Martes, 12 de Diciembre de 2006
Observation Point Alpha
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El domingo por la mañana me despierto a eso de las 11:00 y subo a desayunar. A desayunar o a comer, porque con los horarios de los alemanes nunca se sabe. Total, que comemos algo y nos montamos en el coche camino de Fulda (¡qué bien, voy a ver la ciudad de dÃa!).
Fulda esta bien, es una ciudad pequeña y tranquila. Por lo que me va contando la familia Steiper, debe ser como una isla católica dentro de una zona protestante. Tiene una catedral bastante chula y una iglesia al lado, la Michaelskirche, del año de la polca. Entramos en la catedral y mamá Steiper me cuenta historias de la ciudad y del edificio, esto de que haya trabajado como guÃa turÃstica en la ciudad es la clave. Al parecer hay incluso un seminario donde jóvenes de toda Teutonia vienen para aprender las cosas estas de la iglesia y si todo va bien al cabo de los años llegar a ser como Ratzinger, hay que joderse. Por la zona de la catedral son encontramos a Sebastian, el amigo de Steiper que estuvo con nosotros ayer, y seguimos con él el recorrido. Vamos hacia el palacio (que ahora es el ayuntamiento) y nos damos unos trotes por los jardines hasta llegar a la estatua de Bonifacio, que es algo asà como el patrón de la ciudad, donde habÃamos aparcado el coche. Nos despedimos de Sebastian y partimos hacia el Rhön, a las montañas.
Por el camino vemos las casitas tÃpicas de la zona, con los techos inclinados y las vigas de madera, con las fachadas pintadas en colores claros y todo muy limpio y muy ordenado. Junto con el paisaje otoñal verdeamarillento la imagen es preciosa. Al poco salimos de Hessen para entrar en Thüringen (o Turingia, nunca tengo claro si usar los nombres originales en alemán o las traducciones al español), y aunque el paisaje natural es el mismo, el urbano cambia sensiblemente: las casas ya no están pintadas, sino que las paredes están simplemente lucidas de cemento (no todas, pero una buena parte) y las concesiones a la estética son mucho menores. Estamos en la antigua Alemania del Este, y todavÃa se nota.
Subimos por las montañas del Rhön hasta el Observation Point Alpha: por aquà pasaba la frontera entre las dos alemanias y justo aquà habÃa torres de vigilancia de los dos lados. Pese a que vivÃan de espaldas, se miraban. Bueno, los rusos y los americanos, para ser más exactos). Al llegar lo primero que se ve es la cicatriz que aún tiene este paÃs: el terreno que conformaba la antigua frontera, flanqueada de una carreterita por la zona rusa para poder patrullar por toda su extensión. Según avanzamos vemos como fueron evolucionando las vallas, desde las que eran poco más que cuatro palos y alambres de los primeros años hasta las últimas, que tenÃan ese foso con una pared de hormigón para que no pudieran pasar los coches, un campo con minas antipersonas a lo largo de toda la frontera y las vallas conectadas a ametralladoras automáticas que disparaban hacia el interior cuando notaban cualquier contacto. Angelitos ellos.
Poco después se vemos esas dos torres, la de la izquierda occidental y la derecha oriental, una enfrente de otra a escasos cien metros. Desde ahà las dos grandes potencias de la posguerra se vigilaban, atentas a cualquier movimiento. Además, la zona soviética tenÃa un plan para invadir la Europa occidental y los paÃses de la OTAN lo sabÃan: el fregado hubiera empezado aquÃ, en lo que se llamó Fulda Gap. Si hubiera habido una tercera guerra mundial, posiblemente los primeros en entrar en fuego serÃan los ocupantes de esas dos torres. Acojona.
Un poco más adelante nos entramos ya en una pequeño asentamiento americano ahora reconvertido en museo. Me parece significativo que el mástil sobre el que ondea la bandera americana no toque directamente el suelo, sino que está sujeto por dos pequeñas vigas. PretendÃa simbolizar que aquello no era tierra americana, sino que estaban allà como tropas invitadas. La verdad es que a mis primos yankees nunca se les dio mal el marketing. Seguimos andando entrando en los distintos barracones, ahora reconvertidos en salas del pequeño museo viendo documentos de la época. Me llaman la atención un par de postes pintados con los colores de la bandera alemana y con el escudo de la DDR arriba del todo. Según me dice Steiper, iban marcando los puntos fronterizos, y cuando por fin cayó el muro muchos habitantes de la zona los arrancaron y se los llevaron a sus casas de recuerdo. Pero me afectan más las fotos de los cadáveres de las personas que intentaban pasar del este al oeste y caÃan acribilladas o destrozadas por las minas antipersona en tierra de nadie, en esos escasos metros que separaban los dos mundos y donde nadie tenÃa valor para entrar no ya para ayudar a la gente, sino para enterrarlos. Ojalá nadie nos quite nunca la memoria histórica y aprendamos de los fallos, de todos los fallos que hemos cometido en el pasado.
Como anochece nos vamos de allà camino de Fulda. Por el Rhön decidimos subir a un monasterio que hay en lo alto de una montaña, pero como ya es de noche (joder, son las cuatro de la tarde…) nos quedamos a medio camino, en un albergue-bar que hay para los excursionistas y montañeros que deciden quedarse pateando aquella zona. El sitio tiene una pinta tremenda (y parece que unas vistas estupendas también, por lo que puedo intuÃr con la escasa luz que queda). Dentro está decorado al más puro estilo rural de la zona, con aperos de labranza de los de allá colgados del techo, aves disecadas, flores secas y demás parafernalia. Steiper pide (ni puta idea de lo que está diciendo, escepto nosequenbier y bratwurst) pero yo me fÃo, total aquà no creo que haya bocadillos de calamares. Al cabo llega el camarero con unas jarras de cerveza oscura. Mamá Steiper me explica que la cerveza la hacen los monjes del monasterio y que a diario se bajan unos cuantos barriles para los clientes. Joder, cerveza artesanal de la de verdad en medio de Alemania… cada vez me siento más alemán. Al poco el camarero trae también una salchicha tremenda y un coso que es asà como una pizza pero sólo de cebolla que debe ser tÃpica de la zona. Y está todo buenÃsimo, pardiez. Allà seguimos hablando un rato hasta que volvemos a casa, recogemos los trastos y nos vamos a la estación a coger el tren de vuelta a Bonn.
14 de Diciembre de 2006 a las 18:48
No sabes la envidia que me estás dando con tu viajecito. Es una suerte poder ir con un nativo, de guiri no te enteras de nada o casi nada. Besooos
12 de Marzo de 2007 a las 17:23
[…] Con estas dos pelÃculas, la conversación nocturna del viernes con la Steiperin (ella también es de la Alemania del Este), mi visita al Observation Point Alpha y algunas lecturas tengo una imagen bastante clara de lo que pudo suponer la división del paÃs. De como familias y amigos se vieron divididos por lÃneas dibujadas sobre un mapa por los que hace cincuenta años se repartÃan el mundo sin considerar la voluntad de los ciudadanos. Y de como Alemania supo esperar hasta que los tiempos maduraron para volver a ser el gran paÃs que es hoy en dÃa. De como los ciudadanos de ambos lados se abrazaban mientras la clase polÃtica estaba inmersa en una espiral de delirios sin contacto con la realidad del pueblo. De como las heridas pueden cicatrizar. […]






Hay 3 comentarios sobre “Observation Point Alpha”
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