Storage: Julio, 2006
Lunes, 31 de Julio de 2006
Las risas del Spike
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El Spike. Así, con artículo. Con dos cojones. Ya hablaba en el post anterior sobre el Spike, uno de mis compañeros de piso aquí en Madrid. El otro es Pijolín y hablaré de él más adelante, ya que tanto uno como otro dan tema para rato. Pero hoy voy a centrarme en el Spike porque este fin de semana me he quedado solo con él y me ha tocado sufrirlo en exclusiva, Pijolín hábilmente se fue a pasar el fin de semana fuera de Madrid.
El Spike no es un gran orador. Para qué nos vamos a engañar. O piensa demasiado rápido, o tarda mucho en buscar las palabras, con lo cual cada frase es un acertijo porque le faltan dos de cada tres palabras y generalmente son las clave: el sujeto, el verbo, etc. Artículos los pone todos, el cabrón, pero nombres o verbos ni uno. En fin. Aparte de esto, no puede permanecer callado más de un par de minutos, y si no se le ocurre nada interesante puede decir aleatoriamente una de estas dos cosas:
- El Spike (si, si, el Spike va por ahí diciendo “El Spike”, sin más)
- Aquí estamos, pillando punto.
En serio. Como se lo estoy contando. Pero bueno, esto al fin y al cabo es fácil de solucionar. No se le hace caso cuando dice algo de lo anterior y listo. uno acaba por acostumbrarse.
Pero hay algo a lo que no me acostumbro, y es al espectáculo resultante de juntar al Spike con una televisión. Y si añadimos un sofá, ni les cuento. El Spike suele dirigirse al sofá con pantalones cortos (hemos conseguido que no nos muestre directamente la ropa interior después de mucho sufrir) y si hay suerte camiseta. Porque no se pone la camiseta siempre, no, y les puedo asegurar que no es imagen agradable. Bueno. Pues el palomo va y se tumba en el sofá pero como es pequeñín sólo ocupa dos tercios así que queda espacio para otra persona, que suelo ser yo mismo. Y entonces el Spike flexiona brazos y piernas hasta ponerse más o menos en la misma postura en la que queda un perro cuando está boca arriba y le acaricias el pecho, no se si me siguen. En ese momento intento levantarme para llegar al baño a tiempo para echa la pota cuando el Spike acerca la mano hacia el paquetón escrotal y se rasca, así a traición, raaas, raaas.
Qué les voy a contar. Hago de tripas corazón y me pongo a ver la tele un rato, intentando olvidar la escena que está sucediendo a escasos centímetros. Y casi lo consigo, porque están poniendo la información deportiva del telediario y ya que al Spike le interesa cómo ha quedado el Racing de Loeches está absorto escuchando la crónica y uno casi no apreciaría su presencia si no fuera por el amenazador raaas, raaas. Pero acaba el telediario y empieza una comedia, una cualquiera. Para el Spike la gracia de las comedias no está en verlas sin más, sino que es de los que se pasa el capítulo intentando adivinar que es lo que va a suceder a continuación, y además contármelo, que es lo que jode. Con lo previsibles que son este tipo de comedias, sobre todo si son españolas, comprenderán que no lo tenga difícil. El jefe le dice a la empleada que le guarde un papel que es muy importante, y tu piensas: “coño, lo pierde fijo”. Como era de esperar, el Spike dice “Jaja ya verás como lo pierde”, y te lo dice golpeándote con la misma mano que precisamente antes generaba el raaas raaas que me helaba la sangre. Cuando al final sucede lo que pronosticaba el Spike, empieza a reírse a gritos , “JAJAJA”. Y te mira, como esperando aprobación. Pero ¿cómo es que no te ríes?¿no lo has pillado?¿no ves que al final ha perdido el papel?¿no ves que yo me estoy deshuevando?. Todo eso piensa, pero lo único que dice es “JAJAJA”.
