cruzadas y la yihad (aunque bien pensado, posiblemente no hayamos aprendido nada y sigamos igual). Pero quiero pensar que no, por lo menos en Europa. Y en Europa no manda la religión, sino los valores. Y al que no le guste, carretera y manta. Si los musulmanes convencen al Papa para que puedan rezar en la Catedral de Córdoba, la de Soria o en San Pedro, por mi perfecto, pero me da que verdes las han segado. Así como no veo yo muy posible que se permita a los católicos subir a echarse unos padrenuestros a la mezquita de la M-30 o a una cualquiera de Irán o Sudán. Así que menos disfrazar estas cosas de buen rollito, porque no cuela. Esto básicamente es una forma como otra cualquiera de tocar la funda escrotal, igual que lo fueron las caricaturas de Mahoma, por cierto, en un momento en el que aumenta el enfrentamiento entre culturas, civilizaciones, religiones y lo que haga falta, muchas veces confundiendo unas cosas con otras, churras con merinas y peras con manzanas, como diría quien yo me se. Pero repito, si el Papa dice que adelante, por mi perfecto. Aunque no me imagino yo a cuatro cristianos o judios o budistas o pastafaris intentando entrar en una mezquita de Teherán para echarse unos rezos. Me da la impresión de que ahí los musulmanes iban a ser un poco menos majetes.

Pero me escama que la petición haya llegado al gobierno y que le estén pidiendo que meta baza (seguramente teniendo en cuenta que el gobierno actual confunde el talante con el palante) Y por ahí si que no paso. Porque este es un país laico y el gobierno no debe meter el cuezo en estos temas (ojo, siempre que se trate de cosas tan “inofensivas” como dónde puede rezar cada uno). Y si casualmente al gobierno se le ocurriera salir con una de las suyas, yo, como pastafari declarado, solicitaré que podamos hacer nuestras reuniones en la Almudena, la Mezquita Azul, San Marcos, ante el Muro de las Lamentaciones y en el Santiago Bernabéu, vestidos de piratas como MVE manda. ¡RAmén!

menéame