Jueves, 30 de Noviembre de 2006
Camino de Fulda
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Me despierto a las 8:30 un tanto descolocado porque la kölsch sigue haciendo efecto. Al principio no se muy bien donde estoy pero a los dos o tres minutos aparece el Steiper:
-Vamos tÃo, que pegdemos el tgen!
Correcto. Me levanto a toda leche y me doy una ducha calentita. Al acabar, ya casi se me ha pasado la resaca. Joer, lo que tiene que no te den garrafón… Meto todo como puedo en la maleta y salimos para la estación. Pillamos el tranvÃa por los pelos. Me toca sacar el billete de la máquina porque el Steiper no se acuerda del número. SÃ, si. Allà no hace falta sacar el billete de papel, mandas un mensaje a un número con el código de la parada y el billete te llega vÃa SMS. No nos queda nada que aprender, no.
Llegamos a la estación y pillamos el tren. Llega 10 minutos tarde, asà que consciente de que quizás sea la única ocasión que se presente aprovecho para tomarle el pelo a Steiper:
-Ves, luego dices que si Alemania tal y si Alemania cual. Esto en España no pasa.
-Anda, calla, cabgón.
Pillamos un par de butacas muy cómodas e intentamos dormir un poco. Esta vez no es el niño cabrón el que no me deja dormir, porque allà hasta los niños son educados. Esta vez es es Rhin. Bajamos paralelos al rÃo pasando por Koblenz y Mainz (donde el Main confluye con el Rhin) y giramos hacia Frankfurt, donde tenemos que hacer transbordo para coger el tren que va a Fulda. Durante el camino me quedo anonadado viendo el rÃo (tiene hitos kilométricos como las carreteras, incluso postecitos cada 100 metros, y señales para marcar los “carriles”). Hay un huevo de barcazas surcando el rÃo arriba y abajo, enormes y cargadas de contenedores, grava, cemento…

Antes de llegar a Frankfurt Steiper le pregunta a un revisor que cuanto falta. El tipo empieza a enrollarse (dregufen naj finferg eins wirgich fruggen kunfenung y esas cosas) durante unos diez minutos que se me hacen eternos, porque el palomo cada tanto me mira a mi como si estuviera entendiéndole algo. Yo le miro con cara de “tienes toda la razon del mundo” y cada tanto digo “ja, ja”. Cuando se va por fin el Steiper se descojona. Al parecer el tipo estaba quejándose de lo mal que está todo en Alemania (hay que joderse… le soltaba yo por Las Barranquillas para que se enterase de lo que vale un peine). El palomo decÃa que hay muchos impuestos y que habÃa escrito una carta de coña a un diputado para sugerirle que pusieran un detector de pedos a cada alemán conectado por GPS al Reichtag para que cada vez que uno se tirase un pedo el aparato mandase una señal a BerlÃn y le descontaran un euro de la cuenta como impuestos. Bieeen, en Alemania también hay zumbaos. Menos mal.

(El alemán con cara de alemán de la foto es Steiper)
Llegamos a Frankfurt y quedan 40 minutos hasta que salga el tren para Fulda, asà que aprovechamos para desayunar una bratwurst y una Bitburger. Estoy concentrado en la salchicha cuando oigo voces cantando en plan hooligan: al parecer hoy juega el Borussia de Dortmund contra el Eintracht de Frankfurt, y los seguidores de éste han ido a recibir a los de aquel a la estación. En poco rato la estación está llena de gente pegando voces, cantando cosas como el famoso “A por eeelloooos, ooooeee” (pero en alemán, a por elleeeen ooooeee). Unos van de rojo y otros como de verde fluorescente, pero la verdad no se cual es cual. Al principio me acojono porque parece que van a acabar dándose de hostias pero resulta que no, que estos no son ingleses y aunque vocean igual y beben incluso más se lo toman todo con más filosofÃa.
Salimos un momento de la estación para ver la calle, es la tercera vez que estoy en Frankfurt y tengo ganas de pisar la ciudad, las otras veces no salà del aeropuerto. Desde la puerta de la estación Frankfurt parece una ciudad alemana más, si no fuera por los inmensos rascacielos que se ven hacia la zona financiera. No en vano los alemanes la llaman Mainhattan (juego de palabras entre Manhattan y Main, el rio que pasa por allÃ). En ese momento pasa un tipejillo con una gorra ridÃculÃsima y a Steiper se le iluminan los ojos. Se va corriendo hacia él y empieza a preguntarle no se qué. Al rato vuelve descojonándose de la risa:
-Jodegg, peggo tu has visto que tipo más ggaggo? TenÃa que tomagle el pelo un poco.

En fin, volvemos a la estación y al rato llega el tren. Pillamos unas butacas y nos dormimos un rato (¡por fin!). Unos cuarenta minutos después llegamos a Fulda. Fulda es una ciudad pequeñita, de unos 60.000 habitantes, que está en Hessen, cerca de lo que era la frontera con la Alemania del Este (o sea, la Alemania profunda), y el paisaje es espectacular, colinas verdes y bosques en todas las tonalidades otoñales. Nos está esperando papá Steiper para llevarnos a casa: esta noche celebramos el cumpleaños de mamá Steiper con toda la familia. Miedo me da.






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