Y es que el Spike no sonríe. Según el DRAE, sonreír es “reírse un poco o levemente, y sin ruido”. El Spike o se carcajea a gritos o está enfadado o triste. Es la única persona que no puede sonreír. No le sale. Esto tiene un inconveniente tremendo si estás viendo una serie decente y rápida como House, que es la única serie de televisión que me ha gustado últimamente. El protagonista dice una de sus frases, el Spike empieza con las consabidas carcajadas, “JAJAJA” y yo no me entero de si el paciente está vivo, muerto, tiene hemofilia o la próstata inflamada. Y estoy ya todo el episodio perdido sin enterarme de la trama. Y para colmo, el Spike cada tanto me pregunta que qué está pasando, porque no se ha enterado porque él mismo no se ha dejado oir. Pero… ¿cómo quieren que luego no me de al alcohol?
P.S. Algún día intentaré grabar la risa del Spike y colgarla aquí. Ya me dirán luego si estoy exagerando.
Viernes, 28 de Julio de 2006
Los regalos
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Dentro de poco va a tener lugar la Europalante. La Europalante es el nombre que hemos dado entre vapores etílicos al viaje que solemos hacer unos cuantos tipejos del grupo de amigos cada verano al extranjero, generalmente a un país europeo. Este año toca Letonia, y nos vamos Kojak, Pijolín y yo mismo (no voy a poner los nombres reales, pero quien los conozca sabrá reconocerlos).
El caso es que siempre en estos viajes me asalta una duda metafísica de preocupar: ¿Traigo regalos para la gente? No es asunto baladí, no. Porque no le puedes traer algo sólo a uno o a dos. Al final los demás se acaban enterando y siempre hay alguno que se mosquea. Traer cosas para todo el mundo es una exageración porque afortunadamente uno tiene un grupo bastante grande de amigos y tampoco es plan. Porque me veo que de diez días que voy a estar allí me iba a pasar nueve buscando figuritas horribles con un cartelito que ponga “Recuerdo de Riga” y que luego acabarán en alguna caja polvorienta, si no en la basura. Porque si, estaría bien traer cosas chulas y útiles, pero el presupuesto europalantero suele ser reducido y, ejem, prefiero destinarlo a otras cosas que me produzcan mayor satisfacción a mi mismo, y que cada uno imagine lo que quiera. Egoista que es uno. Además, ¿dónde se pone el límite entre amigos con derecho a regalo y sin él? Jodido está el asunto. En otras ocasiones me he decantado por comprar algo a alguien si y sólo si veía casualmente alguna cosilla que le pegara muy muy bien. Si ves un xilófono letón espectacular de ámbar por diez euros y uno de tus colegas colecciona xilófonos, pues se lo compras, que seguro que le hace ilusión. Pero esto tiene un problema, y es que siempre acabas viendo cosas para los mismos, ya sea por la personalidad de cada uno o porque siempre ves algo gracioso, como para el Spike. Spike es uno de mis compañeros de piso, aproximadamente metro y medio de altura, felpudo pectoral, calva de MrProper, discurso atropellado y gusto desmedido por las mujeres. Con ese perfil, está pidiendo a gritos un Playboy, ropa interior picante o algo del estilo, y eso siempre lo encuentras. Pero hay gente más normal para la que es prácticamente imposible encotrar algo, sobre todo en una tienda de souvenirs extranjera. Así que este año, para variar, no pienso comprar nada para los amigos. Sin acritud, ¿eh?
Algo parecido sucede con los cumpleaños. Con algunos ya sabes que no hay que comprar nada, que basta tomarse unas copas por ahí y ya está. Pero el problema viene cuando te invitan al cumpleaños de alguien que no conoces demasiado bien y no sabes como funcionan las cosas. Puedes quedar como un rata si eres el único de los invitados que no lleva regalito y los demás se hartan a regalar cosas a la homenajeada (no me había parado a pensar, pero casi siempre son pavas las de los cumpleaños con regalos) o puede que quedes como un gilipollas siendo el único que le ha comprado un osito de peluche mientras sus amigos de primer grado se descojonan. Gracias a Dios para estas cosas hay un truco: si conoces a alguien más de los invitados, le preguntas antes como es el rollo, y ya, en un acto de maestría sin igual, sugerir lo de comprar algo a medias o entre varios. Si sale bien sale bien, y si no la verguenza repartida es mucho más soportable.
