Mircoles, 20 de Diciembre de 2006
Al llegar a casa de Steiper nos vamos a dormir echando leches. Después del fin de semana, dormir seis horas me parece el colmo del descanso. A eso de las 7 de la mañana entreabro un ojillo y veo a Steiper todo trajeado (joder, parece una persona seria y todo) que se va a trabajar. Yo me quedo vegetando un poco hasta que la claridad no me deja dormir más, soy un poco exquisito para eso y necesito total oscuridad y las casas alemanas no tienen persianas. Total, que a eso de las 9 de la mañana decido levantarme y salir a dar una vuelta por la ciudad.
Salgo de casa con la maleta a cuestas (mi idea es irme directo al aeropuerto) y me dirijo al centro, a ver como es la cosa. Bonn parece una ciudad muy tranquila, casi no hay coches por las calles y está todo muy limpio. Lo primero que hago es ir a la estación, en busca de las Schließfächer (¿he dicho que me flipa la parabra?) para dejar la maleta. Estas consignas ya son como las de toda la vida, no como el aparato aquel de Colonia. Y acto seguido me pierdo por la ciudad, me encanta pasear sin rumbo por ciudades desconocidas descubriendo pequeñas joyas cotidianas a cada paso. Así por casualidad llego a una parque precioso, el Hofgarten, desde donde se ve el Kürfürstliches Schloss, antiguo castillo y hoy sede de la universidad de Bonn.

La verdad es que el parque está que da gusto verlo, no se si es que estos alemanes limpian mucho o no ensucian, pero a uno le dan ganas de ponerse a pastar cual vaca alemana.
Sigo adelante paralelo al río y llego al Kennedybrücke, y cruzo hasta la mitad para ver el Rhin. Giro hacia Oxfordstraße y la Berliner Platz y ya me meto de lleno en el casco antiguo. La sensación hasta el momento es que todo esto es muy tranquilo, prácticamente no hay coches y la gente habla bastante bajito. Todo transmite mucha paz. Pero el centro ya cambia, porque me doy de frente con todas las calles comerciales, llenas de tiendas y espíritu navideño. Por aquí ya hay bastante gente, y unas ciervas que pa qué, no hago más que mirar de un lado a otro admirando a las teutonas de la zona.

