El comunismo encuentra gran audiencia allí donde no gobierna. (H. Kissinger)

Ciudades: Zamora

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Los que me conocen saben que tengo bastante facilidad para adaptarme a nuevos paises, a nuevos sitios. Cuando estoy una ciudad, a poco tiempo que pase allí (a veces bastan dos o tres horas) la hago mía inmediatamente, con sus virtudes y sus defectos. Así que voy a aprovechar este blog para contarles lo que significan para mi unas cuantas ciudades europeas de las que me he sentido habitante, ya sea por unas horas o por unos años.

Y ya que estamos, creo oportuno empezar por la que me vio nacer. Zamora es como mezclar en el mismo territorio arte románico, siglo XIX, ovejas, ilusiones perdidas, PP, sentimiento de inferioridad, orgullo, río Duero, desesperanza, trigo regado con sudor, vino y Semana Santa. No se si ustedes me entienden.

Zamora

Zamora es una clásica ciudad castellana -o leonesa, por no herir sensibilidades- vieja, con memoria. Con todas las virtudes y defectos de las ciudades castellanas. La gente de la tierra es tosca, dura, acostumbrada a trabajar durante siglos una tierra ingrata a la que había que arrancarle los frutos a golpe de azada bajo el sol abrasador del verano o las heladas inclementes del invierno. Y mil años haciendo eso marca. Los zamoranos son gente acostumbrada a ganarse el pan trabajando duro, y generalmente lo hacen abandonados al fatalismo que produce saber que las cosas siempre han sido así, y que así van a seguir siendo. A lo sumo nos creamos ilusiones de modernismo que todos sabemos que son eso, ilusiones.

Todo esto se ve paseando por sus calles. Si, la ciudad ha cambiado, hay edificios modernos, pero simplemente porque ahora se construye así, y no por un deseo de futuro. En Santa Clara, la calle peatonal que articula el urbanismo en la zona centro conviven iglesias románicas, edificios decimonónicos, oficinas de finales del S.XX, olor a alcanfor y a Franco y los destrozos que esa falsa modernización está trayendo (si, me refiero a la nueva pavimentación y a la remodelación de las plazas adyacentes). Pero hay rincones encantadores en el casco viejo, con un encanto especial que se incrementa en invierno cuando uno pasea por allí envuelto en la niebla que nos trae el Duero, cuando el único contacto con la realidad es el ruido de tus pisadas contra el suelo adoquinado. Es en esos paseos cuando uno entiende realmente lo que es la ciudad.

Ya personalmente, Zamora me recuerda a los veranos de mi infancia. Los paseos veraniegos por Santa Clara, la Plaza Mayor o Viriato acompañado por mis abuelos. Bajar con mis primas a comprar chucherías a la tienda de Felipe. Salir de tapas con mis padres y mis tíos por la calle de Los Herreros, cuando aún era zona de tapas. Y luego volver a la ciudad ya adolescente y descubrir nuevos amigos que lo siguen siendo, un estilo de vida totalmente distinto al ibicenco del que provenía, aprender a disfrutar de las tardes en la avenida, los primeros amores que ya no lo son, las primeras cogorzas, el querer hacerse mayor. Tiempos felices.

Luego el destino me arrancó por segunda vez de la levítica ciudad, que diría Juan Manuel de Prada, y me llevó a la vecina Salamanca, pero volví. Siempre se vuelve. Durante aquel año después de acabar los estudios descubrí la otra cara de la ciudad. Me asaltó la soledad, los inviernos fríos y desérticos, el aburrimiento, la desesperanza de una sociedad inmóvil, caciquil y conservadora hasta el hastío. La falta de trabajo. La falta de horizontes. La falta de futuro. Y me fui. Y me fui para bien.

Sigo volviendo a menudo. Lo bueno de estar poco tiempo en Zamora es que sólo te da tiempo a disfrutar de lo bueno y soslayar lo malo en la certeza de que el domingo volverás a tu nueva ciudad, sea la que sea, pero aun así duele y alegra a la vez saber que tu pasado, y tal vez tu destino final, permanece allí, imperturbado e imperturbable, ignorante del tiempo que fluye como las aguas del Duero.

Todos los zamoranos que conozco que se han visto obligados a emigrar comentan lo mismo. Que están cansados de Zamora, pero la echan de menos. Que añoran los tiempos felices allí. Y quizás también por eso Zamora no cambia: porque los zamoranos tampoco cambiamos.

mename

Hay 10 comentarios sobre “Ciudades: Zamora”

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#1 jab dice:
26 de Julio de 2006 a las 12:20

Muy acertada descripción: “Zamora es como mezclar en el mismo territorio arte románico, siglo XIX, ovejas, ilusiones perdidas, PP, sentimiento de inferioridad, orgullo, río Duero, desesperanza, trigo regado con sudor, vino y Semana Santa”.
Creo que todos estamos de acuerdo con el post al completo.