Luego están los regalos que impone el Corte Inglés: el día de la madre, Navidad, los Reyes, etcétera. Aquí como a la persona a la que le tendrías que comprar el regalo suele ser de tu familia, pues es útil llegar a un acuerdo. Cómprame esto, cómprame aquello, no nos compramos nada -porque vamos a ver, los regalos se compran. Lo de regalar una poesía que has hecho tu mismo, una tarjetita con un dibujo o el último macetero de macramé que has aprendido a hacer queda muy bien si eres un niño de menos de doce años. A partir de ahí la gente espera cosas que cuesten dinero, y cuanto más mejor. Anda el tío este que me regala un ramo de flores silvestres. Si por lo menos fueran rosas compradas…
Y el gran día: San Valentín. Lo de este día es que es para flipar. Preguntes a la chica que preguntes, todas te van a decir que lo de San Valentín es un invento comercial y que no hay porqué regalarse algo sólo porque toque. Pero las mujeres quieren decir casi siempre lo contrario a lo que dicen, así que eso traducido al masculino es: “Dime que no me vas a comprar nada, pero luego vas y me compras esos pendientes que llevo dos semanas diciéndote que qué bonitos son, y a cambio yo pongo cara de sorpresa e ilusión”. Y por si acaso, ella también te compra algo a ti (que casi siempre te gusta, es increíble el ojo que tienen las chicas para esto, con lo inútiles que somos nosotros), de forma que si al final tú no le regalas nada ella te da tu regalo con cara de buena diciendo algo como “Ya se que habíamos dicho que no nos íbamos a regalar nada, pero es que lo vi y me gustaba tanto para ti…”. Total, que acabas el bendito día con un cargo de conciencia tremendo y te tiras tres meses ejerciendo de esclavo para poderte perdonar el no haber comprado nada a esa chica que tanto piensa en ti. Narices tiene.
Total, que la idea que voy a poner en práctica es la que comentaba el otro día un amigo: tener siempre un par de regalos estándar preparados, uno en casa y otro en el coche, por ejemplo. Para que cuando te des cuenta de que tenías que haber comprado algo y no lo has hecho puedas salir pitando a por el regalo de marras. Mas vale prevenir.
Jueves, 27 de Julio de 2006
Sobre vida y religión
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Los humanos somos la pera. Cuando nos cepillamos un pollo para comerlo asado al horno a la gente le importa un carajo el alma del pollo. ¿Qué será del pollo después de muerto?¿Se reencarnará en un gallo?¿Ahí acaba todo? Pero cuando quien la palma es un humano, sobre todo si al humano lo conocemos personalmente (anda que no mueren personas al día por ahí) nos vienen las dudas metafísicas. El pollo la puede palmar, y Abebe Munfasa, funcionario de correos en Gambia, también, y no pasa nada. Pero yo no. O sea, yo sí que me muero, pero no quiero, y como soy más chulo que nadie tengo que buscar una salida a esto. Algo me inventaré para tranquilizarme.
En estas estaba el humano cuando además vio llover, y el sol, y caer un rayo, y la noche. Como entonces no había Barrio Sésamo ni escuelas ni nada de eso, pues pensó: ¡Coño! No tengo ni puta idea de por qué pasan esas cosas. Así se inventó una palabra para definir “todo aquello que desconozco”: Dios. Y como Dios sirve igual para un roto que para un descosido, pues le dio también la solución al dilema anterior de la muerte: vida eterna en el paraíso, reencarnación, el limbo, las huríes, el valhalla. Y tan feliz.
Pero claro, luego nos dio por ponernos a estudiar y tal y a alguien se le ocurrió inventar el método científico, la lógica y las matemáticas. Empezamos a razonar y alguien cayó en la cuenta de que deducir conclusiones partiendo de Dios, o sea, de “todo aquello que desconozco” no tenía mucho sentido, y nos lo quitamos del medio. Científicamente, claro. Según fuimos aprendiendo Dios se nos fue haciendo cada vez más pequeñito, hasta ahora que le quedan ya muy pocos espacios, y lo que es más importante, no debería afectar en las decisiones que tome uno en esta vida. Sólo nos queda ahí como forma de enfrentarnos a la muerte, y eso es personal de cada uno. Que cuando yo la palme ya arreglaré cuentas con el de las barbas, si es que me está esperando.
