Miércoles, 29 de Noviembre de 2006
Por fin, entre los berridos de la mala bestia que llevaba detrás y las tordas de adelante que vuelven a la carga con sus parrafadas sobre Gran Hermano aterrizamos el el aeropuerto de Köln-Bonn. Son las 21:55 y voy corriendo hacia la zona de recogida de equipajes en busca de mi maleta, que misteriosamente llega sin ningún problema. A la salida me espera Steiper (la verdad es que esto de viajar teniendo un guÃa aborigen es la puta clave, y más considerando que mi alemán da para pedir un par de cervezas y poco más) y vamos a la estación de trenes del aeropuerto. Por cierto, empiezo a flipar un poco con la organización y la limpieza del aeropuerto y la estación, todo es muy moderno y mola un huevo. Steiper, que es un juergas de cuidao (no en vano ha vivido más de tres años en España), me dice que hemos quedado en Köln con una amiga que llega de Hamburgo y otra que viene de Bonn.
-¿Bonn? ¿No es ahà dónde vives tu? ¿No vamos a dejar la maleta?
-Si tÃo, peggo si vamos a dejag la maleta peggdemos mucho tiempo y hay que apgovechar pagga tomagg unos cañines.
Total, que llegamos a la estación de Köln y buscamos la consigna para dejar la maleta. La consigna (Schließfach, me flipa la palabra) es como un cajero automático con una pequeña puertecita. Cuando echas las monedas se abre la puerta, metes la maleta y algún extraño mecanismo alemán la guarda donde toque. A cambio la máquina me devuelve una tarjeta con banda magnética en la que dice que mi maleta está en el puesto 10129. No me fÃo, pero si la máquina esa es alemana malo será que no funcione bien.
-En gealidad no es automática, temenos a unos polacos ahà abajo cuggando - dice el cachondo de Steiper.
Nos vamos al andén del tren que llega de Hamburg y llega Julia, una chica guapa, morena, delgada, simpática (no se parece en nada a la alemana que nos imaginamos todos) y que trabaja de organizando movidas para uno de los teatros principales de la ciudad. Cambiamos de andén y recogemos a Tina, que acaba de llegar de Bonn. Tina es ya la alemána tÃpica, rubia y también bastante guapa, pero es un poco más baja que yo (lo que viendo como está el percal en esa zona tranquiliza, tengo el cuello roto de mirar para arriba y eso que acabo de llegar… ahora entiendo al Spike). Además las dos hablan inglés, asà que malo será que no pueda comunicarme mÃnimamente con ellas.
Salimos de la estación y justo enfrente está la catedral, más gótica y mas grande que la madre que la parió. Realmente impresiona. Es de noche y no me paro mucho tiempo mirándola porque vamos al trote a tomar unas cañas.

-La catedgal mola, ¿eh? Peggo vamos que ya la veggás otgo dÃa que hay que ir a tomag unos cañines - dice el Steiper. En cada frase que pronuncia Steiper siempre está la palabra cañÃn o algún derivado. Estos alemanes son la hostia.
Nos metemos en un bar lleno de barriles de cerveza, y nos pedimos cuatro kölsch. La kölsch es la cerveza tÃpica de Colonia y se sirve en vasos de 20cl, un tamaño bastante comedido teniendo en cuenta que yo estaba acostumbrado a los Maß de Baviera. Es una cerveza suave que entra muy bien -yo de hecho las prefiero un poco más fuertes- pero ya que estoy aquà no me voy a pedir una Mahou. Asà que leña al mono hasta que hable alemán, una kölsch, otra, otra… y asà hasta que Tina y Steiper empiezan a hablar en alemán (weunfruken ajten flujen ach sunf dgriden, o algo asÃ) y Steiper va hacia la barra y vuelve con otras kölsch y un chupito de trigo que por supuesto me echo al coleto después del Prost! de rigor. Colonia me está gustando, si señor.
Tenemos algo de hambre asà que nos metemos en un sitio de comida rápida. Me acomoda el concepto de comida rápida alemana: cienmil tipos de salchichas para elegir, kebab y algunas otras cosas que no he visto en la vida. Me fÃo de Steiper y nos pedimos una curry bratwurst mit pommes que está buenÃsima (y una kölsch, por supuesto). Estamos de charla un rato hasta que cambiamos de sitio y nos vamos a un bar ya más estilo pub. A la entrada hay tres ciervas de las que quitan el hipo (¡viva Alemania y la madre que la parió!, voy pensando) pero tampoco vamos a hacer un feo a las chicas asà que los cuatro nos vamos al fondo. Nos pedimos unas copas que cuestan relativamente poco (5€). Luego otras, luego otras… y asÃ.
