Idiota.- Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.(F. Savater)

Los regalos

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Dentro de poco va a tener lugar la Europalante. La Europalante es el nombre que hemos dado entre vapores etílicos al viaje que solemos hacer unos cuantos tipejos del grupo de amigos cada verano al extranjero, generalmente a un país europeo. Este año toca Letonia, y nos vamos Kojak, Pijolín y yo mismo (no voy a poner los nombres reales, pero quien los conozca sabrá reconocerlos).

El caso es que siempre en estos viajes me asalta una duda metafísica de preocupar: ¿Traigo regalos para la gente? No es asunto baladí, no. Porque no le puedes traer algo sólo a uno o a dos. Al final los demás se acaban enterando y siempre hay alguno que se mosquea. Traer cosas para todo el mundo es una exageración porque afortunadamente uno tiene un grupo bastante grande de amigos y tampoco es plan. Porque me veo que de diez días que voy a estar allí me iba a pasar nueve buscando figuritas horribles con un cartelito que ponga “Recuerdo de Riga” y que luego acabarán en alguna caja polvorienta, si no en la basura. Porque si, estaría bien traer cosas chulas y útiles, pero el presupuesto europalantero suele ser reducido y, ejem, prefiero destinarlo a otras cosas que me produzcan mayor satisfacción a mi mismo, y que cada uno imagine lo que quiera. Egoista que es uno. Además, ¿dónde se pone el límite entre amigos con derecho a regalo y sin él? Jodido está el asunto. En otras ocasiones me he decantado por comprar algo a alguien si y sólo si veía casualmente alguna cosilla que le pegara muy muy bien. Si ves un xilófono letón espectacular de ámbar por diez euros y uno de tus colegas colecciona xilófonos, pues se lo compras, que seguro que le hace ilusión. Pero esto tiene un problema, y es que siempre acabas viendo cosas para los mismos, ya sea por la personalidad de cada uno o porque siempre ves algo gracioso, como para el Spike. Spike es uno de mis compañeros de piso, aproximadamente metro y medio de altura, felpudo pectoral, calva de MrProper, discurso atropellado y gusto desmedido por las mujeres. Con ese perfil, está pidiendo a gritos un Playboy, ropa interior picante o algo del estilo, y eso siempre lo encuentras. Pero hay gente más normal para la que es prácticamente imposible encotrar algo, sobre todo en una tienda de souvenirs extranjera. Así que este año, para variar, no pienso comprar nada para los amigos. Sin acritud, ¿eh?

Algo parecido sucede con los cumpleaños. Con algunos ya sabes que no hay que comprar nada, que basta tomarse unas copas por ahí y ya está. Pero el problema viene cuando te invitan al cumpleaños de alguien que no conoces demasiado bien y no sabes como funcionan las cosas. Puedes quedar como un rata si eres el único de los invitados que no lleva regalito y los demás se hartan a regalar cosas a la homenajeada (no me había parado a pensar, pero casi siempre son pavas las de los cumpleaños con regalos) o puede que quedes como un gilipollas siendo el único que le ha comprado un osito de peluche mientras sus amigos de primer grado se descojonan. Gracias a Dios para estas cosas hay un truco: si conoces a alguien más de los invitados, le preguntas antes como es el rollo, y ya, en un acto de maestría sin igual, sugerir lo de comprar algo a medias o entre varios. Si sale bien sale bien, y si no la verguenza repartida es mucho más soportable.

Luego están los regalos que impone el Corte Inglés: el día de la madre, Navidad, los Reyes, etcétera. Aquí como a la persona a la que le tendrías que comprar el regalo suele ser de tu familia, pues es útil llegar a un acuerdo. Cómprame esto, cómprame aquello, no nos compramos nada -porque vamos a ver, los regalos se compran. Lo de regalar una poesía que has hecho tu mismo, una tarjetita con un dibujo o el último macetero de macramé que has aprendido a hacer queda muy bien si eres un niño de menos de doce años. A partir de ahí la gente espera cosas que cuesten dinero, y cuanto más mejor. Anda el tío este que me regala un ramo de flores silvestres. Si por lo menos fueran rosas compradas…

Y el gran día: San Valentín. Lo de este día es que es para flipar. Preguntes a la chica que preguntes, todas te van a decir que lo de San Valentín es un invento comercial y que no hay porqué regalarse algo sólo porque toque. Pero las mujeres quieren decir casi siempre lo contrario a lo que dicen, así que eso traducido al masculino es: “Dime que no me vas a comprar nada, pero luego vas y me compras esos pendientes que llevo dos semanas diciéndote que qué bonitos son, y a cambio yo pongo cara de sorpresa e ilusión”. Y por si acaso, ella también te compra algo a ti (que casi siempre te gusta, es increíble el ojo que tienen las chicas para esto, con lo inútiles que somos nosotros), de forma que si al final tú no le regalas nada ella te da tu regalo con cara de buena diciendo algo como “Ya se que habíamos dicho que no nos íbamos a regalar nada, pero es que lo vi y me gustaba tanto para ti…”. Total, que acabas el bendito día con un cargo de conciencia tremendo y te tiras tres meses ejerciendo de esclavo para poderte perdonar el no haber comprado nada a esa chica que tanto piensa en ti. Narices tiene.

Total, que la idea que voy a poner en práctica es la que comentaba el otro día un amigo: tener siempre un par de regalos estándar preparados, uno en casa y otro en el coche, por ejemplo. Para que cuando te des cuenta de que tenías que haber comprado algo y no lo has hecho puedas salir pitando a por el regalo de marras. Mas vale prevenir.

menéame

Hay 2 comentarios sobre “Los regalos”

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#1 jab dice:
29 de Julio de 2006 a las 18:34

Genial la descripción de Spike. Genial.
En cuanto al tema, nunca he sido yo de los que se mosquean. Algunos de ustedes me trajeron regalos y, otros, no; y en ambos casos estuve conforme. Es imposible ser el Papá Noel de los viajes. Por otro lado, cuando alguien me ha traído algo, efectivamente, se guiaba por el criterio de “Vi esto y sólo te pega a ti”, y creo que es el más adecuado.
Y, en cuanto a San Valentín, siempre pasa algo del estilo. Cuando no compras nada y, al recibir lo tuyo, te entra el complejo de culpa.

#2 KARRAS dice:
31 de Julio de 2006 a las 12:35

En cambio a mi sí que me gusta regalar, más que me regalen (y no es frase hecha), pero sobre todos esos regalos que van destinados a alguien que los merece por afinidad para con el presente.
KOYJAK

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