Pero a lo que iba. Supongamos que no existe Dios. Si nadie nos ha puesto aquí, la vida no tiene sentido. De hecho hablar sobre el sentido de la vida es como hablar de las ideas políticas de un bocadillo de bonito. Las cosas tienen sentido vistas desde el exterior, pero si no hay nada antes ni después la vida no trasciende, simplemente es. Este giro es un poco complicado, pero espero que me sigan. Un tornillo tiene sentido, tiene funcionalidad dentro de la máquina a la que pertenece, pero por sí sólo tirado en el campo no sirve para nada. Simplemente está allí. Pues lo mismo nosotros. Sin esa maquinaria que es Dios no pintamos nada aquí, aparte de la función de perpetuar nuestro código genético, pero eso es otra historia.
Bueno, pues si no somos trascendentes, lo único que nos queda en la vida es… vivir. Y por supuesto, cada uno que viva como quiera o pueda. A intentar ser lo más felices posibles. Cuando uno se libera de la tiranía de Dios se le quita un peso de encima tremendo. Podemos dedicarnos a hacer lo que queramos buscando siempre maximizar la felicidad que vamos a gozar en la vida (ojo, esto incluye el respeto a los demás y la vida en sociedad, no estoy hablando de anarquía). Y además sin ningún cargo de conciencia. Hedonismo, se viene a llamar la cosa. Hay gente a la que este planteamiento no le gusta, porque tenemos muy arraigado aún el concepto católico de que esto es un valle de lágrimas al que venimos a sufrir para luego sentarnos a la derecha del Padre y esas cosas. Pero si no hay Padre… ya me entienden.
Así que ya saben. A disfrutar. Y por cierto, se habrán dado cuenta de que en este planteamiento hay un momento en el que hago una bifurcación. Justo cuando digo “Supongamos que no existe Dios”. ¿Alguien se anima a hacer un razonamiento análogo partiendo de “Supongamos que existe Dios”?
Mircoles, 26 de Julio de 2006
Ciudades: Zamora
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Los que me conocen saben que tengo bastante facilidad para adaptarme a nuevos paises, a nuevos sitios. Cuando estoy una ciudad, a poco tiempo que pase allí (a veces bastan dos o tres horas) la hago mía inmediatamente, con sus virtudes y sus defectos. Así que voy a aprovechar este blog para contarles lo que significan para mi unas cuantas ciudades europeas de las que me he sentido habitante, ya sea por unas horas o por unos años.
Y ya que estamos, creo oportuno empezar por la que me vio nacer. Zamora es como mezclar en el mismo territorio arte románico, siglo XIX, ovejas, ilusiones perdidas, PP, sentimiento de inferioridad, orgullo, río Duero, desesperanza, trigo regado con sudor, vino y Semana Santa. No se si ustedes me entienden.

Zamora es una clásica ciudad castellana -o leonesa, por no herir sensibilidades- vieja, con memoria. Con todas las virtudes y defectos de las ciudades castellanas. La gente de la tierra es tosca, dura, acostumbrada a trabajar durante siglos una tierra ingrata a la que había que arrancarle los frutos a golpe de azada bajo el sol abrasador del verano o las heladas inclementes del invierno. Y mil años haciendo eso marca. Los zamoranos son gente acostumbrada a ganarse el pan trabajando duro, y generalmente lo hacen abandonados al fatalismo que produce saber que las cosas siempre han sido así, y que así van a seguir siendo. A lo sumo nos creamos ilusiones de modernismo que todos sabemos que son eso, ilusiones.
Todo esto se ve paseando por sus calles. Si, la ciudad ha cambiado, hay edificios modernos, pero simplemente porque ahora se construye así, y no por un deseo de futuro. En Santa Clara, la calle peatonal que articula el urbanismo en la zona centro conviven iglesias románicas, edificios decimonónicos, oficinas de finales del S.XX, olor a alcanfor y a Franco y los destrozos que esa falsa modernización está trayendo (si, me refiero a la nueva pavimentación y a la remodelación de las plazas adyacentes). Pero hay rincones encantadores en el casco viejo, con un encanto especial que se incrementa en invierno cuando uno pasea por allí envuelto en la niebla que nos trae el Duero, cuando el único contacto con la realidad es el ruido de tus pisadas contra el suelo adoquinado. Es en esos paseos cuando uno entiende realmente lo que es la ciudad.
