El comunismo encuentra gran audiencia allí donde no gobierna. (H. Kissinger)

La Jennifer, la Fanny y la Choni

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Siempre me llamó la atención Alemania. He estado un par de veces en la Oktoberfest, pero como podrán suponer no pude empaparme de la cultura alemana tanto como me hubiera gustado (más bien me empapé en cerveza), así que tenía pendiente hacer algunos viajes a la tierra teutona en un tono más… eroticofestivogastronomicocultural, si me permiten el palabro. Aprovechando que mi amigo Steiper (alemán él) acaba de ser trasladado de Madrid a Bonn y que Germanwings tiene unas ofertas tremendas, el viernes me lié la manta a la cabeza y me fui para allá.

Había llevado la maleta al trabajo, así que me fui directamente desde allí al aeropuerto. Desde que han abierto la terminal 4 las otras tres están un poco tristes, ya que salen muy pocos vuelos desde allí comparado con como estaba la cosa el año pasado. No obstante mejor, porque no se montan las colas que había antes. Como llegué con tiempo de sobra estuve dando un paseíto recordando tiempos más viajeros hasta que me acerqué al mostrador de facturación de Germanwings.

Ya en la cola me entra el pánico: una pareja lleva un niño. Estos seres que ya de por sí son harto peligrosos en tierra, en el aire multiplican por mil sus efectos devastadores al ser un sitio pequeño, cerrado y del que no puedes escapar. Empiezan los sudores frios: el niño del avión suele caer como mucho a tres butacas de mi, parece que tengo un maldito imán para críos llorones. Así que me voy corriendo hacia la puerta de embarque porque en estos vuelos de bajo coste los asientos no van numerados, en busca de un lugar donde hubiera pocas probabilidades de que se sentara el maldito niño: a la altura del ala, justo al lado del motor. Las madres se suelen empeñar en sentarlos en las primeras filas por vete tu a saber que extraña razón.

Craso error. El avión despega e intento cerrar los ojos, pero me pierdo en la conversación de las tres tordas que van sentadas en la fila anterior. Jennifer, Fanny y Choni, fijo. Tres pavas que miedo me dan, entre treinta y cuarenta años, la Jenny con el chandal verde recién planchado a juego con una chaqueta de punto rosa, Fanny con sus vaqueros del Lidl y un top ajustado que apenas consigue retener las lorzas que orbitan donde la gente normal tiene la cintura y la Choni con unos pantalones grises ajustados, demasiado ajustados (talla 58 o así, háganse cargo) y camiseta roja de tirantes que deja entrever la pelambrera del sobaco (es que esta gente no tiene axilas, tiene sobacos, en serio). Parecen un extraño híbrido entre las Spice Girls y las Supremas de Móstoles, maruja mix. Y lo mejor es la conversación, a gritos, sobre los últimos amoríos de Belén Esteban, no se qué de un crítico que sale en Operación Triunfo y que si la Mari está liada con uno de Parla y que mi Kevin me saca muy malas notas. El colmo de lo cutre, se lo juro. Como éstas pretendan pillar cacho con un alemán macizorro verdes las han segado, pienso yo mientras me sacudo la caspa que me cae encima desde los asientos de adelante.

Pasa la azafata (más alemana ella que una bratwurst dentro de una jarra de cerveza cantando el Deutschland über alles) preguntando si queremos algo de beber, previo pago, por supuesto, por 46€ que me costo el billete tampoco les vas a pedir Dom Perignon. Ojeo la lista de precios y localizo una cerveza que se llama Früh Kölsch que cuesta 2,50€. En condiciones normales no pagaría tanto, pero esa no la había probado nunca (aunque luego ya en Alemania bebí, ejem, unas cuantas) y además necesito algo para olvidarme de las tres tordas de adelante, así que pido una. Mis queridas amigas piden de todo: un trozo de pizza, un par de cervezas cada una, chocolatinas varias… y no contentas con eso sacan unos bocadillos envueltos en papel de aluminio y una bolsa de patatas fritas del Dia. Joder, ¿es que no pueden estar dos horas de nada sin comer? Sólo falta la hogaza de pan y la gallina en la jaula, en serio.

Parece que las cervezas calman a la Jenny, la Fanny y la Choni y a mi me empiezan a pasar factura la Kölsch y el cansancio (llevo despierto desde las 6:30 de la mañana) así que intento dormir un poco. Hay algo de silencio y quedan unos 40 minutos para aterrizar en Colonia, así que una siestecita vendría estupendamente para aguantar luego la noche, que promete. Cierro los ojos y voy entrando en ese punto medio real medio irreal en el que se está antes de caer dormido. Pero de repente escucho un “UAAAAAAA” atronador a mis espaldas que hace dar un salto tal que si no llevara el cinturón de seguridad abrochado me hubiera empotrado contra el respaldo del asiento de la Jennifer. Confundido y al borde del paro cardíaco me doy la vuelta en busca del cerdo al que están degollando, pero no hay tal cerdo; sólo el madito niño cabrón que, para variar, se había sentado justo detrás de mi (cómo habrá hecho el hijoputa para llegar hasta allí sin que me diera cuenta) y tiene cara de no parar de llorar hasta tomar tierra. Maldita sea mi estampa y mi suerte en los aviones.

menéame

Hay 4 comentarios sobre “La Jennifer, la Fanny y la Choni”

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#1 karras dice:
28 de Noviembre de 2006 a las 21:14

Pero hombre de Dios, qué espera viajando por esos precios, asientos convertibles en camas??…una convención aérea de monjes con voto de silencio???…azafatas de moral distraída incluso??
Usted!!!! usted era el raro en ese vuelo: seguro que la Jenifer pensaba…”joderdedios con el señorito del asiento de atrás, tié una pinta destirao que parace que van calesa…y mira Choni sace el dormío pa no dar conversación…seguro…algo labrá hecho al chiquillo datrás que no para de llorar…malencarao…ni tesocurra mirarlo no sea que nos denuncie…y acaba ya el bocadillo de raspas questás poniendo perdío el chandal”

Saludos Paciente Ingles.

#2 jab dice:
29 de Noviembre de 2006 a las 14:50

Jajaja. Ya me figuraba, Doc, que este viaje suyo iba a estar plagado de anécdotas jugosas.
Cuente más. Quedo a la espera de otras entregas.

#3 Amaranta dice:
29 de Noviembre de 2006 a las 17:45

Por Dios niño vaya un asquito de viaje aunque estoy con Karras en que por esos precios tú me dirás…Eso sí tengo que darte la razón en la mala leche que entra cuando en tu viaje aparece un niño, doy fe que viajo todas las semanas Málaga-Sevilla desde hace cuatro años y te juro que puedo contar con los dedos de la mano los viajes en los que no he tenido muy cerquita un niño, una Jeny cualquiera o lo que es peor un Friki con dotes de seductor, cuando a tí lo que te apetece es cerrar los ojos y echárte la siesta del siglo.
Me muero de curiosidad por saber, cuanto de erótico, cuanto de festivo, de gastronomico y cuanto de cultural tuvo tu viaje…;)
Un besote. Amaranta

#4 abalou dice:
1 de Diciembre de 2006 a las 15:03

Reconozco que hubiera sufrido lo mío en semejante situación. Pero me da por pensar que si en lugar de tres juanis en avión hubieran sido tres lugareñas en un autobús pakistaní (con gallina incluída) lo habrías considerado algo más “exótico”. Hay gente para todo, y yo creo que eso es bueno. Estas cosas son parte de nuestro exotismo, y estoy segura de que en el fondo hicieron tu trayecto más entretenido. Hasta otra, besos

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