Más tarde nos vamos a otro sitio que, según me dicen, debe ser lo más autóctono que hay en la ciudad. Y efectivamente, imagÃnense un clásico bar castellano pero con decoración alemana. Tipas de cuarenta o cincuenta años borrachÃsimas bailando solas, y tipos de todas las edades y barriga cervecera de las de toda la vida apoyados contra las paredes a punto de caerse. Música en plan Immanuel Escobaren, der Farisch, Röcio Juraden o como se llamen los cantantes tÃpicos de allÃ. Incluso en un momento (kölsch va, kölsch viene, haganse cargo) empiezan a sonar los primeros compases de Ti Amo, de Umberto Tozzi. Me preparo a quedar como el que sabe idiomas cantando en italiano cuando… resulta que es una versión en alemán. Lo más kitsch que he oÃdo en mi vida: “Tiii aaaamoooo, ich liebe dich tiiii aaaamooo”. Una pasada. Entre eso y la gente del bar, no doy crédito. Si vienen a este bar igual hasta Jenny, Fanny y Choni pillan cacho.
A la pobre Julia se le cierran los ojos entre el alcohol y el sueño, la noche anterior tenÃan estreno en el teatro y trabajó hasta muy tarde y además hoy se ha levantado pronto, asà que nos compadecemos y decidimos irnos a Bonn a dormir. Vamos hacia la Hauptbahnhof, Steiper intentando que Julia no se duerma y yo charlando con Tina, que cada vez me cae mejor… Recogemos las maletas (oye, niquelao, metes la tarjetita, esperas quince o veinte segundos y sale tu maleta. A saber que carajo hubiera salido si la máquina fuera española). Entramos en el tren (allà los trenes funcionan a todas horas) y apenas nos sentamos Julia se duerme definitivamente. Al otro lado del pasillo se sienta una grunge, luego una alemana superpija y estupenda con una minifalda muy… muy pequeña y al poco entran dos alemanes dando tumbos pero de buen rollo y se sientan con las dos ciervas. Empiezan a hablar y Steiper se une a la conversación. Yo intento meter baza en alemán envalentonado por los efluvios de la kölsch, y jurarÃa que hasta me entienden algo. La superpija buenorra saca una botella de vodka, rellena con él el tapón y me lo pasa. A esas alturas ya me creo todo, asà que Prost! y al gaznate. Que acogedores son estos alemanes, leche.
Quince minutos y una botella de vodka después llegamos a Bonn. Camino a casa (son las 5:30) Tina busca un bar que pilla de camino para tomarnos la última copa, pero cuando llegamos están cerrando. Asà que nos despedimos (ya nos veremos, a ver si venÃs por España, ya te aviso cuando vuelva yo a Alemania, esto no queda asÃ, etcétera) y ellas se van hacia casa de Tina y yo a casa de Steiper. Decidimos ir andando (cae a diez minutos) pero el alemán se me cansa y cogemos un taxi a medio camino. El taxista saluda con cara de perro y nos lleva dos manzanas más allá. Cojones tiene.
Ya en casa nos tomamos unos chupitos de café mientras nos contamos las vidas. Mañana nos vamos a Fulda al cumpleaños de la madre de Steiper, y yo me pregunto si me dará tiempo por la mañana a ver un poquito la catedral de Colonia.
-Peggo qué dices, tÃo. El tgen pagga Fulda sale a las 9:50 de la mañana.
-No me jodas Steiper que son las seis… no vamos a dormir una mierda.
-Ya, peggo no queggás pasagte el fin de semana en Alemania dugmiendo, ¿no? Ya dogmiggás el lunes en España, que ahogga tenemos que apgovechag el tiempo.
Y es que tiene más razón que un santo, el hijoputa.
4 de Diciembre de 2006 a las 16:20
Jajaja, qué grande es el Steyper. Se le echa de menos, hombre.






Hay 1 comentario sobre “Köln”
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