Ya personalmente, Zamora me recuerda a los veranos de mi infancia. Los paseos veraniegos por Santa Clara, la Plaza Mayor o Viriato acompañado por mis abuelos. Bajar con mis primas a comprar chucherías a la tienda de Felipe. Salir de tapas con mis padres y mis tíos por la calle de Los Herreros, cuando aún era zona de tapas. Y luego volver a la ciudad ya adolescente y descubrir nuevos amigos que lo siguen siendo, un estilo de vida totalmente distinto al ibicenco del que provenía, aprender a disfrutar de las tardes en la avenida, los primeros amores que ya no lo son, las primeras cogorzas, el querer hacerse mayor. Tiempos felices.
Luego el destino me arrancó por segunda vez de la levítica ciudad, que diría Juan Manuel de Prada, y me llevó a la vecina Salamanca, pero volví. Siempre se vuelve. Durante aquel año después de acabar los estudios descubrí la otra cara de la ciudad. Me asaltó la soledad, los inviernos fríos y desérticos, el aburrimiento, la desesperanza de una sociedad inmóvil, caciquil y conservadora hasta el hastío. La falta de trabajo. La falta de horizontes. La falta de futuro. Y me fui. Y me fui para bien.
Sigo volviendo a menudo. Lo bueno de estar poco tiempo en Zamora es que sólo te da tiempo a disfrutar de lo bueno y soslayar lo malo en la certeza de que el domingo volverás a tu nueva ciudad, sea la que sea, pero aun así duele y alegra a la vez saber que tu pasado, y tal vez tu destino final, permanece allí, imperturbado e imperturbable, ignorante del tiempo que fluye como las aguas del Duero.
Todos los zamoranos que conozco que se han visto obligados a emigrar comentan lo mismo. Que están cansados de Zamora, pero la echan de menos. Que añoran los tiempos felices allí. Y quizás también por eso Zamora no cambia: porque los zamoranos tampoco cambiamos.
Lunes, 24 de Julio de 2006
Una copita en juego
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Ah, yo que he estudiado Filosofía, Jurisprudencia y Medicina, e incluso Teología, con ardiente afán; y ahora me encuentro aquí, pobre idiota, igual de sabio que antes. Me llaman maestro, me llaman doctor y desde hace cerca de diez años llevo a mis alumnos tirándoles de la nariz de acá para allá, adelante y atrás, y ahora me doy cuenta de que no hay nada que podamos aprender. Esta certeza me quema el corazón. Bien es cierto que soy más sabio que esos imbéciles, maestros, escritores y curas del tres al cuarto; no me atormentan escrúpulos ni dudas, no temo al infierno ni al diablo. Pero a cambio de todo eso, he perdido toda posibilidad de gozo. No me jacto de poseer conocimiento útil alguno, y tampoco imagino poder enseñar algo capaz de mejorar o convertir a los hombres. Tampoco tengo propiedades ni dinero, ni siquiera honores o grandezas mundanas, de forma que ni un perro quisiera llevar esta vida. Por todo esto, he decidido dedicarme a la Magia[…]
Puesto que no me atormentan escrúpulos ni dudas, y no temo ni al infierno ni al diablo, me he permitido traducir -bueno, ejem, más bien adaptar libremente- un fragmento de una de las obras clave de la literatura universal. La pregunta es… ¿A qué obra pertenece ese monólogo? Me comprometo, voto a tal, a tomarme una copa con el que acierte, pagando yo, obviamente.
P.S. Espero que los lectores me perdonen las aberraciones que he cometido en la traducción. Traduttore, traditore, que dicen mis primos.
Con la Iglesia hemos topado
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Cuando Don Miguel puso estas palabras en boca de Don Quijote, no se refería a la Iglesia como institución, sino al edificio físico, a la iglesia de El Toboso. No obstante hoy me quiero referir a la otra, a la de las primeras definiciones que aparecen en el DRAE. La que ustedes se imaginan, vamos.
Este fin de semana asistí a la boda de mi primo. Matrimonio por la iglesia. Quienes me conocen saben que en estos saraos aprovecho la parte ceremonial para dedicarme a otros ritos que sustituyen el templo por el bar, el vino eucarístico por cerveza fresquita y la hostia por unas gambas con gabardina, un poquito de jamón y algo de queso bien curado. No es el cuerpo y la sangre de Cristo pero es el cuerpo y la sangre de la tierra, y aunque el espíritu se queda exactamente igual, te arregla el cuerpo que es una barbaridad. Y no sólo de espíritu vive el hombre.
