Idiota.- Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.(F. Savater)

Pimientos

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Me gusta comer. Para que voy a decir que no, si sí. Como buen hedonista, intento buscar el placer en todas y cada una de las cosas que hago y la comida a puede llegar a ser un chute de endorfinas inigualable. Más o menos como casi toda la gente pero reconociéndolo. Aunque de esto hablaré otro día, que me estoy yendo por las ramas. Me gusta comer, decía. Casi todo. Creo que la gastronomía forma es una parte indisoluble de la cultura y cuanto más comes, más sabes. Mejor conoces la zona, la gente, incluso el idioma (claro, tienes que comer lo típico del sitio en el que estás, poco aprendes mucho comiendo en un McDonalds de Mogadiscio).

Como consecuencia (o quizás como motivo) de todo esto, me gusta comer de todo. No soy quisquilloso como uno de mis compañeros de piso, pero tampoco extravagante en las mezclas como el otro. Pero hay algo que no soporto. Los pimientos.

Pimientos

Reconozco que estéticamente no están mal. Que tienen buena pinta así, brillantitos ellos. Pero debajo de esa sinfonía de colores, de esa imagen natural y saludable, se esconde el sabor más desagradable que ha parido la naturaleza. A pesar de todo, dentro de la familia de los pimientos hay distintos tipos, unos con más mala leche que los otros. Los primos gallegos, que viven por ahí por Padrón tienen su gracia. Verdes y pequeñitos, no sabes si pican o non hasta que les has hincado el diente (como los gallegos humanos, por otra parte). En un momento dado estos consigo comerlos y tienen hasta buen sabor. Y reconozco que en los guisos queda muy bien algo de pimiento verde, cortado en pedacitos, sofrito con cebolla y ajo. Pero el típico pimiento verde (o rojo) frito (o asado) no lo soporto. En serio, me dan ganas de vomitar. Aparte de feo -porque cuando se fríen los pimientos pierden ese aire natural y saludable que tienen al natural- la textura es blanduzca y el olor demasiado invadente. Un asco, vamos.

Aunque de todas formas nadie me obliga ya a comerlos, es cierto, no soporto algunas aberraciones que hace la gente, como ultrajar a la anciana, castiza y muy noble tortilla de patatas. Un bocadillo de tortilla de patatas con pimientos es como meter en la cama entre sábanas de pan a Scarlett Johansson y a El Fary. No hay nada más triste que estar pateando una ciudad, entrar en una tasca cuando estás famélico, pedir un bocadillo de patatas y cuando lo esperas ansioso salivando cual perro de Pavlov el camarero, palillo colgando de la comisura de los labios, aparece con un bocadillo de patatas mancillado por un pimiento verde, frito y grasiento. Joder, es que aunque se lo quites la tortilla mantiene el asqueroso sabor pimientil hasta el último de los bocados.

Lo más jodido de todo esto es que hay gente que los come. Si, si, lo juro, yo le he visto. Y si la gente los come algo bueno tienen que tener, porque conozco personas a las que les gustan y no los comen por que sea lo único que se puegen llevar al estómago, así que seguramente el problema sea mío. Igual de pequeñito tuve algún problema con un pimiento indecente que me dejo traumatizado o algo así (si hay algún hipnotizador entre los pocos lectores que pasan por aquí podríamos hacer una regresión a para ver si llegamos al origen de esta fobia), la cuestión es que no encuentro explicación racional alguna al hecho de que no me gusten. De todas formas me comprometo a intentar cambiar y conventirme en pimientófago como el resto de la plebe, ya les contaré mis progresos.

¿Y ustedes? ¿Hay alguna comida en particular que detesten?

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Hay 7 comentarios sobre “Pimientos”

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#1 KARRAS dice:
7 de Agosto de 2006 a las 11:52

Yo odio a muerte a los fréjoles verdes, coño!!! Cada que mi madre me los ponía de pequeño se preparaban las mayores peloteras que nunca hubieron, mucho más que con las notas. Y por cierto los pimientos, cualquiera, me flipan, pero es que además están seguro entre mis 10 alimentos preferidos.
Pues eso, cuestión de papilas gustativas.

#2 el duende dice:
7 de Agosto de 2006 a las 16:57

mmmm

#3 el duende dice:
7 de Agosto de 2006 a las 17:01

Un problema parecido tengo yo con los plátanos.
Por no se qué razón, mi organismo los rechaza.
Cuando era un precioso bebé, si en la papilla de frutas me ponían aunque sólo fuera una rodajilla, echaba la pota; desde entonces, hasta el olor me da arcadas.
Eso si, con los pimientos, al principio no me molaban, pero lo que es la vida, ahora me flipan, y también con tortilla de patatas.

#4 el duende dice:
7 de Agosto de 2006 a las 17:02

Un problema parecido tengo yo con los plátanos.
Por no se qué razón, mi organismo los rechaza.
Cuando era un precioso bebé, si en la papilla de frutas me ponían aunque sólo fuera una rodajilla, echaba la pota; desde entonces, hasta el olor me da arcadas.
Eso si, con los pimientos, al principio no me molaban, pero lo que es la vida, ahora me flipan, y también con tortilla de patatas.
Recordarán ustedes aquella cancioncilla que decía algo como “…no le gustan los pimientos al Pi…”

#5 jab dice:
7 de Agosto de 2006 a las 21:47

Pues a mí me flipan. De hecho, hasta ahora no he encontrado ninguna comida que no me guste.

#6 el nae dice:
8 de Agosto de 2006 a las 17:31

La canción decia….
“Que alegria cuando me dijeron:
No le gustan los pimientos al Pi,
Ya esta arramplando por doquier.
los pimientos que traje ayer..”

Estoy con Hairless odio a muerte las judias verdes. Una de mis peores pesadillas, y no es broma, es que me ataban a una silla y me hacian comer tostadas con mermelada de judias verdes. Todavia se me ponen los pelos de punta cuando lo recuerdo

#7 guu dice:
8 de Agosto de 2006 a las 23:43

Me encantan los pimientos, hasta crudo se dejan comer. Y odio la coliflor y los callos. En una epoca no me gustaba el champiñon, pero despues me avivé.

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