Llego a la plaza de la Catedral (el Münster) que la verdad no está mal, pero después de lo que llevo visto tampoco me impresiona una barbaridad. Lo que si me impresiona es el Weihnachtsmarkt, el mercado navideño que se extiende por todo el centro de la ciudad. Hay un zillón de puestos (muy bonitos, por otra parte) donde venden desde las clásicas figuritas de los belenes o adornos más norteños como coronas de pino y centros de mesa hasta recuerdos para los turistas pasando por puestos de comida y bebida. Y cuando digo pasando quiero decir pasando: por cada dos puestos de adornos hay uno de salchichas, vino caliente, cerveza y otras viandas. En concreto me quedo con una especie de galletas que come casi todo el mundo, pero no las pido porque no tengo ni puñetera idea de como se llaman. El ambiente es tremendo, y cada tanto oigo alguna voz en español: parece que hay más personas que se han aprendido esto de Germanwings.
Me desayuno una Bratwurst y un poco de vino caliente y vuelvo hacia la estación. Al rato llega el autobús y con mi alemán de Zamora le pido al conductor un billete para el aeropuerto… ¡y el tipo me entiende! Subo y al rato llegamos al aeropuerto. Facturo y me doy una vuelta por las tiendas. Además, aprovecho para comprarme un par de revistas de estas en las que salen mujeres ligeras de ropa para practicar el alemán. Si no las entiendo, siempre me queda el recurso de mirar las fotos, jeje. Una pava intenta venderme una tarjeta de crédito, pero yo le digo con la mejor de mis sonrisas que Entschuldigen Sie, aber ich komme aus Spanien und ich spreche nicht Deutsch, o sea, que soy español y no hablo de lo suyo, pero después de estos días me sale un acento de Hessen exagerado y la tipa me deja ir con cara de “si, claro, con un par de revistas alemanas bajo el brazo y me dices en alemán que no hablas alemán. A otro perro con ese hueso”.
Embarco y el avión despega. Misteriosamente esta vez no hay crío llorón y la Jenny, la Fanny y la Choni debieron irse el domingo por la tarde, así que tengo un vuelo tranquilo. Sobrevolando Francia las camareras azafatas del avión pasan preguntando si queremos algo. Yo me pido, con dos cojones, una kölsch. Vuelvo a España, pero me llevo en los labios y en el corazón el sabor de esa tierra a la que, ahora lo se, volveré a menudo. Si no me bastaba con sentirme español, italiano e inglés, ahora añado Alemania a mis patrias. Otro país para echar de menos cuando no esté por sus calles inmaculadas, en sus tabernas comiendo salchichas y bebiendo cerveza, disfrutando de esa naturaleza tan bien cuidada o echándome unas risas con sus gentes, esos alemanes grandotes y cachondos que nunca dicen que no a tomarse unas cañitas.
Por la ventanilla del avión, a lo lejos, se ven las luces de Madrid.
22 de Diciembre de 2006 a las 10:29
Hace tres (¿o cuatro?) años que estuve viviendo durante casi cuatro meses en Würges (al lado de Bad Camberg y ceraca de Wiesbaden y Frankfurt am Main). Visité casi todos los lugares que mencionas en tus posts y la verdad es que Alemania me cautivó.
Más de una vez me he planteado irme a vivir allí, pero no saber el idioma me tira mucho para atrás…
22 de Diciembre de 2006 a las 11:27
Hola doc, paso rapidito para desearte una Feliz Navidad y mandarte un abrazo fuerte. Que sepas que me voy a imprimir tus últimos post sobre tus viajes , que eres peor que Willy Fog, y me los leo en el tren esta tarde que últimamente como sabes ando un poco acelerada en el curro y no hay tiempo para nada. En fin que un beso fuerte y lo dicho a disfrutar de estos días.
Un besote. Amaranta
22 de Diciembre de 2006 a las 12:00
Yo también me estoy planteando la posibilidad de emigrar a Alemania, de momento estoy aprendiendo un poquito de alemán por mi cuenta y luego… ya veremos. Es cierto que es un país que a lo mejor no le gusta a todo el mundo, pero cuando te gusta te cautiva de verdad. Además, si viviste allí algo de alemán sabrás, ¿no? Si quieres nos escapamos, no será como París pero igual sirve ;)
Amaranta, feliz Navidad para ti también. Supongo que pasarás estos días descansando y organizando esos cambios que tienes pendientes, relájate un poco y regálate unos días con los tuyos.
Besos a las dos!!
27 de Diciembre de 2006 a las 19:47
Tengo facilidad para los idiomas, pero el alemán se me atraganta bastante (entiendo lo básico pero hablarlo… nanai).
No me repitas lo de la escapada o me veré obligada a decirte que si ;)
Besos!
5 de Enero de 2007 a las 14:07
fröhliche chrithsmas und glückliches neues Jahr!, Jorge, la resaca de las drogas de nochevieja provoca a la postre un feeling mezcla entre nostálgico y resfriado; resfriado por la tranca que agarre en Nochevieja, literalmente, o en argot, me refiero, reitero, a un resfriado.
No te había leído antes, me gustas, salvando las distancias con el zorro, claro hombre!Tu periplo en tierras alemanas me recuerda los mismos en BelgÏa y en Alemania també ;) muy guay, recuerdos… no se puede vivir sin ellos, no se puede vivir con ellos. Te leeré a partir de hoy, y esto no es ni regalo de navidad, ni de reyes, ni advertencia sólo gracias por hacerlo como lo haces, escribir se entiende :) vuelvo al tajo. No sin antes recordarte: irene´s fotolog: www.fotolog.com/sirenea beso! ciao
15 de Mayo de 2007 a las 12:47
Bueno, como un cmentario que he leido por ahi arriba que se te atragantaban los idiomas y que el alemán se te resisia, siempre puedes hablar n inglés que supongo que algo te entenderán. Buen voy al grano, siempre me ha gustado Alemania, y me gustaría ir a Bonn a ver la ciudad natal de Beethoven ya que soy una gran admiradora de este genio, pues nada, a ver si prepro algún viajecico para Alemania, porque conociendo a mis amigos que no les gusta salir de España, y no digo que España seea un pais feo, ni muchísimo menos, pero leñes hay que ver mundo, no?, pues nada os dejo que ya he escrito demsiado jeje. Cuidaros
9 de Junio de 2007 a las 23:09
Hola!
Aunque no te conozco, me gustó tu blog, bonita redacción, cautivante.
Gracias,
Carolina






Hay 7 comentarios sobre “Bonn”
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