La cosa es que esta vez no pude escaparme (aunque yo y algún tío mío poco pío hicimos intentos desesperados) y tuve que quedarme a la misa. Yo hasta ahora había dicho que de casarme, y si la doña correspondiente no pone pegas, estaría bien eso de hacerlo por la iglesia, pues aunque no soy yo precisamente beato de agua bendita, confesión y misa dominical si que me considero católico social, pues mi historia y la de mi gente está, por suerte o por desgracia, marcada por la religión de Ratzinger, san Pedro, la Inquisición y santa Teresa de Calcuta. Que no todo me gusta, pero es la mia, pardiez. Y toca cargar con ello.
Pero este fin de semana he visto la luz. O la he dejado de ver, depende del lado teológico desde donde se mire. Ni tradición ni leches. A los diez minutos me invadió la sensación de estar en una inmensa tomadura de pelo, un monumento la mentira, hipocresía en estado puro. Y lo que es peor, hipocresía forzada. Que a uno le gusta ser hipócrita cuando le viene en gana, pero no cuando te marcan el paso desde fuera. Total, que lo estuve pasando fatal (excepto con un Padrenuestro cantado que no tenía precio, lo mas kitsch del mundo, ‘Amo a Laura‘ a su lado parecía Barón Rojo). Bueno, pues allí estaba yo sufriendo ya no tanto por mi mismo, porque viendo la misa desde un punto de vista antropológico la cosa era curiosa y tenía su gracia. Lo estaba pasando peor pensando en los católicos de verdad, los que iban allí creyéndo eso de sentarse a la derecha del Padre, la salvación eterna, los sacramentos y demás. Porque al fin y al cabo ellos tienen fe (hablo de los que la tienen, no de los que van a hacer el calamar, como yo) y me parece una falta de respeto tremenda usar sus ritos para montar espectáculos folclóricos que encima tienen menos onda que pelo de chino. Y que mientras había gente en la ceremonia que estaba viviendo y creyendo lo que estaba pasando otros estabamos haciendo chistes y riéndonos de casi todo para pasar el rato. Así que señores católicos, por su bien, bórrenme de la lista. A veces pienso que me hubiera gustado tener fe para vivir más feliz espiritualmente pensando en el paraíso y tal. Pero cuando Dios pasó repartiéndola yo no estaba en casa. Si se hubiera pasado por el bar de la esquina igual estaba yo ahora en el seminario. Pero no. Así que nada. Ya lo siento. Se merecen ustedes todo mi respeto y mi admiración, así que precisamente por eso olvídense de mi. Mi alma está ya muy malita, así que ya no la van a salvar. Sean felices. Y si les queda tiempo, recen por mi. Que nunca se sabe.
Por cierto, ya queda menos para Semana Santa. Y cuando llegue, allí estaré yo con mis túnicas dispuesto a salir en procesión el Martes Santo, El Miércoles Santo y la madrugada del Viernes Santo. Ya les avisé de que me encanta contradecirme.
Viernes, 21 de Julio de 2006
Carlo M. Cipolla
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Carlo M. Cipolla (con perdón) fue un historiador italiano nacido en Pavía (algún día hablaremos aquí de una batalla desarrollada allí) que desarrolló muchos trabajos sobre la historia del dinero, de la población, tecnología, alfabetización y otros muchos campos. Uno de sus estudios más famosos se recoge en el libro Allegro ma non troppo donde hace un brillante análisis sobre la estupidez humana. No puedo evitar recoger aquí su clasificación de las personas según su comportamiento:
- Los Incautos: Podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción (es decisivo que sea él quién la inicie), cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto.
- Los Inteligentes: Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente.
Una persona inteligente puede alguna vez comportarse como una incauta, como puede también alguna vez adoptar una actitud malvada. Pero, puesto que la persona en cuestión es fundamentalmente inteligente, la mayor parte de sus acciones tendrán la característica de la inteligencia.En determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras circunstancias esta misma persona puede comportarse como una incauta. La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación.