#2 Noelia dice:
24 de Octubre de 2006 a las 17:43

Mis padres son de Zamora. Y desde que recuerdo he pasado mis mejores vacaciones en un pueblo de cercano

También mis padres tuvieron que emigrar al Pais vasco, donde nacimos mi hermano y yo.

Preciso post por que me ha hecho recordar momomentos inolvidables.

Gracias por recordar a la entrañable \”Zamora\” a lo que siempre hago un visita todos los años

#3 soñadora dice:
15 de Noviembre de 2006 a las 21:07

Totalmente de acuerdo con que “sólo te da tiempo a disfrutar de lo bueno y soslayar lo malo en la certeza de que el domingo volverás a tu nueva ciudad” aire nuevo lejos de la muralla…
Besos!

#4 miescondite dice:
19 de Diciembre de 2006 a las 2:23

Carne de gallina se me ha puesto. Preciosa descripción de los hechos. Pura realidad y mucha tristeza.

Un saludo y enhorabuena por el blog

#5 miescondite dice:
19 de Diciembre de 2006 a las 2:24

Ah!!! Y gracias por enlazarme, que se me olvidaba…

#6 Alfi dice:
19 de Marzo de 2007 a las 21:31

Me ha encantado, tengo familia en esa ciudad y voy muy a menudo. Es verdad, si paso demasiado tiempo alli se me cae la ciudad encima, todo está demasiado quieto, pero justamente eso es lo que me gusta cada vez que llego. Nunca podré separarme de Zamora pero tampoco vivir allí.

#7 Maria dice:
23 de Marzo de 2007 a las 19:10

¡qué verdades más grandes dices en tu post!
Soy de Zamora, vivo en Zamora y quiero a Zamora. Probablemente no encuentre trabajo aquí y me dolerá en el alma tener que partir pero de algo tendré que vivir….Quiero quedarme en mi ciudad y no voy a tener la oportunidad de elegir… Me gusta la tranquilidad, la cercanía (¿acaso no añoran los habitantes ed las grandes ciudades la tranquilidad que en Zamora se respira cada día?), el olor de Zamora, pasear por las ruas las tardes de invierno…
Zamora es vida, pero también es muerte..muerte de una ciudad cada dia más marginada por los políticos -de cualquier partido político-, a los que no les importa que ésta vaya muriendo poco a poco, que se vaya apagando muy lentamente, que los zamoranos tengamos la obligación de emigrar para ganarnos el pan, que Zamora esté muerta, con gente conformista dispuesta a seguir así. por aquello de “más vale lo malo conocido qye lo bueno por conocer”.
Zamora necesita gente que se desviva por ella, gente que ponga la carne en el asador para poder sacarla de este estado en el que se encuentra…
Con todo, solo sé que JAMÁS cambiaría mi ciudad, Zamora, por la mejor de todas.

#8 Ehhh dice:
8 de Abril de 2007 a las 14:51

Cuidadito con lo del PP y Franco para describir una ciudad. ¿Nos estas llamando fachas? En Zamora vivimos tantos “rojos” como en cualquier otro sitio. De hecho, Zamora ha sido del PSOE hasta hace relativamente poco. Lo de decir que Zamora es un granero político popular -aparte de falso- es equivocado para describir un lugar.

#9 Zamorano_forever dice:
9 de Abril de 2007 a las 14:54

Yo siempre he dicho que Zamora no es una ciudad para trabajar, pero sí es una ciudad para VIVIR: no hay el estrés de las grandes ciudades, cuando paseas por sus calles te sientes más arropado, no es tan fría como esas grandes urbes de cemento. Ciertamente casi todos tendremos que dejarla algún día para poder encontrar trabajo, pero creo que también, vayamos donde vayamos, siempre diremos muy orgullosos que somos zamoranos, y es que aunque sea una ciudad pequeña, está cargada de historia, leyendas, costumbres, tradiciones y demás cosas que hacen que siempre querramos volver aunque sea sólo por un fin de semana o, cómo no, en Semana Santa, algo tan nuestro que siempre llevaremos en el recuerdo (el Merlú, las almendras garrapiñadas, la imagen de la Soledad procesionando el Sábado Santo, etc.) y otras tradiciones, como la feria del Ajo, la desaparecida del Vino y el Queso… en resumen, a pesar de ser una ciudad olvidada por políticos y empresarios, siempre será recordada y querida por sus ciudadanos, sus gentes. Es una ciudad viva en el alma de todo zamorano.

#10 patri dice:
3 de Agosto de 2007 a las 15:11

si algien conoce a marcos rojo porfavor que m lo diga porfavor es urgente mi msn es buberosm@hotmail.com
es un xico de 14 años

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