- Los Malvados: Todos nosotros recordamos ocasiones en que, desgraciadamente, estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia causándonos perjuicio a nosotros: nos encontramos frente a un malvado.Existen diversos tipos de malvados; el malvado perfecto es aquél que con sus acciones causa a otro pérdidas equivalentes a sus ganancias. Otro tipo de malvados son aquellos que obtienen para sí ganancias mayores que las pérdidas que ocasionan en los demás, esos son deshonestos y con un grado elevado de inteligencia, pero la mayoría de los malvados son individuos cuyas acciones les proporcionan beneficios inferiores a las pérdidas ocasionadas a los demás. Este individuo se situará muy cerca del límite de la estupidez pura.
- Los Estúpidos: Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones.Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad no existe explicación -o mejor dicho- solo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.La mayoría de las personas estúpidas son fundamentalmente y firmemente estúpidas, en otras palabras, insisten con perseverancia en causar daños o pérdidas a otras personas sin obtener ninguna ganancia para sí, sea esto positivo o negativo. Pero aún hay más. Existen personas que con sus inverosímiles acciones, no solo causan daños a otras personas, sino también a sí mismos. Estas personas pertenecen al género de los superestúpidos.
Así pues, considerando esta clasificación les propongo un juego: ¿En qué categoría situarían ustedes a:
- Zapatero
- Pasqual Maragall
- Benedicto XVI
- Bush
- Acebes
- Gaspar Llamazares
- King África
- Luis Aragonés
- Ponce (esta, sólo para los que sepan quién es)
A jugar!
Jueves, 20 de Julio de 2006
Unos versillos
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‘No queda si no batirse’ es una frase que Arturo Pérez-Reverte pone en boca de don Francisco de Quevedo, una de las mejores y más afiladas plumas que ha parido este nuestro idioma. Considero oportuno pues publicar aquí cada tanto algunos versos suyos para solaz y deleite del lector y de este humilde escribano. Servidor tiene particular debilidad por las obras satíricas de don Francisco, así que inauguremos esta sección con un lindo sonetillo extraído de entre ellas:

Desengaño de las mujeres
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Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.
Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.
Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado,
si de otras tales putas me pagare;
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.
¿Quiénes son los malos?
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Bueno, después de la presentación de ayer, vamos a meternos en harina. Y en un tema un tanto delicado, con un par.Muchas vueltas le he estado dando al asunto de la tregua de ETA, las negociaciones con el gobierno, las pataletas del PP y demás. Y es que en un país normal las cosas estarían muy claritas: los terroristas son los malos, las víctimas son las víctimas, la policía es la policía y persigue a los malos, los jueces aplican la ley vigente y el gobierno y la oposición trabajan juntos para acabar con la cosa. Y si hay que sentarse a hablar, se sienta uno, dependiendo de las circunstancias. Miren el caso de Irlanda del Norte, donde las cosas estaban mucho más tensas y se están tragando por todos los lados unos sapos tamaño XXL para intentar convivir relativamente en paz.
Pero España no. En España (con perdón) somos la pera, y una situación como la anteriormente descrita sería demasiado sencilla, demasiado claritas las cosas. En España tenemos una banda terrorista que parece que está de buenas y está intentando rendirse dignamente (si es que eso es posible para unos terroristas) o por lo menos que le caiga lo menos posible. En España tenemos unas víctimas que con tal de ver a uno de ETA dos años en la cárcel no les importa que mueran más personas, cuando sufres la muerte de un familiar no le vas a dar besitos en la boca al hijo de puta que le ha pegado un tiro en la nuca a tu hermano, pero también debes intentar que eso no se repita. Estos son los que tienen el papel más complicado de esta historia. En España, más concretamente en Euskadi, la policía se llama Ertzaintza, habla vasco, depende del gobierno autónomo (que es nacionalista) y actúa cuando toca según como sople el viento político. En España la oposición mayoritaria del PP aprovecha cualquier ocasión para dar cera al gobierno del PSOE de forma que parece (¿sólo parece?) que más que acabar con el problema lo que pretenden es ganar las próximas elecciones. Y es España tenemos un gobierno que parece que tiene ganas de acabar con el asunto este del terrorismo, pero que usa el 85% (o más) de sus energías en atacar al PP de forma que parece (¿sólo parece?) que más que acabar con el problema lo que pretenden es ganar las próximas elecciones (no es casualidad que esta frase se parezca tanto a la anterior, ejem)
Y claro, luego un pobrecito ciudadano como el que les escribe se hace la picha un lío. Los dos partidos principales se dan de leches en el medio de la plaza del pueblo, las víctimas jalean a uno de los dos contendientes e insultan al otro y los etarras están viendo todo desde lejos flipándolo. Joder Patxi, qué leches se están dando. Ya te digo, Kepa. Pásame el kalimotxo. A ver si nos hacen caso, que así ya podemos gritar lo de Gora Euskadi y tal que no nos escucha nadie.
Total. Que luego van los del PP y sacan un vídeo contra el gobierno poco menos que acusándole de todos los crímenes de ETA (hay que joderse!!), en el que incluyen esta bella imagen (que creo que apareció en Gara):

Poco menos que fusionando a ETA y al PSOE en una misma entidad. No creo que haga falta decir nada al respecto, ustedes se hacen cargo de los métodos de esta gente. Por favor, que a esos señores les estamos pagando para que hagan su trabajo y no para que den pataletas de mal gusto y tan peligrosas como esta. Que María San Gil tenga los huevos de enseñarle el video de marras a los familiares de las decenas de miembros del PSOE asesinados por ETA.
Bueno, pues así están las cosas. A uno, como pobre ciudadano que se dedica a intentar pasar su vida lo mejor posible, todas estas cosas se le escapan. Yo lo que pretendo es que mis empleados (los políticos) trabajen lo mejor posible y acaben con el problema. Realmente no se si es mejor negociar, o actuar sólo policial y jurídicamente. Tengo una opinión al respecto, pero como ignorante del tema que soy no es muy de fiar, y es que creo que hablar con los malos no hace daño a nadie. Luego está el problema de lo que se pueda conceder o no, pero eso ya es otra historia. Y no debo ser el único que piensa así, ya que cuando el PP estaba gobernando España:

En fin.
Mircoles, 19 de Julio de 2006
Éramos pocos…
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Siempre pensé que los blogs eran poco menos que un acto de onanismo intelectual ejercido por personas que ni siquiera se dan cuenta de que sus asuntos a los demás nos importan un carajo. Pero uno se caracteriza por ser una persona totalmente incoherente, así que me he animado a hacer uno yo mismo. O quizás también yo soy un onanista intelectual y no me doy cuenta de que mis asuntos no interesan a nadie. Pero me la suda.
El título del blog, ‘No queda sino batirse’, lo he tomado prestado de Arturo Pérez-Reverte. En una de sus columnas comentaba que en ocasiones usaba las mismas como pequeñas venganzas contra esas pequeñas (o grandes) cosas que a uno le desagradan, le molestan, le incordian. Y como un servidor también tiene su puntito de amargado gruñón he adoptado la idea. Así que espérense encontrar aquí a un tipo que echa pestes contra un montón de gentes por vicio, usando estos escritos como navajazos traperos que si bien a los destinatarios a los que van dirigidos les sean indiferentes, por lo menos me sirvan para quedarme contento y relajado.
Pero no sólo de esto se trata la cosa. Servidor tiene intereses dispares y no siempre está de mala leche, así que cuando lo considere oportuno también comentaré algo sobre informática, ciencia, literatura, viajes, política, gracejos, ciudades, historia o lo que me salga de las narices. Que para eso el blog es mío. No pretendo que esto le interese a todo el mundo, pero si alguien tiene algo que decir agradeceré los comentarios. Sobre todo los de la gente que no esté de acuerdo conmigo, porque esos son los que realmente hacen pensar y mejorar el razonamiento. Aunque de todas formas quiero dejar algo claro: no siempre lo que escriba aquí coincidirá con lo que yo piense, que eso al fin y al cabo es privado y no pretendo hacer proselitismo. A veces defenderé posturas con las que no pueda estar más en desacuerdo. Es la discusión lo que enriquece, y además es muy divertido separar razón y opinión, además de muy sano.
Y por último un par de cuestiones: éste no es el aspecto definitivo del blog. He tomado prestado (y traducido al español) este tema para WordPress de Matt Berg (Gracias, Matt) pero antes o después me haré uno propio. Y abajo aparece un copyright sobre las entradas del blog. Bueno, como si no estuviera. Este blog se publicará bajo licencia Creative Commons, si bien aún no he decidido la modalidad. En breve actualizaré estas cosas.
Que ustedes se diviertan.





